POZOS DE PASIÓN. ACTO 1. MUTILACIÓN, MATRIMONIO Y OTRAS GUERRAS. Prólogo. La llamada
Una llamada de París. ¿Quién será?
—Alô !
—Doctora Sanz, comment allez-vous ?
—Bien, bien, professeur. De retour à la maison. ¿Y usted?
¡Uf! El pesado de Tailler. ¿Todavía quiere que siga rellenando papeleo del Instituto Pasteur? Si mi contrato acabó hace muchas semanas.
—Oh, là là! La belle Espagne. Usted era de Madrid, ¿verdad? Extraordinaria ciudad para disfrutar de la vida. Nosotros en París como siempre, bajo un cielo gris y trabajando de la mañana a la noche.
Como si en Madrid no trabajáramos... Estoy hasta la coronilla de los guiris que vienen a España de vacaciones, y creen que nos pasamos la vida entre la fiesta y la siesta.
—Dígame, profesor. ¿Tengo que rellenar algún formulario más?
—No, no la llamo por eso. Usted solicitó el proyecto de la Fundación Qabek para el Desarrollo, ¿verdad?
—Sí, pero fue la doctora Todorova quien sacó la plaza. Creo que lleva ya un mes sobre el terreno.
—La doctora Todorova ha abandonado. ¿Quiere usted aún el puesto?
—¿Natascha lo ha dejado? Me sorprende mucho, profesor. Estaba entusiasmada con el proyecto. —Tiene que haber pasado algo gordo—. Pero sí, claro, aún estoy interesada.
—Pues la espero mañana en París. ¿Podría venir tan rápido? La Fundación tiene urgencia, la misión ya se ha desplegado, el tiempo corre y los plazos se consumen. Quieren que esté usted allí el próximo lunes.
—¿Tan deprisa? No sé, profesor, tengo que mirar los vuelos.
Es una locura, me va a salir carísimo comprar un billete de un día para otro.
—Con que llegue a París pasado mañana, dará tiempo a hacer el papeleo. El billete desde París se lo gestiona la propia fundación. Ya sabe que a los árabes no les preocupa el dinero. —Acompaña su afirmación con unas estridentes carcajadas que no vienen mucho a cuento.
—Bien, le mandaré un mensaje con los detalles de mi llegada a París. ¿Sabe si podría ayudarme con el alojamiento? Costearme un hotel en París me va a resultar un poco caro.
—Pues... —reflexiona un momento— déjeme consultarlo. Seguro que alguno de los compañeros del Instituto podría alojarla estos días. ¿Su antigua compañera, la doctora Etxebarri, no podría hacerlo?
—Creo que ya había alquilado mi habitación, pero le preguntaré de todas maneras. Gracias, profesor. Me pongo a mirar vuelos y a hacer la maleta. Hasta pronto.
—Á bientôt, doctora Sanz.
La conversación me deja pensativa. Qué raro que Natascha haya dejado pasar esta oportunidad. El proyecto cabalga entre la investigación biomédica y la cooperación. Son tres años de contrato bastante bien pagados: tres meses de trabajo de campo en un país árabe los dos primeros, y el resto en París en el Instituto Pasteur. El tema es muy interesante no solo desde el punto de vista científico, sino humano.
Muy en especial, para las mujeres. Ser mujer en este mundo tiene un triste impacto en nuestras expectativas de salud. Los informes de la Organización Mundial de la Salud que me empollé para la entrevista de selección son espeluznantes. Aunque las mujeres tenemos mayor esperanza de vida que los hombres en la mayoría de los países, la salud de la mujer y la niña es mala por la desigualdad. Las discriminaciones en el acceso a la información, la atención y servicios sanitarios más básicos aumentan aún más los riesgos para la salud de las mujeres.
En el siglo XXI, las muertes de mujeres durante el embarazo y el parto siguen siendo vergonzosamente elevadas en los países en desarrollo. ¿Qué tipo de desarrollo es ese? Es desesperante pensar que la mayor parte de los problemas de salud de la mujer no tiene tanto que ver con enfermedades, ¡sino con la violencia física y s****l, y las infecciones de transmisión s****l! Las famosas ITS y el dichoso sida. La pandemia del siglo XX.
Quizás no parezca relacionado, pero la discriminación s****l genera muchos peligros para la salud de las mujeres. Incluso el paludismo o la enfermedad pulmonar obstructiva crónica —la conocida EPOC— tienen que ver con la discriminación. Respirar todo el tiempo los humos de los combustibles utilizados para cocinar envenena los pulmones de las amas de casa —sería mejor decir amas de infravivienda—.
Y en cuanto a la violencia, los datos son demoledores, en algunos lugares hasta un 71 % de las mujeres ha sufrido violencia física o s****l infligida por su pareja en algún momento de sus vidas. ¡Un 71 %! ¿Cómo puede nadie pensar que este es un tema de segundo orden en la política mundial? Estos abusos se dan en todas las clases sociales y en todos los niveles económicos. Y sus consecuencias son graves para la salud de la mujer: embarazos no deseados, ITS, incluso depresión u otras enfermedades crónicas. Vamos, que si has nacido mujer en este mundo lo tienes muy n***o.
Después de leer una y otra vez estos escalofriantes datos, te sientes con la obligación de ayudar a esas pobres mujeres, y este proyecto me permitiría hacerlo utilizando mis conocimientos en biomedicina y mi carrera científica. No sé por qué Natascha habrá abandonado, pero yo no lo voy a dejar escapar.
¡Jo! Mi madre va a poner el grito en el cielo. Mejor si se lo digo cuanto antes. Y me tengo que poner a buscar vuelo, ¡me va a salir por un ojo de la cara! Es verdad que el trabajo de campo se va a desarrollar en una zona un poco conflictiva, un pequeño y desconocido emirato de Oriente Medio llamado Oryen, pero las operaciones de la Organización de Naciones Unidas han tranquilizado mucho el tema.
—¡Mamá! ¡No te lo vas a creer! —Pongo mi mejor tono alegre. Tengo que traer la conversación al plano positivo.