Llegaría entonces una vez más, la parte más difícil de una muerte; reconocer un cuerpo sin vida. Estando allí tuve que irme con Tom y Tommy a aquella clínica que odiaba de solo verle. Una vez allí no tuvimos más que hablar con la recepcionista; una recepcionista que a altas horas de la madrugada estaba más dormida que despierta. —Buenos días, señorita.—Dije sin más. Ella tomó un sorbo de café y me vió de arriba a abajo. Pero la entendía, yo tuviese ese mismo humor si alguien llegase a las 3:30am a mi trabajo. —Vengo a reconocer un cuerpo. Soy Ashley Vitale.—Dije sin más. Al oír mi nombre puso sus ojos en blanco e inmediatamente dejó el café que tomaba. Ahora sí me atendía. —Dígame señorita Vitale, todo un placer y un honor. Moría por conocerla.—Balbuceó. Solo sonreí de lado para n

