El hijo del diablo: Capítulo 5

1687 Palabras
Cuando termine de besarla, Amalia me miró y estaba sonrojada, me causó risa lo me dijo a continuación. - ¿Ella es tu hermana?, ay, no, que vergüenza, porque no lo explicaste antes, de haberlo sabido habría esperado a que te me declararas primero, además me porte grosera la primera vez que la vi, que pensara de mi ahora - - No te preocupes por ella, de hecho ella dijo que estabas celosa - -Ja, bribon sin vergüenza, y como te atreves a besarme, aun no me pides que sea tu novia y ya me estas besando, vete de aquí ahora mismo antes de que te mande a sacar, vete, vete- Sonreí, le di las buenas noches y me fui a mi hacienda, al llegar fui a la habitación de Samm para contarle pero nada más entrar, me dijo: - pobre mujer, ya te habías tardado, mira tu cara - y se comenzó a reir. - Tenias razón, también me quiere- le dije, -Gracias hermanita- - ¿Y ya es mi cuñada?- - Aún no, pero mañana, mañana lo será. Voy a invitarla a cenar y le pediré oficialmente que sea mi novia- -¿Necesitas ayuda con la cena?- - No, quiero organizar todo yo mismo, pero gracias - - Bien entonces. Yo regresare temprano por la mañana a casa, aun tengo que terminar algunas cosas, tu encárgate de mi cuñada mañana y yo te respaldare con papá- - Samm eres la mejor - Sonreí. Ella correspondio la sonrrisa y me dijo, - Lo se -. Al día siguiente cuando desperté, Samm ya se había ido. Fui a la hacienda de Amalia y me invito a desayunar. Pasamos la mañana juntos y después le pedí que cenara conmigo esa noche en mi casa. Ella acepto, así que me despedí y fui a organizar todo. Las horas pasaron y cuando todo estaba listo me fui a dar un baño y a ponerme un treje para la ocasión. Finalmente fui por ella para llevarla a cenar, al verla me quedé perplejo, Amalia llevaba un vestido azul y zapatillas blancas, se veía hermosa. Después de un momento regrese a mis cinco sentidos, le dije lo hermosa que era y la llevé a la hacienda con una venda en los ojos. Al llegar, estaba un poco nervioso, no sabía si le gustaría, pero tome valor y le quite la venda. Todo quedo en silencio, estabamos en el jardín, ella pisaba un camino de flores y frente a ella había una mesa para dos, en el centro estaban dos copas de vino y a su alrededor habia muchos tulipanes rojos que llenaban todo el jardín, junto a cada uno de ellos estaba una vela, que hacían una vista hermosa. -Esto es para ti- le dije, entregandole un ramo de flores. -Esto es hermoso, los tulipanes son mis flores preferidas- respondió. Sonreí y la lleve a la mesa. Pronto la cena fue servida y comimos su comida favorita. Después de la cena, le pedí que mirara al cielo y pronto pudimos ver muchos fuegos artificiales. Ella estaba mirándolos y cuando su mirada se fijo en mi, le dije - se que aún tengo mucho por aprender, pero por favor dame la oportunidad de acerte feliz, ¿aceptarías ser mi novia?- pregunté nervioso. Amalia se arrojo a mis brazos -claro que quiero- dijo y ella me beso. El beso duro algunos segundos, y después de eso saqué de mi bolsa una pequeña caja. Era un collar que traía un pequeño tulipán. Lo tome y lo puse en su cuello. - Mael, gracias, gracias por aparecer en mi vida- me dijo, y yo la la abracé, así estuvimos un tiempo, hasta que se hizo muy tarde y Amalia tenía que descansar. Esa noche fue la más maravillosa. Ahora tenía a una mujer que me amaba y yo jamás la dejaría ir. A partir de ese día nunca deje de profesarle mi amor de todas las formas que podía imaginar. Amalia pronto pudo ver a Samm nuevamente por la hacieda y se disculpo por como se había portado cuando la había conocido. Samm no le había dado importancia a ese hecho, así que dijo que no tenía que disculpar. Desde ese día se volvieron muy amigas, y yo fui muy feliz con eso, las mujeres que yo amaba disfrutaban la compañía de la otra. Solo faltaba una, mi madre. Mis padres ya sabían de la existencia de Amalia y el hecho de que fuera una humana. En un principio se habían negado a aceptarlo, decían que me haría sufrir, pues los humanos viven poco tiempo, y no querían que yo sufriera. Pero no estaba dispuesto a dejarla, jamás lo haría y lo deje muy claro, así poco a poco se dieron cuenta que lo que sentía no era un capricho, yo estaba enamorado, así que finalmente obtuve su aprobación. Pero lo que me preocupaba desde un principio no eran mis padres. Era Amalia. Ella aun no sabía quien era yo realmente, me volvía loco pensar en que ella pudiera alejarse al darse cuenta de mi verdadero yo. Una parte egoísta de mí me decía que no tenía porque saberlo. Pero muy en el fondo siempre supe que la verdad algún día llegaría. Sabía muy bien que tenia que decírselo, y cuanto antes mejor, de lo contrario quizá me odiaría por engañarla. Así que un buen día, estando en el infierno, me decidí. Tome todo el valor que pude y fui a verla. Ya era tarde cuando llegue. Me dirigí a su hacienda y ella misma me recibió. - Pensé que estarias con tus padres hoy, ¿ya cenaste?- me preguntaba mientras me abrazaba. -Aún no, pero Amalia yo...- -No puedes estar sin comer, te enfermeras, ven conmigo, vamos a cenar, la comida ya esta lista- No quería comer, tenía que decirle la verdad ahora o nunca podría hacerlo. Pero ella sirvió mi plato y no tuve más que acompañarla a comer. Durante la cena, estaba pensando en cómo decirle, pero tenia miedo, mucho miedo de poder perderla. Después de comer, Amalia quizo dar un paseo, estaba feliz contándome de lo bien que iba prosperando la hacienda y los planes que tenia. De pronto me detuve y tome aire - Que sucede- preguntó, -¿te aburrí con mis cosas?- -Amalia yo, yo necesito decirte algo. Por favor escúchame, necesito decírtelo ahora, de lo contrario jamás podre- - Luces muy serio, ¿que sucede?- - Desde que comenzamos esta relación me haz estado preguntando sobre mis padres, de mi familia, y en donde viven, haz querido saber el porqué nunca vienen a la hacienda o a que se dedican. Antes de contestar a tus preguntas quiero que sepas que te amo, nunca me habían interesado las relaciones hasta que te conocí. Estoy perdidamente enamorado de ti y nunca habrá otra mujer en mi corazón. Te amo tanto Amalia, que te imagino como la madre de mis hijos y mi esposa algún día- - Mael, cariño, eres tan dulce- - Amalia pero para que eso pueda pasar necesitas saber quien soy en realidad. Amalia yo, yo no soy un humano, Amalia yo soy un... -¿Un diablo?- respondió ella. -¿Qué? Amalia tú... - Mael, desde que te conocí sentí que algo extraño había en ti. Aun así me enamore, pero con el paso de los días más preguntas se formaban en mi cabeza. Siempre te ibas del pueblo, y había veces en las que no volvías, me preguntaba a donde ibas cada vez, y no me atrevía a preguntar el porque, pero un día llegaste herido, intentaste ocultarlo pero yo te había abrazado y pude ver la herida, más tarde Samm me acompaño al pueblo y ella tenia rasguños en la muñeca, no dije nada, pero al día siguiente ambos estaban bien, no había rastro ni de tu herida ni de los rasguños. Algo me ocultaban, así que le pregunté a Samm sobre los rasguños del día anterior. Ella evadió mi pregunta pero yo insistí y le conté también de tu herida y de tu actuar misterioso a veces. No respondió, y dijo que tenia que irse, así que le impedi el paso, tome un cuchillo e iba a cortarme con el para decirle a Samm si mi herida se sanaria al día siguiente como la de ella, pero cuando iba a hacerlo detuvo el cuchillo con su mano y a cambio obtuvo un corte, no podía creer lo que vi. De ese corte salió sangre azul, pero inmediatamente la herida sano. Estaba incrédula, para empezar como es que su sangre era azul, y porque su herida había desapareció, las palabras de Samm fueron, - ¿crees en los diablos?- En ese momento llegaste tú a despedirte porque te ibas a otro viaje, y me abrazaste, preguntaste que pasaba y solo respondí que nada. Esa noche no pude dormir, lo de Samm no salía de mi cabeza y no podía creer lo que había dicho, no sabía como reaccionar, si todo era cierto, yo me había enamorado del diablo y mi mejor amiga era una diabla. Había tantas preguntas que necesitaban respuestas. Así que al día siguiente fui a tu hacienda y busque a Samm, ella me estaba esperando -lo que crees es la verdad- me dijo, y me aseguro que jamás me harían daño y que tu me amabas realmente, me preguntó si yo te amaba a ti. Y aunque no podía terminar de creerlo, ahí lo supe, no me importaba si eras un hombre, un diablo u otra cosa, Mael yo te amaba. Le pedí a Samm que no te dijera nada, que creía que tú me lo dirías cuando estuvieras listo y hoy ese día llegó. Cariño no me importa qué, siempre y cuando tú seas quien me ame.- Una lágrima rodó por mi mejilla. La mujer frente a mi me demostraba una vez más cuan fuerte era su amor por mí. Me acerque a ella y la bese, y mientras la besaba mi transformación del hombre que había conocido fue desapareciendo, y finalmente ante ella dejé verme tal cual era...
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