Capítulo 2

2072 Palabras
Jodida vida, jamás en toda mi existencia había visto a alguien tan guapo como lo es él. Ojos azules, cabello castaño, piel blanca que parece porcelana, labios rosados carnosos, un cuerpo bien trabajado se le marcan todo sus bíceps a través de la camisa de color negra y ni hablar de sus brazos; en general todo él está muy... ¿Comestible? ¿Pero qué estás pensando? ¡Es tu profesor! Me quedo perdida en su mirada. Logro percibir cierto asombro en sus ojos y no deja de mirarme. Siendo sincera, nunca había visto tanta belleza junta... Este profesor es hermoso, sus facciones. Todo... Se ve tan joven, me imagino que debe tener unos veintiséis años; me he quedado embelesada mirándolo y no me ha importado en lo más mínimo si los estudiantes tienen la vista fija en mí por ser nueva. O, si April se encuentra a mi lado, no soy capaz de apartar mi mirada de la suya. —Llegan tarde señoritas. —Dice mirándome fijamente. ¡Oh, Dios! di algo, no te quedes callada como la idiota que eres, ¡Hanna di algo! —So... soy nueva profesor. —Le entrego el papel que me había dado el director y él lo lee detenidamente. —Y usted señorita April, ¿por qué llega tarde? —Cuestiona frunciendo el ceño, creo que me va a dar algo. Hasta con gestos en la cara se ve muy guapo, hermoso. Así que decido intervenir en la pregunta que le hizo a la rubia. En vista de que ha sido mi culpa de que llegáramos tarde. —Me perdí y ella me llevó hasta la oficina del director, puesto que no conozco la escuela. —Susurro con timidez. —Bueno, que no se repita. Chicos, ella es Hanna y es su nueva compañera, Bienvenida. —Gracias. —Toma asiento y ponte al día con alguno de tus compañeros. —Veo que se dirige a su escritorio y se sienta. Me siento al lado de April ya que no tiene compañero. Yo, lo único que hago era mirar al profesor mientras él explica la clase, ni siquiera le presto atención a lo que dice; quizá me estoy comportando como una idiota pero él es... Muy hermoso. En ese momento nuestras miradas coinciden, y no sé por qué, pero me sonrojo al ver esos ojos azules tan penetrantes, los cuales me hacen sentir nerviosa. Es como si quisiera descifrar lo que pienso, la manera en la que me mira da mucho que pensar. Nunca había visto un profesor tan joven y sexy... Un codazo me saca de mis pensamientos, miro al causante de ello y veo a April. Me sonrojo ante la absurda idea de que se haya percatado de mi pequeña observación al profesor. —Hanna, cierra la boca, están que se te salen las babas, te has quedado mirándolo desde que entramos y no me has prestado atención en toda la clase, si..., todo el año vas a estar así, créeme que lo perderás—. Habla bajito para que no la escuchen. Pongo mis ojos en blanco, estoy disfrutando de la vista y ella sale con ese comentario. —Pero míralo, April, ¿acaso no te parece que está extremadamente sexy? April pone sus ojos en blanco, miro al frente y observo como el profesor sonríe de lado como si hubiera escuchado lo que estábamos hablando. —Bueno, ¿y entonces? ¿El trabajo? —Inquiere tomando apuntes. —¿Qué trabajo? —El trabajo que dejó el profesor. ¿Qué si lo hacemos en tu casa o en la mía? —En tu casa está bien, April. — Decido concentrarme en la clase. No logro comprender por qué me inquietan tanto sus ojos, o, por qué me siento tan nerviosa. Tras dos horas de clase, suena el timbre y todos los estudiantes salen del salón rápidamente hasta April; me quedo recogiendo mis cosas. Al darme cuenta, me encuentro sola con el profesor que me mira de una manera extraña. Todo mi día transcurre con normalidad; no puedo negar que aún tengo un poco de nervios, pero no como esta mañana. Los chicos han sido amables así que no me quejo, a fin de cuentas, me ha ido bien, bueno, si no fuera por la chica voluptuosa hubiera sido mejor... Para ser realistas, esperaba lo peor. Al salir de la escuela tomo el autobús, llego a casa y mis padres no se encuentran. ¡Perfecto! No hay comida, cojo mi teléfono y ordeno una pizza, después de un rato el timbre suena, es el repartidor. Su actitud es muy extraña, él se queda ahí parado mirándome de arriba abajo con media sonrisa. Por qué no me ha hecho la entrega. ¿Y a éste ahora que le pasa? —Mi pizza. —Digo con decencia, tratando de no gritarle por mirarme tanto. ¡Dios! Me hacen sentir como un bicho raro. —Sí, disculpa, aquí está. — Extiende su mano con mi deliciosa pizza. Le pago lo justo y me dirijo a mi habitación. Después de haber terminado de comer, la imagen del profesor de Historia llega a mi mente, esa mirada tan penetrante, es como si quisiese mirar más allá de mis ojos. Ese brillo al verme, o quizás es solo mi imaginación, en esos hermosos zafiros había un atisbo de alegría, fue por solo un instante, y de pronto se desapareció, así como si nunca hubiera estado ahí, y fuera nada más que mi imaginación. Enciendo la televisión y lo primero que veo es una noticia un tanto perturbadora: "joven es brutalmente asesinada" ¿Un asesino serial anda suelto? en las noticias dicen que han hallado varios cuerpos de personas sin vida. Al parecer es un loco psicópata que tortura a sus víctimas y las deja sin sangre. Un escalofrió me recorre de pies a cabeza. ¿A dónde nos vinimos a mudar? Los días pasan rápido. Y yo feliz porque está más cerca el fin de semana. Y puedo descansar de toda esta semana de trabajos, porque han sido unos días agotadores. Dado que he tenido que ponerme al día con las clases, lo cual no ha sido fácil. No hay un día en que no les diga a mis padres que por favor regresemos a nuestra antigua ciudad, es que quiero irme de aquí, todo es... tan raro, aún no me acostumbro. Como ahora, estar sola en una mesa en la cafetería de la escuela. Suelto un bufido y me recuesto en la mesa. —Hola. —Dice una voz que se me hace familiar. April se encuentra parada frente a mí con una sonrisa en el rostro. ¿Por qué sonríe tanto? —¿Me puedo sentar contigo? —con su parsimoniosa voz es imposible decirle que no. —Sí, claro. —Susurro incorporándome La rubia habla y habla, parece que no se cansa. Yo me limito a escucharla y a asentir cuando sea requerido. Estos días nos hemos vuelto un poco unidas. Hay ciertas cosas en la que me entiendo muy bien con ella, las demás chicas de la clase son diferentes a mí. April ha sido mi única "casi amiga" por decirlo así desde que llegué a esta escuela... Sí, sólo hace cuatro días; pero ella ha sido muy amable conmigo. —Hanna, ¿has mirado las noticias? —Lleva un bocado de su ensalada. —Sí. —Es horrible, eso es lo que más se comenta en el pueblo, un asesino anda suelto, pero lo más extraño es que deja a sus víctimas sin sangre. —¿Crees que sea algún satánico que usa la sangre para hacer alguna especie de rito? —Pregunto dándole una mordida a mi sándwich. —No lo sé. Pero es algo espantoso. En las noticias veo mucha desproporción en la información que dan. —Hace una mueca. —Cambiando de tema, ¿te diste cuenta como el chico que se sienta al final de la última fila en clase de Historia, no deja de mirarte?— mueve sus cejas juguetonamente. —No me he fijado —. Digo desentendida. Y la verdad era esa... es decir, ese día sólo observaba al profesor, a nadie más. April se cruza de brazos alzando una ceja. —Cómo te ibas a dar cuenta, si ese día no le quitabas los ojos de encima al profesor. Que por cierto, está muy bueno. — Murmura guiñando un ojo. Soltamos una pequeña risa por su comentario, antes de ir nuevamente a clases le paso mi número para que me mandara la hora, porque tenemos que quedar para hacer el trabajo de Historia que toca mañana. El resto de día transcurre con normalidad, excepto por las miradas del profesor Liam Fisherman, sí señoras y señores así es el nombre del profesor más sexy de la escuela. ¡Pero en que estoy pensando! Hanna, tranquiliza tus hormonas... Paso con delicadeza las hojas del libro estirando mis pies y abro los ojos como platos al leer la escena que tanto odio; esa en el cual la chica es humillada por el protagonista y al final del libro terminan juntos. Bufo frustrada, escucho mi teléfono, y veo que es un mensaje de April. April: Hola te espero en una hora en mi casa para hacer el trabajo. Yo: ok, mándame la dirección. Me dispongo a leer hasta que sea la hora para ir a su casa. Rato después me percato de que tengo un mensaje con la dirección, así que me comienzo a arreglar, me pongo unos jeans ajustados, una sudadera negra porque hace frío, y por último unas zapatillas, eso es lo que gusta de este pueblo que es un tanto frío y muy poco sale el sol. Sé que no debería salir, por los asesinatos que han estado ocurriendo, pero... tampoco puedo quedarme encerrada en casa. Mis padres han estado un poco asustados por lo que está sucediendo. Bueno, me imagino que todos los del pueblo deben estarlo, no es para nada fácil saber que hay un loco suelto dejando a las personas sin sangre y actuar como si nada ha pasado. Cuando llego a casa de April, me recibe una señora cabello corto rubio, por lo que parece ser su madre. —Hola, soy Hanna. ¿Se encuentra April? —Sí, pasa. Está en su habitación—. Dice dedicándome una cálida sonrisa. Después de indicarme el camino, subo las escaleras hasta donde se encuentra la habitación de April, es bastante espaciosa de color violeta, una cama grande y un armario enorme donde hay toda clase de ropa, el armario más deseado por todas las chicas de nuestra edad. —Hola, ¿puedo pasar? —Dah. —Pone los ojos en blanco. —Obvio. —Pone sus manos en mis hombros y me empuja levemente al interior de su habitación. —Estuve investigando y mira lo que he encontrado. —Muestra su ordenador. Y ahí se ven imágenes de las últimas víctimas. —Dios mío. —Susurro cubriendo mi boca con las manos. —Los medios no enseñan esas fotos. —Nunca lo harán, ellos no quieren hacer que la comunidad entre en pánico. —¿Cómo las obtuviste? —Pregunto, perturbada por las imágenes de una chica cubierta de sangre, su cuello está desgarrado, como si un animal la hubiese mordido. —Las subieron a un sitio web, personas que siempre están pendientes de noticias similares. —Me informa, recogiendo su cabello en una coleta alta. —Pero... ¿Están seguros de que no fue un animal que la atacó? —No lo sé, pero todo es muy raro. —Cierra la página web. —Mejor hagamos el trabajo. —Su cuello está vuelto nada. —Me siento en la cama y restriego mi rostro. Esas imágenes me han revuelto el estómago, estoy que me vomito. —Lo sé, pero mejor no pensemos en eso. ¿Vale? —Vale. —Digo buscando los libros en mi mochila. Cuando terminamos el trabajo me siento exhausta, lo único que quiero es irme a casa. Pero me asusta saber que hay un loco suelto. Me despido de ella y salgo de allí. Abro los ojos lentamente mientras bostezo; sino es por la claridad que entra por la ventana que está abierta, estaría sumergida en penumbras, aunque se me hace un tanto extraña, ya que recuerdo haberla cerrado, pero como hace mucho viento, de seguro pudo haber sido eso.
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