—Hola. —Doy la vuelta, y entonces lo veo. —Te extrañé. —Le confieso acariciando una de sus mejillas, sí que tiene la piel suave. —Yo más. Sus hermosos ojos azules miran con vehemencia, adoración. Esos ojos en los me pierdo con facilidad, es como si me hipnotizara, me siento atrapada con él. Si me dijeran que estaría así con el profesor Fisherman cuando lo tuve enfrente por primera vez, quizá me hubiera reído como una completa retrasada mental. Liam pasa su dedo pulgar por mi labio inferior y sonríe tiernamente. Y entonces me besa lentamente, con suavidad, no dudo en responderle el beso, ya que sus labios son jodidamente adictivos y me concentro solo en disfrutar cada roce de esos labios sobre los míos que me hacen perder la cabeza. —Perdón. —Musita con tristeza apartándose de mí.

