Para cuando llegamos a casa, la lluvia ha cesado un poco. —Cámbiate de ropa, no quiero que enfermes. —Le dedico una sonrisa, y subo a mi habitación para cambiarme. Minutos más tarde, Liam entra con una charola en las manos. —Hola. —Te preparé sopa— me siento en la orilla de la cama, y él me la coloca en mis piernas. —Gracias. —Comienzo a comer bajo la mirada de Liam, quien permanece sentado en la silla de mi escritorio, con la mirada fuera de órbita. —Liam, ¿qué ocurre? —Nada. —Sonríe con dulzura. —¿Ya no quieres más? —No. —Él coge la charola llevándosela. Me quedo pensando en todo lo que ha sucedido estos días. Honestamente, no tengo tranquilidad sabiendo que mis padres me han ocultado la verdad. Liam entra a la habitación sentándose a mi lado, diciéndome que duerma un poco. —Qui

