Hanna Arrastro mis pies hasta la entrada de mi casa. No es necesario tocar porque mi padre abre la puerta, al parecer va a salir. Él me abraza sollozando y yo lo aprieto contra mí. Esto es lo que me hace falta, un abrazo mi papá. Él me hace sentir tranquila, fuera de peligro. Me hace sentir en mi zona de confort. Lo escucho llamar a mi madre, ella abre los ojos como platos al verme, de inmediato me abraza y también se pone a sollozar. Me imagino que debe ser porque escucharon las noticias. Y como no había llegado a casa, aparte de eso, mi aspecto debe ser fatal. —Hanna, mi niña. ¿Cómo estás? —Pregunta mi padre deshaciendo el abrazo y deja sus manos en mis hombros. —Me duele todo. —Balbuceo sonriendo débilmente. —Ven, cariño. —Mi mamá pasa uno de sus brazos por mis hombros pegándome

