No hacia otra cosa más que, seguir pensando en él, mientras escapaba por las calles de Radu, con la intención de regresar a mi sucia y oscura choza que era mi casa, una casa modesta casa que me esperaba vacía y fría. Había sido una tonta al creer que Chariose en verdad me quería en su vida, en esos momentos me sentía como una completa idiota por pensar que él quería estar conmigo, yo, una pobre plebeya de rostro cenizo y cabello rojo pardo… Me había roto el corazón… Volvía a estar sola, sentí esa soledad que invadió mi cuerpo, como el agua helada empapando mi vestido, mi hermoso vestido que él me había regalado para esa noche, todo resultaba poético, ahora que lo analizaba; el vestido blanco, un príncipe inseguro, la noche y la lluvia que mojaba mi rostro. Tropecé en esos momentos, las

