CAPITULO 1 EL SOL DESPIERTA

2173 Palabras
Se obligó a abrir los ojos esa mañana, se cubrió la cara con un brazo fastidiado de haber vuelto a despertar una vez más, se incorporó intentando no tocar a la bella cortesana que dormía a su costado, se tronó el cuello sintiendo las sutiles punzadas de un inminente dolor de cabeza; llamaron sutilmente a su puerta y la mujer abrió los ojos ante el ruido, ella se incorporó de golpe e hizo una inclinación ante su soberano saliendo de la comodidad de la enorme cama, su rey ni siquiera la miró cuando ella salió de la habitación mientras daba la orden para que sus sirvientes entraran, y como rayo un estos se hicieron presentes atareándose en abrir las enormes cortinas rojas de la habitación del rey; dos sirvientes más entraron después de una inclinación para prepararle el baño de todos los días. Chariose abandonó su cama completamente desnudo y se metió en su hermoso cuarto de baño, conformado por una enorme alberca de agua termal y mineral, con cautela ingresó al agua caliente y se recargó cerrando los ojos con tranquilidad, deseo quedar completamente solo y cuando estaba por echar a los sirvientes, su general quiso verle fervientemente y su deber como rey lo obligó a ceder, lo hizo pasar. Su General Bowie entró con su pulcro uniforme y se inclinó clavando una rodilla en el húmedo piso ante Chariose, mostrándole su obediencia y completa lealtad. -Su majestad-. Dijo el hombre inclinando la cabeza. -¿A que debo tu visita tan temprano?-. Contestó el soberano con los ojos cerrados. El rostro de Bowie se endureció. -Mi rey, debo informarle que, se ha hecho el descubrimiento de una tragedia en el bar “Satín Rojo” esta mañana-. Comunicó aún con la rodilla clavada en el suelo. Chariose abrió los ojos lentamente inexpresivo, a esas alturas su dolor de cabeza era punzante. -Es un hecho lamentable-, dijo- esperó y que ya sepan que fue lo que pasó y al responsable-. La voz del rey era áspera. Bowie frunció los labios sintiéndose de pronto ahogado, lo que menos quería era presenciar la ira del rey. -Su majestad, tengo 20 cuerpos mutilados dentro de un bar, y lo único que sé es que pudo haberlo hecho una bestia-. Respondió fijando la mirada al suelo blanco, hasta ese punto podía sentir el aura oscura del rey, un estremecimiento recorrió su espina al escuchar que Chariose salía del agua, lo escucho caminar y lo paso de largo. Bowie se puso de pie y se giró para no darle la espalda, lo miró dejar que le pusieran una sedosa bata roja. -Quiero que de inmediato se resuelva-. Ordenó con frialdad. Bowie se estremeció de nuevo, muerto de miedo. -Como usted ordené mi rey-. Se levantó, hizo una reverencia y se preparó para salir, ansioso por quitarse la mirada altiva de Chariose. -¿Bowie?- Lo llamó su emperador antes de salir. -¿Si, su alteza?- Lo miró. Hubo un momento y Chariose hizo salir a todos los sirvientes con una mirada de infierno, cuando se hubieron quedado solos el tirano rey hablo inmutable. -Dime si has averiguado algo sobre… ella-. No pudo pronunciar su nombre, se sentía indigno de hacerlo, era tan preciada que sentía que ensuciaba su nombre si lo pronunciaba. Bowie ensombreció la mirada, él, como el rey la había conocido y le tenía un particular cariño, aun podía recordar la amplia sonrisa amable de ella junto a él en una mesa llena de comida, su corazón palpitó de melancolía y se juró no descansar hasta encontrarla y llevársela de regresó a su rey. -Su majestad-, suspiró sintiéndose agotado -le perdimos el rastro a las afueras del reino desde hace muchos años, temó que la hayan mata…- -¡Enviaré soldados fuera del reino, otra vez!- Ordenó, interrumpiendo a su general, ni siquiera quería hacerse a la idea de semejante barbarie, era impensable, horrible y pensar en ello lo rompía. -A sus órdenes, no regresarán hasta que no tengan información mi rey-, musitó decidido -si es posible, -un brillo perspicaz atravesó los ojos de Bowie -yo le traeré la información.- -No deseo información ¡la quiero a ella!- la voz de Chariose fue tan fiera que hizo eco en la habitación, haciéndola temblar- No me importa buscarla por 40 años, la quiero…- el soberano desvió la mirada y sus ojos dorados eran tan fríos como un glacial-, la voy a encontrar o dejó de ser rey…- objetó sorprendiendo a su general a quien se le secó la garganta. Bowie se aclaró la garganta tragándose el nudo que se le había formado. -No lo defraudaré alteza, ella volverá, así tenga que enfrentarme con quien sea-. -No-, intervino el rey- así tengas que matar a quien sea-. Dijo con frialdad. La sangre de Bowie se congeló y no pudo hablar más, se limitó a asentir con la cabeza y pidió permiso para salir, Chariose se lo concedió dándole la espalda y Bowie salió sudando de pies a cabeza. Salió al pasillo directo a hablar con sus hombres para planear una nueva expedición que sabía no sería fructífera y, mientras caminaba su mente se concentraba en dividirse en dos importantes misiones, por un lado debía resolver aquella masacre en el antro de mala muerte y por el otro “encontrarla”, ya habían transcurrido 8 años desde su desaparición y relativamente no tenían nada, era como si de pronto la tierra se le hubiera tragado, sabía que Chariose prefería morir buscándola que abandonar toda esperanza; rogó a los dioses calmar la ira de su rey y aluzar el camino hacia ella. Bajó de su auto mirando la espantosa escena del bar desde que apenas fue apareciendo el edificio ante sus ojos, suspiró pesadamente al percatarse que apenas eran las primeras horas de la mañana y la aglomeración ya invadía la zona. En cuanto Bowie piso el suelo fuera del auto, de inmediato su guardia se apelmazó para guiarlo hacia la escena, su capitán Sócrates Escalamute se acomodó junto a él con el sudor perlándole la frente, al contemplar sus ojos se dio cuenta de lo espantoso que debió ser mirar todo el derroche de sangre. Bowie caminó pesadamente atravesando el cordón amarillo que dividía la escena del crimen del bullicio de miradas curiosas y murmullos chismosos, su pesado capitán le pisaba los talones mientras los soldados luchaban por mantener el orden entre las personas que gritaban a la autoridad sobre pedir justicia ante la masacre que acababa de acontecer apenas hacían algunas horas. Bowie apretó los dientes mirando el edificio inmaculado que resplandecía gritando solemnidad, tuvo que cubrirse la nariz con un pañuelo cuando el olor a sangre le invadió las fosas nasales apenas y puso un pie sobre el escalón de piedra del umbral; Sócrates abrió la puerta para su general dejando que esté mirará el interior espantoso, la imagen se incrusto dolorosamente en la mente de Bowie para toda la vida, pocas veces en su experiencia como general del rey veía esa clase de barbaries como esa la que tenía frente a sus ojos, no dejó que sus pies continuaran, se limitó a mirar como un grupo de detectives se apuraban a buscar entre los cuerpos destazados y la sangre fría algún rastro del o los posibles responsables de aquella masacre. La mirada de Bowie se ensombreció mientras los nervios de Sócrates se sobresaltaban al comprobar la impotencia de su general. -Capitán-. Intervino la voz de Bowie mientras daba la espalda al bar para regresar sobre sus pasos, Sócrates puso la espalda recta volviendo a seguir a Bowie muy a duras penas debido a su abultado vientre gordo-. Esperó y ya se tenga algún indicio de que fue lo que paso aquí-. Masculló mirándolo sobre su hombro. Sócrates se relamió los labios pasándose un amarillento pañuelo por la frente. -Aún no tenemos nada mi general-, dijo mirándolo a los ojos, un escalofrió recorrió su espina cuando Bowie lo miró con el ceño fruncido- pero, tenemos a los mejores detectives de la nación investigando en éste momento, pronto tendremos resultados de esta masacre-. -Su majestad quiere eficiencia, desea que su reinado esté acorde con la exigencia de sus súbditos-. Bowie se llevó una de sus manos a su arma, para que quedará claro, Sócrates tragó saliva con dificultad. -Su majestad estará satisfecho por el desempeño de la captura y muerte del o los responsables-. Dijo. Bowie no respondió de ninguna manera, no tenía ánimos para escuchar las palabras asustadas de uno de sus capitanes, estaba consiente que el rey era exigente y que como él las cosas se realizaran correctas, inmediatas y eficaces por el bien de su pueblo, pero tampoco se cegaba, sabía que esté caso era difícil, pero tampoco podría permitir que algo como eso se volviera a repetir, podrían rodar cabezas si no se resolvía a la brevedad, además el rey estaba intolerante y lidiar con la ira de su soberano no era algo que quería vivir, sobre todo con las cosas como estaban; la presión de la situación se le acumulaba en la espalda. Además de que tenía que resolver esté nuevo problema, debía dar resolución a uno del que ya llevaba años cargando, aún tenía que encontrarla y llevársela. Chariose perdía la paciencia y no podía permitir que eso pasará. Pero tampoco era estúpido, quizás lo que el rey pedía fueran más que simples sueños en los que su anhelo por volver a verla solo se habían convertido en fantasías, lo más probable era que ella estuviera muerta desde hacía mucho tiempo, sin embargo no era algo de lo que podría decir abiertamente y mucho menos en la presencia del rey. Tomó aire por la nariz relajando los hombros y abriendo las manos que tenía cerradas en puño para girarse a mirar a su capitán. -Debemos estar a la altura Sócrates, somos la guardia del sol y estamos obligados a demostrarlo, sin embargo sé que esto es complicado-, el capitán relajó los hombros- necesitamos tiempo, del que por cierto no tenemos-, frunció los labios- debemos ser más eficaces que eso-, se miraron fijamente mientras Sócrates asentía con la cabeza- por el rey y por el pueblo-. Dijo caminando de regresó a la seguridad de su coche. Su capitán se silenció, sudaba aún más que cuando Bowie llegó, su general tenía razón tenían que ser casi inhumanos para poder obtener las exigencias que el pueblo y el rey pedían o este último le cortaría la cabeza para poner a uno mejor en su lugar, se limitó a secarse la nuca del sudor y dejar que Bowie se marchara de regresó al castillo, se mordió la lengua mientras se sacudía el miedo, continuaría con su trabajo mientras pudiese, nada le reconfortaba más que tener conforme a su rey, por consiguiente su seguridad estaría protegida y para él no había nada más importante que eso. Mientras regresaba al castillo, lo nervios le picaban hasta los huesos al estar consiente que nada se había resuelto con ese tema del que debía dar solución en el menor tiempo posible, además aún tenía una carga más por lidiar, soltó aire pesadamente mientras miraba el reino atreves de la ventana del coche, todo se le complicaba y debía estar preparado para contener la ira del rey, no quedaba más que accionar y dar resultados, así que por el momento debía organizarse en su otro problema; “Joanna”, esa era otra de sus prioridades, encontrarla era incluso más importante que la masacre del burdel de mala muerte, así era la obsesión de su rey, la chica se le había metido tan hondo en su mente que estaba consiente que Chariose solo la tenía a ella en los pensamientos, así que en medio de los nervios y de las causas perdidas se vio obligado a cumplir con sus órdenes, tomó su celular y se puso en contacto con otro de sus colegas, el general Zigor de la guardia especial del rey, la guardia dorada, soldados con capacidades casi inhumanas para la lucha y la caza que obedecían solo las ordenes especificas del rey. Se suponía que a órdenes de Chariose la guardia dorada de Zigor se encargarían de la búsqueda de Joanna ya no en la ciudad sino en las otras regiones fuera del reino, así que Bowie estaba obligado a reunirse con él para pasarle todos los pocos avances del caso, su guardia “la del sol” era quien la rebuscaría en la ciudad. Luego de unos momentos de una charla fría todo se arregló para el encuentro donde estaría presente el mismo rey. Luego de un rato el imponente castillo se apareció frente a sus ojos, un escalofrió le recorrió la espina mientras estaba consiente que estaría de nuevo frente a los ojos dorados del rey, en lo único que pensaba era en poder decir algo que no lo pusiera de mal humor, apagó sus emociones al momento en que poco a poco el castillo se hacía cada vez más grande conforme se acercaba.
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