PROLOGO

1451 Palabras
Vislumbró la inmensidad del reino de Radu desde lo alto de una colina, recordando su pasado, antes de “aquella noche” que ni siquiera se atrevía a mencionar; aspiró el aire puro que se le metía fresco por los pulmones y revitalizada emprendió rumbo al pueblo que dormía, atravesó el pueblo nocturno mirando a su alrededor intentando buscar alguna diferencia en cualquiera de las construcciones que le dijera que ya no era el mismo reino que ella recordaba, pero no encontró ninguna y sonrió, estaba exactamente igual a como ella lo había dejado, estaba completamente contenta de volver y revivir todos esos recuerdos que lo único que hacían era mantenerla con la suficiente fuerza para mantenerla con deseos de seguir viva. Hacia frio, pero ella no podía sentirlo como un humano cualquiera, tenía años desde que su cuerpo resistía a todo tipo de climas extremos; así que caminaba descalza por los fríos callejones de aquel poderoso reino regido por un joven rey tirano que ella jamás se había podido sacar de la cabeza por más que lo hubiera intentado por años, los ojos dorados del soberano seguían atormentándola por todo lo que pudo haber sido y nunca fue. Suspiró sonriente mientras a lo lejos pudo ver la luz mortecina de una cantina de mala muerte y se encamino hacia ese alborotado lugar, su alma se reconforto con saber que posiblemente podría conseguir una habitación para quedarse lo que quedaba de noche. Al entrar, el olor a sudor y alcohol le lleno las fosas nasales, causándole una mueca reprobatoria, las miradas entorpecidas por el alcohol y la lujuria se aplastaron en ella como flechas, ansiosos de poder lamer esa piel lechosa que les incitaban pensamientos libidinosos; miraron a la joven chica atravesar el bar hasta que ella se sentó frente a la barra con esos labios rosados estirados en una sonrisa, “Lidia” la prostituta de mayor rango informo a la “Madame” sobre la presencia de tan hermosa muchacha que les quitaba la atención de sus clientes, la gruesa mujer dueña del bar llegó junto a la intrusa en cuanto le informaron, con el gesto torcido la miró de arriba a abajo con exceso de sombra azul en los ojos, observó molesta a la menuda muchacha pedir un tarro de ron, La Madame se aplastó contra ella mirándola con los ojos entrecerrados. -Aquí no es para tomar el té, vete ahora, mis muchachas no pueden trabajar contigo aquí-. Dijo la gran mujer apoyando sus enormes pechos medio descubiertos sobre la barra, mirándola atentamente pudo notar sus fachas desalineadas y baratas; la chica traía puesto unos delgados pantalones cafés que le llegaban hasta la rodillas que se le pegaban al cuerpo y una chamarra negra que le cubría la cabeza con la capucha, su pelo rojo se le escapaba por los bordes como si fuesen flamas incandescentes mientras apretaba los dedos de los pies sobre el descanso que unía ambas patas de la silla. -Señora no eh venido a molestarla, simplemente busco un lugar donde quedarme aunque sea por una sola noche-. Dijo la hermosa muchachita con una melodiosa voz de sirena. La mujer enarcó una ceja delineada. -Si quieres mis servicios tienes que pagar-. Le recalcó como si de una retrasada mental se tratará. -Lo puedo pagar-. Dijo la joven sacando un par de míseras monedas pardas. La mujer y el barman rieron a carcajadas. -Debes estar bromeado mocosa-. Dijo el viejo barman partidose en dos de risa. La chica pestañeo. -¡Vete!- Ordenó la mujer roja de risa y la tomó del brazo con fuerza, la muchacha se sacó el agarre y miró a la madrota. -Señora se lo ruego, deme algo para comer y dormir, puedo pagar el resto con trabajo, soy muy buena haciendo las labores de la casa-. Suplicó con extrañamente una sonrisa pintada en sus rosados labios, La Madame frunció el ceño dejando de reír sorprendida por la actitud despreocupada de esa chiquilla, pero de inmediato su cerebro comenzó a maquinar, pensando en buscar un posible beneficio de todo ese alboroto que le causaba que le diera migraña; vio a la chica que ahora se distraía mirando un retrato gastado del rey en una pared del lugar, ella era delgada y bien dotada de pecho, además de que era guapa y muy joven, quizá y podía ganar algo extra con esa mocosa; la gorda mujer sonrió con malicia. -Puedo darte lo que pides-. Dijo y la chiquilla le sonrió mostrando sus blancos dientes. -Oh, muchísimas gracias señora, haré un buen trabajo limpiando-. Respondió mirándola con enormes ojos color Bermellón. -Si querida la limpieza-. La madrota se abanicó la cara con un abanico rojo que saco de su amplio escote mirándola emocionada- Te daré una habitación donde quedarte y comida, por lo pronto serán dos días… pero si necesitas más días tendrás que pagármelos y comer por tu cuenta…- Musitó cerrando el abanico con una mano. La chiquilla ladeó la cabeza como un ave, con aire inocente. La Madame rio por lo bajo. -Está bien señora-. Contestó con los ojos brillantes. -Excelente-. La Madame se regocijo satisfecha, sintiendo una emoción en el pecho que no pudo ocultar. -Dígame, ¿Por dónde debo empezar?- La muchacha se levantó de la silla y se metió las manos heladas en los bolsillos de la chamarra meciéndose de un lado al otro como una niña. Los ojos de la experta madrota brillaron malvados. -Ve con Lidia-, le señalo con un dedo de uñas largas y rojas a una mujer rubia que las miraba desde las escaleras con una expresión de desconfianza- ella te llevará a tu lugar de trabajo-. La empujó ligeramente con el abanico y la chica obedeció al instante. La Madame no cabía de emoción, un nuevo saco de dinero había entrado a su negocio sin esperarlo, y agradecía a los dioses de que la chiquilla fuera tan estúpida y manejable, estaba más que decidida a no dejarla ir por nada del mundo, solo había una pequeña cosa que la inquietaba, se preguntaba sobre su virginidad, porque aún y que no lo fuera, la cobraría como si del convento la hubiera sacado, ¡Pero qué va! Ya se las arreglaría en su momento con el cliente, se rio tras el abanico mientras un puñado de hombres se ofrecían a pagar lo que fuera por la chica. Hubo una pequeña subasta y el ganador, un hombre de unos 50 años, robusto, de rostro arrugado, piel grasienta, dientes amarillos y chuecos dejo todo lo que tenía por probar la carne suave de la muchachita, mientras el hombre se relamía los labios tambaleándose de un lado a otro. En la habitación la chica se recostó de un brinco sobre la cama llena de almohadones y cortinas transparentes, contenta de volver a dormir sobre algo que no fuera el duro pasto del bosque, además la Madame le había ofrecido comida, su estómago rugió de hambre, su boca se le hizo agua al recordar su última comida, aún podía sentir el sabor jugoso de la carne sobre su lengua, se relamió los labios, moría de hambre… De pronto la figura de un hombre feo se hizo presente en su nueva habitación, él entró cerrando la puerta con seguro, el viejo se reía chimuelo mientras no dejaba de tocarse la entrepierna, se giró hacia ella libidinoso y se desabotono el pantalón. Ella se restregó en la cama como una leona en la tierra, la emoción la carcomió y se carcajeo contenta de ver al hombre avanzar con los pantalones en los tobillos, ella estaba muy agradecida, ¡Oh, que señora tan generosa!, los dientes le cosquillaron ansiosos y babeo de hambre; su hambre la consumía sin piedad, se había prometido comportarse mientras estuviese en el reino pero tenía tanta hambre y su bocadillo había entrado solo para ella, su estómago rugió y los impulsos animales que la dominaban le gritaban que brincara por su comida, salió de la cama mirando como aquel viejo luchaba por no caerse, ella estiró los brazos para alcanzarlo, el viejo reía excitado y sintiéndose afortunado. -Ven a mis brazos-, decía ella en voz seductora - ven a mis brazos y nútreme...-  Ronroneaba mientras se quedaba quieta, clavada como una estaca, esperando ansiosa la explosión de carne y sangre en su boca, volvió a ladear la cabeza como un ave pero esta vez no había inocencia en su mirada… sino los ojos de un felino sobre su presa, de pronto tenía la mirada fiera, salvaje… voraz… Y no pudiendo contener ese instinto primitivo, se arrojó sobre su nueva presa abriendo la boca en mordida; está vez no dejaría restos, esta vez se lo comería hasta el tuétano.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR