CAPÍTULO 8 MANJARES

3090 Palabras
Apretó los costados de la silla en su asiento con ambas manos, el hambre se apoderaba de ella, creciendo tan rápido como la explosión que casi la consume, pero, muy para su sorpresa, la espera estaba por terminar, de nuevo otros pasos hicieron eco fuera del ahora silencioso comedor de aura incomoda, sintió como Enith respingó al también ella escuchar los pasos, pero luego relajó su cuerpo cuando regresó su atención al tenedor con el que había estado jugueteando hacia un momento. -Al fin Bowie está llegando-. Dijo solo con escuchar el estilo de su caminar, Joanna tuvo un sentimiento de dolor, ya lo conocía tan bien que podía reconocerlo solo con oírlo avanzar, se había perdido de tanto mientras ella destripaba y comía a tantos alrededor del mundo. Sin embargo, no pudo evitar alegrarse al saber que se trataba de su viejo amigo Bowie, con quien había compartido mil cosas, todas hermosas, su ánimo restaurado, la hizo fijar su atención a la puerta, Bowie se hizo presente buscándola con la mirada, ahora que Joanna lo miraba con detenimiento, podía notar que casi no había cambiado, continuaba siendo el mismo hombre que recordaba, solo que como ella, tenía más años sobre su espalda, lucía un poco más musculoso, ya no era un capitán de 22 años que aspiraba a ser General, ahora lo era, y no uno cualquiera, sino el General de la guardia dorada del sol, un puesto del que pocos podían aspirar; Joanna al fin pudo saludarlo como era, se levantó de la silla con una sonrisa en el rostro para correr a abrazarlo con fuerza, él había sido el único que aquella fatídica noche no la había herido de alguna forma, el hombre de ya 30 años abrió los ojos en sorpresa cuando la muchacha se le colgó del cuello con efervescencia, él también la había extrañado y además, era quien la había buscado sin cansancio, no resistió más y tuvo que regresarle el abrazo cuando pasó la sorpresa inicial. -Me alegró de verte Bowie, te extrañe tanto-. Joanna se apartó un paso de él para contemplarle la mirada, Bowie soltó aire por la nariz, algo en él descansaba, tanto que incluso sintió las ganas de dormir para siempre, la había buscado por tanto tiempo que no dejaba de pensar que quizás y solo ella era un mero producto de su imaginación, su más grande amiga estaba de vuelta al lugar del que nunca debió haber salido. -Señorita Joanna, es para mí un placer volver a tenerla de vuelta en casa-. Se inclinó para hacerle una leve reverencia con solemne respeto, “en casa”, retumbó en la mente de ella, es verdad, la ciudad había sido su casa después de quedar huérfana desde muy niña, cuando la nostalgia y el hambre la consumían, no pudo evitar recordarse de 9 años con sus padres recién muertos mientras le compartía la mitad de su manzana a un Chariose de la misma edad, quien le regresaba una mirada fría desde el interior del auto donde viajaba con su tutor aquella tarde de primavera. Suspiró mientras Bowie le ofrecía el asiento para que ella volviera a sentarse de regreso en su lugar. -Muchas gracias-. Solo logró decir ella, debido al enorme nudo que se le había formado en la garganta, y en silencio tomó su lugar. Bowie le sonrió, algo en él lo hacía verse liberado. -Su majestad, ¿tardará?- Intervino la voz de Enith quien miraba al general con impaciencia. -Sabes que el rey no puede llegar a tiempo, él…- -Si si, lo sé, es un hombre ocupado-. Interrumpió poniendo las manos sobre su regazo con aire aburrido. -Pero vendrá-, las miró a cada una –es una noche importante, se debe celebrar-. Concentró la mirada en Joanna, ella soltó un suspiro contenido. -Claro-, Enith se acomodó el cabello tras su espalda – al fin has vuelto-. Alargó una mano para tomar la de Joanna con calidez. Bowie le hizo una señal a uno de los sirvientes que en ese momento aparecía, esté se encaminó a llenar cada copa que hacía un rato habían traído, con un costoso coñac de 100 años. Joanna miró como vertían el contenido en su copa con elegancia, un cosquilleo incomodo la hizo remolinarse en su asiento. Por mucho que pudiera parecer una humana cualquiera, no lo era, no olvidaba que era un monstruo, un demonio nocturno y vil que disfrutaba del destripadero y el calor de la sangre en la lengua, así que no pudo evitar sentirse incomoda al mirar que tendría que comer corriente comida humana, que por si fuera poco, no podía digerir. Asintió en agradecimiento cuando el sirviente terminó de llenar su copa para continuar con las otras dos restantes, contempló el líquido ambarino con detenimiento, tenía tanto que no miraba el licor que casi olvidaba como olía y como lucia. -Parece que estás interesada-. Enith la empujó levemente por el hombro, trayendo su atención, Joanna pestañeó mirándola con confusa mirada, le tomó unos segundos pero terminó comprendiendo. -Oh no, es solo que tenía mucho que no bebía una copa de…- Tomó la copa con una mano para mirar las burbujas que se habían acumulado en la superficie del líquido. -Es coñac Joanna-. Le completó Enith como si hablara con una estúpida. Joanna reprimió las ganas de arrojársele encima, Enith no había cambiado para nada. -Ah claro, coñac.- -Puedes beber otra cosa, si no te apetece…- Bowie le hizo una señal al sirviente con una mano, quien de inmediato se afanó en moverse. -No-, lo frenó Joanna mirando al general –está bien, lo beberé-. -¿Segura?- Bowie parecía querer hacerla sentir cómoda a como diera lugar. Ella asintió con la cabeza. -Tengo hambre-. Cambio el tema de conversación una Enith que casi se acostaba sobre la mesa. Bowie se cruzó de brazos, con cansancio, como si no fuera la primera vez que ella se comportaba de aquella manera, Joanna tragó saliva con dificultad concentrada en el único pensamiento en su mente, aún tenía que comer algo que su cuerpo rechazaba de por sí. -Enith…- Habló Bowie, pero fue interrumpido por el evidente revuelo que ocasionaba la llegada del soberano. Fue allí que la tranquilidad que había juntado para aquella ocasión se vio perturbada de nuevo por Chariose, quien llegaba al comedor con aquel porte de rey que le salía natural, los nervios se hicieron presentes en su cuerpo cuando miró como Enith y Bowie se ponían de pie de la mesa para hacerle una reverencia al rey, quien se quedó de pie en el arco de la puerta mirándola con potentes ojos. Ella fue la única estúpida que no supo cómo reaccionar ante aquellas muestras de respeto, y es que estaba acostumbrada a hacer lo que le diera la gana, no estaba sometida a ninguna clase de autoridad, tanto ella como todos los de su especie se sometían simplemente a ciertas reglas entre ellos y a quienes eran más antiguos, pero, no era obligatorio mostrar ese tipo de solemnidad ante alguien, por lo tanto al percatarse que no se encontraba en su habitad se obligó a comportarse como tal, y fue la última que se levantó de su asiento atropelladamente, tanto que casi tira la silla al momento de levantarse, “idiota, idiota, idiota” se reprendió en su cabeza al momento de hacer una forzada reverencia que casi rompe con la solemnidad del momento, Enith se tuvo que cubrir los labios con una mano para disimular unas tenues carcajadas, Joanna levantó la mirada antes de tiempo, y con sorpresa miró a un Chariose envuelto en un fino pantalón de vestir n***o que se le amoldaba perfectamente a las caderas y le enrollaba sus poderosas piernas, Joanna se tomó la libertad de inspeccionarlo, portaba una bella camisa negra que le apretaba los brazos y se cernía a su delgada cintura, la camisa tenía los dos primeros botones abiertos lo que dejaba ver una parte de su pecho lampiño y pálido, además sus pesados anillos de rey que siempre portaba en los dedos le daban esa apariencia regia, poderosa y sumamente erótica, la pelirroja tragó saliva con dificultad sintiendo de pronto aquel conocido ardor que se instalaba en su cuerpo cuando hervía en deseo, ahora entendía perfectamente las palabras de Enith, “¡y a quien no”, se sorprendió a si misma teniendo aquella sensación enloquecedora, Griffin era el único capaz de hacerla sentir de aquella manera, sin embargo allí estaba aquel fuego derritiendo su entrepierna, tuvo que controlar el evidente temblor que la invadió mientras Chariose caminaba con aquel porte dominante de siempre, luego de echarle una última mirada a Joanna, en silencio ella miró como él se acomodó en la cabecera de la mesa, allí, Joanna captó un brillo en sus ojos de oro que lo hizo lucir imponente y al mismo tiempo miserable, aquello causó un respingo en su vientre caliente, amaba la miseria mucho más que el miedo, aquella emoción dolorosa la volvía completamente loca de deseo, en cierto punto en su vida en la oscuridad, llegó a obsesionarse tanto con el erotismo en su forma  más brutal, que causaba en sus víctimas siempre la miseria, aquel sentimiento de desolación y rendición que a ella no hacían más que volverla más sádica de lo que ya era. Su piel reaccionó, erizándose. Hubo un momento demasiado intenso, para después tomar cada uno su respectivo asiento; Bowie quien había decidido en un principio acomodarse junto a Joanna, ahora descansaba del lado derecho de la mesa, frente a Enith y junto a su rey, Joanna de pronto estaba apartada, excluida de una vida que pudo haber sido suya. -Sea bienvenido, su alteza-. Habló Enith mirándolo con una inocencia que no tenía, aquel olor a feromonas se hizo más potente, Enith transpiraba sutilmente debido al nerviosismo de tener a Chariose tan cerca y oler su perfume delicioso, que se le metía en la cabeza a Joanna como una bala, notó como Enith apretó las piernas al mirarlo fijamente, la pelirroja se relamió los labios confirmando lo que estaba pasando con la que había sido su mejor amiga, no era solo que Enith tuviera un gusto por el rey, todo el reino lo tenía, Enith además de gustarle mucho el rey, hervía en efervescentes deseos de cogérselo con… ¿Cómo era que los humanos llamaban a su desenfreno? !ah!, pasión. No pudo reprimir la sensación de diversión que le provocó Enith en esos momentos, casi pierde la compostura, de no ser porque soltó unas leves carcajadillas el rey no hubiera atraído su atención a ella. -Espero y que ese repentino ánimo te haya traído recuerdos Joanna-. La tomó por sorpresa la masculina voz de Chariose dirigiéndose exclusivamente a ella, Joanna parpadeo después de tener un mini infarto, miró al atractivo rey que la miraba al momento en que se llevaba a la boca una jugosa uva verde que había pinchado con un tenedor dorado. Completamente desconcertada Joanna se dio cuenta que había estado tan perdida en sus pensamientos que no se había percatado que ya habían servido la cena y que, esta estaba frente a ella tan fresca y apetitosa, tan propia de las comidas costosas, su estómago se remolinó incómodo. -Lo siento su majestad, yo estaba…- -Un poco en la luna querida amiga-. Volvió a interrumpirla Enith, quien degustaba un cubo de codorniz, Joanna comprobó muy para su sorpresa que había llamado la atención más de la cuenta, todos los ojos de la mesa, estaban puestos en ella mucho más de lo que hubiera deseado. -¿Se siente mal de pronto señorita Joanna?- La repentina cortesía de Chariose la tomó por completo por sorpresa, muy diferente a como lo había estado cuando recién despertó. Joanna tomó la servilleta de seda de la mesa y se la acomodó extendida en su regazó. -No es así su majestad, agradezco su interés, es solo que recordé…- Chariose de pronto estaba más que interesado. -¿Qué recordó Joanna?- Acomodó su barbilla sobre sus manos apoyado en la mesa mientras le clavaba los ojos. Joanna no entendía como era que él, un simple humano la pusiera tan nerviosa, si Griffin la viera ahora, estaba segura que él estallaría en burlas, apretó los puños escondidos bajo la mesa, intentando regresar a esa tranquilidad que estaba acostumbrada tener, “esto no la aterraría”, eran simples humanos, era un ser oscuro, una criatura sobrenatural que amaba bañarse en chorros de sangre mientras dejaba que Griffin la satisfaciera solo como él podía hacerlo, podía manejarlo, solo deseaba que Chariose no la mirara de aquella manera tan poderosamente dominante. -Fue algo de cuando era adolescente, algo gracioso-. Dijo, el rey solo arqueo una ceja, se maldijo a sí misma, estaba comportándose como una estúpida, y es que Chariose se robaba toda su concentración, a ese paso, el soberano no tardaría en saber toda la verdad. -¿De su adolescencia?- Preguntó Chariose dibujando una intimidante sonrisa perfecta. -Así es-. Contestó con seguridad mientras tomaba un tenedor y pinchaba un trozo de fresa para llevárselo a la boca, el sabor explotó dentro, causando una desagradable sensación de náuseas, apretó los dientes todavía con el tenedor en la boca, tuvo una pequeña arcada que controló lo más que pudo, luego intentó masticar la comida después de poner el tenedor sobre la mesa, con las cejas de Enith bien arqueadas de sorpresa. Tragó la fresa a duras penas. Hubo un momento, el pendiente verde de Chariose tintineó bajo las blancas luces del comedor mientras los enormes ventanales a sus espaldas lo hacían lucir hermoso, la noche se extendía completamente oscura pintando solo a Chariose, haciéndolo ver como si estuviese posando para una sesión de fotos góticas. -Su majestad-, Bowie habló trayendo la atención de su rey –quería saber sobre la seguridad en el carnaval y en el posterior baile -, sabía que en cierto punto Bowie la estaba rescatando de aquella situación, soltó aire por la nariz mirando completamente derrotada el plato, solo había logrado comer una mísera fresa y su estómago comenzaba a protestar, sabía que en cualquier momento terminaría regresándola de nuevo a fuera, debía hacer tiempo, para que algo como eso no pasara. -Has cambiado mucho-. Enith se dirigió a Joanna quien la miró mientras Chariose contestaba a Bowie. -¿A qué te refieres?- Enith sonrió comiendo una fresa enorme. -Bueno, antes tenías emociones reales-, dijo – eras autentica, ahora parece que te esfuerzas por ser como eras antes, pero no te sale ni un poco-. Confesó, sus ojos cafés centellaron con un toque de decepción. Enith tenía razón, se estaba esforzando por sonar lo más natural que pudiera, sin embargo estaba fracasando en todo, se relamió los labios mientras desviaba la mirada de la de Enith, que ahora lucia poderosa. -Yo…- -Sería muy interesante saber qué fue lo que estuviste haciendo todo este tiempo, como para que cambiaras tanto-. La hirió inmensamente, comprendía bien la profundidad de sus palabras, y por mucho que detestara escuchar a Enith decirlas, ella no mentía en nada. –Es una lástima que no lo recuerdes-. Se concentró en darle un largo trago a su vaso de coñac. -…- Se silenció, no sabía que más pudiera decir que no sonara comprometedor o muy estúpido. Y así se mantuvo el resto de la cena, completamente callada, solamente respondía en afirmación o negación cuando Bowie le preguntaba de algo, hasta que Enith despidió la noche. -Fue una cena muy especial-, tomó la mano de Joanna y la apretó con afecto, la pelirroja le sonrió con melancolía – estamos completos ahora que estás de regreso querida amiga, espero y que tu memoria pronto regrese-. Asintió con la cabeza aventurándose a mirar al soberano del mundo, para su sorpresa este ya la estaba mirando de nuevo con la misma intensidad de un principio, sin embargo, había un toque de recelo en sus ojos, sabía que aún desconfiaba de ella. Bowie se puso de pie al instante en que Enith se levantó, y por imitarlos, Joanna también lo hizo. -Alteza-, habló primero Bowie haciendo una reverencia –agradezco la cena, su generosidad y la oportunidad que me dio de buscar a Joanna, ahora se la he traído, sana y salva-. Dijo inclinándose con devoción, Enith hizo lo mismo. Joanna miró completamente confundida. Recordaba las palabras de Chariose, “no sabes lo que me obsesioné con eso”, ¿en verdad le había importado tanto como para buscarla hasta ese punto? -Joanna-. La llamó Chariose, ella respingó, no se lo esperaba. -Sí, su majestad-. El rey la miró, relamiéndose los labios dudo un poco. -Espero mañana puedas hacernos el favor de acompañarnos en el desayuno-. Habló, sin embargo, había algo que ella presentía, sabía que él se contuvo, eso no era lo que quería decirle inicialmente, pero, siguió con su charla. -Será un placer-. Hizo una leve inclinación, lo que pareció incomodar a Chariose. Bowie hizo una señal con la cabeza, daba a entender que ya era hora de retirarse, sin darle la espalda, Enith y Bowie avanzaron hacia la salida, el general miró fijamente a Joanna que no tardo en entender que también ella debía marcharse. La mirada dorada de Chariose fue todo lo que Joanna vio antes de que cerraran las puertas del comedor frente a ella con delicadeza, relajó los hombros cuando ya no estuvo bajo la imponente presencia de él, no recordaba que Chariose le impusiera de esa manera, él como ella habían cambiado, ambos habían dejado de ser auténticos, ella por miedo mientras que él, por poder. Unos cálidos brazos la abrazaron por la espalda en un momento, casi la hace reaccionar de manera poco agradable, de no ser por el olor característico de Enith, le hubiera arrancado la cabeza con las manos. -En verdad me alegro que estés aquí-, sintió el aliento caliente de Enith en la espalda –soy sincera cuando te digo que te extrañe mucho-. Joanna entrecerró los ojos, pese a todo en verdad le creía. Luego hubo un frio vació cuando Enith se marchó taconeando por el pasillo, ella también había extrañado a su amiga, la única diferencia era que extrañaba a la Enith de antes, la de antes de decirle que estaba obsesionada con Chariose… y Joanna ganaba, tenía más tiempo extrañándola. -Sé que sonará imposible, pero descanse por favor Joanna-. Bowie apoyó su mano en su hombro, había un dejo de tristeza en su voz, tal parecía que aquel reencuentro no era como todos lo habían esperado.
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