CAPÍTULO 7 ARROGANTE BELLEZA

2109 Palabras
Un desagradable cosquilleo se apoderaba de ella mientras contemplaba el reino desde el amplio balcón desde los aposentos del rey, mantenía su mirada fija mientras el poderoso cosquilleo incomodo pasaba, soltó un profundo suspiro viendo como las personas afanosas preparaban todo para el festival, como si apenas la noche anterior no hubiera habido incontables muertes atroces causadas por el ímpetu desesperado de un Griffin que, seguramente se encontraría bien y oculto para reponerse de las heridas que le había causado la increíble explosión que irónicamente, había provocado Chariose, un rey que la miraba con desconfianza e inquietud, alguien al que se dio cuenta, nunca había podido sacar de su cabeza. Muy para su pesar, Chariose siempre había estado allí, apoderándose de sus pensamientos la mayor parte del tiempo, y ahora que volvía a verlo después de tanto, tan perfecto y poderoso, él la consideraba una posible amenaza, y es que no podía ocultar el hecho de que no creyera su cuento del golpe en la cabeza, era una excusa bastante estúpida dadas las circunstancias, aunque en verdad tenía un buen pretexto, debía darlo todo para que su mentira no se le saliera de las manos; y es que si resultaban bastante sospechosas la ola de acontecimientos que rodeaban su repentino regreso, la habían encontrado justamente en el lugar de los hechos después de estar desaparecida por 8 años, podía comprender porque Chariose estuviera a la defensiva así de repente, sin embargo, su continuo rechazo la hería tal como la había herido cuando la sacó de su vida… Otro nuevo estremecimiento desagradable la recorrió completa, mitigó las ganas de gritar de frustración, pensándolo mejor, Griffin no era el culpable de las consecuencias, si no ella, quien en su afán loco por salir de la oscuridad había causado un resultado del que no estaba dispuesta a lidiar así como así. No fue hasta que unos leves golpes en las puertas la sacaron de todo pensamiento que la tenía rezando al infierno por una solución. -Adelante-. Dijo tragando saliva con dificultad. En aquel momento una joven sirvienta asomó la cabeza por las puertas mirándola con interés. -Disculpe señorita pero, la cena esta por servirse y el rey requiere su presencia en la mesa-. Habló la chica mirándola de arriba abajo. Joanna no pudo evitar soltar aire por la nariz, sabía que su repentina llegada sería la comidilla de todo el reino, así que girando sobre sus talones salió de la hermosa habitación real, en silencio siguió a la indiscreta sierva quien de vez en cuando torcía la cabeza para mirarla caminar tras ella. Por la mente de la pelirroja no había más que desesperación, ideaba planes para intentar convencer al rey de que lo que le había dicho era cierto, que no se percató y ni le interesó que la chica fuera obvia en mirarla sin ningún tapujó. Se miró el cuerpo, repasando los acontecimientos que la habían llevado a aquella desafortunada situación, jamás se volvió a imaginar pisar nuevamente aquellos hermosos pasillos, y mucho menos yendo a cenar envuelta en un delicado vestido de cóctel n***o que a su parecer no le quedaba de nada. -Es aquí señorita-. Interrumpió de nuevo la chica mirándola con grandes ojos marrones, Joanna parpadeó regalándole una pequeña sonrisilla de labios cerrados, levantó la mirada contemplando el interior, frunció el ceño mientras ingresaba al enorme comedor de largos ventanales y finos muebles de oro, sin embargo se dio cuenta que estaba completamente vacío, con el ceño fruncido se giró con rapidez para dirigirse a la jovencita, pero esta ya había cerrado la puerta a sus espaldas. Joanna giró los ojos a su alrededor pendiente de que no estuviera bajo amenaza, caminó taconeando sutilmente mientras miraba en todas direcciones, guardando la calma, fijó sus ojos sobre la larga mesa que refulgía de hermosos ramos de enormes y frescas camelias de un perfecto blanco, con nostalgia alargó una mano tocando los suaves pétalos, sus dedos cosquillaron bajo el contacto de las hojas, un sentimiento de desolación se instaló en su gastado corazón, y por primera vez después de mucho tiempo, sus ojos se humedecieron. Levantó los ojos al cielo para controlar las ganas que tenía de llorar mientras se preguntaba sobre su vida injusta, si tan solo no hubiera salido corriendo aquella noche, quizás y no le hubiera pasado lo que terriblemente le quitaba el sueño, quizás y nunca hubiera conocido a Griffin, quizás y su destino no se hubiera manchado de sangre inocente. Un ruido de pasos trajo su atención, colmándola de nervios, se obligó a girarse a la puerta de entrada que no tardo en abrirse para dar paso a un sequito de guardias de pulcro uniforme n***o que no le devolvieron la mirada cuando se apostaron en la entrada del comedor, tragó saliva con dificultad cuando unos apresurados taconeos se hacían presentes en el pasillo tan impacientes como las ganas de Joanna de saber quién se apresuraba a llegar. Su corazón estaba por salirse de su pecho cuando tuvo un momento de impacto, frente a ella una bella chica de grandes ojos chocolate y larga melena negra llegó atropelladamente al umbral de la puerta con la respiración agitada y el rostro consternado de sorpresa, un doloroso latido sacó a Joanna de su letargo al instante en que reconoció a la preciosa muchacha que jadeaba congelada en la puerta. -¿Enith?- Logró formar entre sus temblorosos labios. La muchacha parpadeó entrando lentamente al comedor mirándola como si lo que estuviese viendo fuera solo una mera ilusión. -¿En verdad eres Joanna?- Gesticuló Enith temblorosa. Joanna la contempló, tenía tanto tiempo que no la miraba, que de un primer momento creyó simplemente que era solo su imaginación pero, sí, en verdad era su mejor amiga de adolescencia la que estaba regresándole la mirada con incredulidad, la última vez que la había visto había sido hacia 8 años en aquel baile del que solo tenía malos recuerdos, aún recordaba vivamente a una joven Enith de 16 años, de mirada firme y ojos perspicaces, desde ese entonces la recordaba preciosa, ahora que la contemplaba bien, en verdad había pasado a ser completamente hermosa, a diferencia de ella, las caderas de la que fue su mejor amiga lucían delineadas y curvilíneas, su pelo liso y oscuro resbalaba por su espalda como una negra cortina brillante, carecía de pecho, sin embargo, no opacaba su hermoso cuerpo y su fino rostro de porcelana. Recordó los ojos de colores de Griffin, recordó que aquellos dos pozos fríos eran ahora su vida y lo que en verdad era, un monstruo. La garganta se le cerró de pronto, la impotencia no la dejaba reaccionar de la manera en la que ella hubiera deseado. Un agradable olor a flores la hizo parpadear, para darse cuenta por fin que Enith estaba de pie frente a ella con los ojos enormes y el rostro pálido, hubo un momento en que las dos se miraron fijamente, para terminar con una Enith enrollándola en sus brazos para estrecharla contra su cuerpo cálido. El contacto la hizo estremecer, no estaba acostumbrada a que alguien la abrazara, no si se trataba de un gesto de cariño, un cariño del que llevaba tiempo no sentía ni mucho menos recibía, su vida era una constante cloaca de lujuria, muerte, sufrimiento, sangre y violencia desmedida. -¡En verdad eres tú!- Masculló Joanna mientras la apartaba con sutileza mirándola aún sin poder creer que Enith continuara allí. La hermosa chica de ojos chocolate la miró con el ceño fruncido. -Por fin estás de regreso-. Intentó volver a estrecharla entre los brazos pero Joanna evitó su contactó impidiéndoselo con disimulo. Enith se secó los ojos humedecidos en medio de una sonrisa de blancos dientes. -Tenía tanto que no…- -Lo sé, 8 años-. La interrumpió Enith caminando hacia uno de los lugares del comedor, justo al lado izquierdo de la silla del poderoso soberano, Joanna la miró acomodarse con tranquilidad mientras le hacía un gesto con la mano para que se sentara en la silla siguiente, justó a su lado, la pelirroja reaccionó y se movió hacia donde la chica le había indicado –No lo podía creer cuando Bowie me dio la noticia-, un par de sirvientes entraron para acomodar sobre la mesa hermosas copas de cristal, Joanna contó cuatro en total –Bowie fue quien te encontró, ¿lo sabías?- Dijo tomando por sorpresa a la pelirroja, se relamió los labios. En cierto punto Joanna volvió a perderse en sus pensamientos, ¿Bowie? ¿Pero, porque él habla con tanta confianza con ella? Se preguntaba mientras reflexionaba, entendía solo que Enith trataba con ella, pero de eso hacía ya 8 años, de pronto un pensamiento atravesó su mente que no pudo evitar guardarse. -¿Vives aquí?- Preguntó, Enith se silenció de pronto esbozando una amplia sonrisa, luego giró la cabeza para mirarla fijamente. -Desde hace seis años-. Respondió, algo en Joanna la hizo tener un repentino recuerdo que ya había olvidado casi por completo. Recordó aquella noche de baile, tiempo atrás, horas antes de su tragedia, esa noche entre violines y cantos, ellas habían peleado, rebusco en su mente, ¿Cuál había sido la discusión? ¡Oh!, ya lo recordaba, Enith le había confesado aquella noche que aunque supiera del profundo amor que ambos se tenían, iría por Chariose, costase lo que le costase… el recordarlo la hirió del mismo modo como le dolió aquella noche, un sentimiento de ira le estrujó el corazón, apretó los labios, si, ya lo recordaba vívidamente, sus ojos chocolate habían brillado intensos después de decírselo con su postura firme y sus aires de grandeza, luego, había venido el remate por parte de un joven rey recién subido al trono, ¡ya!, allí estaba de nuevo, recordando mientras Enith la miraba con una sonrisa en los labios, de pronto sus instintos primitivos, de los cuales había sido víctima por muchos años luchaban por apoderarse de su entendimiento, tuvo que controlar las ganas inmensas de arrancarle la cabeza allí mismo, sin embargo, se tranquilizó, el tiempo había pasado y ella había tomado otro camino muy diferente al de todos ellos, por mucho que le pesase el tiempo la obligaba a resistir, sonrió con ironía, para después preguntar; -¿Aún te gusta el rey, no es así?- La miró fijamente con los ojos intensos y la sonrisa irónica en los labios. Enith se cubrió los labios con una mano, en medio de una sonrisa. -¿Y a quién no?- Respondió con un toque de cinismo casi imperceptible. Joanna soltó unas carcajadillas, debía dejar el pasado donde estaba, aunque eso no significara que no doliera. -Ya veo-, se pasó un largo mechón rojo tras la oreja -¿Y él…?- -Su majestad, siempre ha sido muy amable, me dejó vivir en su castillo después de tu desaparición, sin embargo es un hombre difícil en cuestiones del amor-. Confesó, sin querer Joanna sintió como un peso se le cayó de los hombros, no quería admitirlo, pero agradecía que Enith no hubiera logrado su cometido aún y después de su ausencia. -Veo que él no ha cambiado-. Dijo más para ella que para Enith, quien pestañeó apoyando un codo sobre la mesa para acomodar la mejilla en su palma, para mirarla mejor. -Sin embargo, no hay lucha que no se gane con perseverancia, ¿no crees?- Enith se mordió los labios mientras Joanna le regresaba la mirada con una leve sonrisa, de pronto el olor a feromonas invadió su nariz, feromonas que Enith liberaba debido a una creciente excitación dentro de ella. Hasta ese punto meditaba sobre ella misma y las vidas de las personas que había dejado atrás hacia ya mucho, se había perdido de tanto, que no dejaba de sentirse incompleta ante tal situación, no culpaba en nada a la que fue su mejor amiga por mucho tiempo, sin embargo, un sentimiento de vacío se instalaba en su corazón hambriento de amor, del que aún creía era merecedora, aún y después de todo lo que había hecho y sobre todo, aún y después de Griffin.  Se remolinó incomoda en su asiento, de pronto la espera se había tomado más tiempo del que ella podía soportar, sin mencionar que además, los estragos de la ajetreada noche se hacían presentes en su resentido cuerpo mallugado, su cuerpo se debilitaba, la lucha y sobre todo esa poderosa explosión de mierda la habían dejado completamente vulnerable, su cuerpo había consumido todas sus energías en restaurarla de los inconmensurables daños que había tenido que ahora estaba casi en ceros, muy mala señal, su cuerpo poco a poco la ponía cada vez más hambrienta.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR