CAPÍTULO 10 COMO UNA EXPLOSIÓN

2510 Palabras
Le habían indicado cuál sería su habitación por el momento, así que mientras era llevada no podía dejar de sentirse como si Chariose la hubiera sentenciado a una muerte segura, y es que desde que había pisado las empedradas calles del reino de Chariose, no había dejado de sentirse sentimental, cosa que ya no le pasaba, creía haber podido superar todo tipo de males, sin embargo se dio cuenta muy para su pesar (aunque fuera incluso la perfecta arma asesina), que sus emociones en lugar de desaparecer habían permanecido dormidas muy en su interior, le pesaba darse cuenta que era la misma chica que escapó entre lágrimas de un enorme castillo vestida con un vaporoso vestido blanco, la que en aquel tiempo no era más que una chiquilla estúpidamente enamorada de un rey. La misma chica del servicio que la había conducido al comedor era la misma que ahora la guiaba hasta su cuarto donde permanecería por tiempo indefinido, y de vez en cuando se daba cuenta que volvía a torcer el cuello para mirarla como si fuera poca cosa, ¡ja!, aquella muchacha alegraba un poco su noche sin que ella se diera cuenta, así que cuando la dejó en la puerta del cuarto no dudó en despedirse con amabilidad, la sirvienta la miró con el ceño fruncido y se marchó en silencio. Soltando aire pesadamente entró a su nuevo cuarto que ya estaba preparado para ella, a diferencia del de Chariose, el de ella era un poco más sencillo, pero no le quitaba que cada cosa que adornaba el cuarto fuera costosísimo, la cama descansaba del lado izquierdo de la habitación, y todo el tema del cuarto era “blanco”, bastante irónico para ser cierto. Cerró la puerta tras de sí y se recargó en las puertas recorriendo la habitación con la mirada, ¿Qué seguía a continuación? Tomar un baño era lo más conveniente, así se sacaría todo el pesar de aquella desastrosa cena, se sacó las zapatillas de una patada cada una y abrió las puertas de la ventana del balcón para que él aire se colara en su cuarto para refrescarla, había tenido tantas emociones aquel día que estaba completamente harta, y es que no solo Chariose era alguien a quien no esperaba volver a ver, sino también estaba Enith, quien le había declarado la guerra la misma noche en que desapareció, el recordar ese pasaje de su vida la hacía hervir de ira, sin embargo era absurdo reprochar algo que ya tenía mucho que había pasado, se sobó la frente mientras caminaba a su cama, se arrojaría de panza para poder lograr controlar sus emociones, dormir tampoco era una mala idea, solo que bueno, al ser un ser nocturno, la noche era la indicada para vivir de verdad, y es que a esa hora era cuando solía cazar, ¡por todos los demonios! Tenía tanta hambre que si no comía cuanto antes, perdería la cabeza, tal como lo había hecho en aquel mal oliente burdel que le había provisto de mucha carne. Su estómago protestó de hambre, además tenía tantas ganas de vomitar que ya no podía contenerse, así que decidió provocarse el vómito de una vez, pues sabía que todavía su estómago podía contener la fresa por unas horas, pero al fin y al cabo terminaría vomitándola, así que procedió a sacarse la molesta fresa que no hacía más que causarle un constante malestar estomacal, no era la primera vez que pasaba, muchas otras veces había tenido que recurrir a la comida humana para continuar con las apariencias, solo que de eso ya tenía tiempo desde la última vez que lo había hecho, por lo tanto si le afectó mucho volver a hacer aquel ritual tan incómodo. Regresó al interior de su cuarto, saliendo del bonito baño sencillo aún con los restos de pasta de dientes en la lengua, y mientras se alisaba el cabello con las manos salió al amplio balcón donde podía contemplar la inmensidad del reino, pero, frunció el ceño, ese paisaje era el mismo de… un estremecimiento le causó un nuevo malestar, tuvo que mirar hacia arriba, otro balcón un poco más grande al suyo estaba sobre su cabeza, y es que eso no era todo, era el mismo balcón de Chariose, la garganta se le secó, el rey no bromeaba cuando le dijo que la quería cerca de él, suspiró soltando todo el aire en sus pulmones y con curiosidad se aventuró a mirar para comprobar que Chariose no estuviera en su balcón mirándola con aquellos intimidantes ojos dorados. Fue allí que un poderoso sentimiento azotó su corazón de una manera bastante alarmante, conocía ese sentimiento, con el aliento saliendo de su boca, como un motor miró al interior de la oscura habitación, “no, no, no, no” se repitió mientras miraba furtivamente hacia el balcón sobre su cabeza, apretó los puños haciéndose daño en las palmas con las uñas, escuchó un golpecito proveniente del interior, lo sabía, en cualquier momento él volvería a encontrarla, solo que se daba cuenta que se tomaba menos tiempo en encontrarla, relamiéndose los labios caminó en el interior agudizando la vista increíble que sus poderes le daban, prendió su olfato como si su nariz tuviese un interruptor y se dispuso a encontrarlo mientras pensaba en cómo era posible que algo tan básico como bajar la guardia le haya pasado, y es que se había confiado demasiado, dio unos cuantos pasos cuando la puerta de su enorme armario se abrió lentamente, haciendo un rechinido que le causó un estremecimiento por todo el cuerpo, no tardó en mirar como una mano blanca salía del umbral empujando la puerta con un sutil movimiento. Joanna apretó los labios mientras se cruzaba de brazos, Griffin apareció del fondo del cuarto que fungía como armario, de inmediato el olor a él se le metió en las fosas nasales llenando su cerebro de golpe, volviendo a alterarle el cuerpo como siempre. -Debo de admitir que este castillo es impresionante-. Dijo caminando por la habitación mientras miraba a su alrededor con aire arrogante, a comparación de ella, Griffin estaba un poco más lastimado, al parecer él había estado más cerca cuando el misil les dio de lleno, sus labios cortados aún lucían dolorosos, mientras que los infinitos golpes en el cuerpo delataban que no estaba comiendo correctamente, tal como ella. -No te esperaba tan pronto-. Dijo ella en un susurro, Griffin estiró los labios lacerados en una sonrisa malvada. -En realidad eres bastante predecible a la hora de esconderte-, se metió la mano a los bolsillos con desinterés –incluso después de lo del misil, algo me decía que terminarías de nuevo aquí-. La luz de la luna brillaba y los ojos con heterocromía de Griffin resaltaban en la oscuridad, como los de un gato. -No quiero pelear-. Se quedó clavada en el suelo completamente congelada, lo que menos quería era que algo como eso se desatara nada más y nada menos que en el castillo. Griffin río por lo bajo. -Sabes-, se sentó en el borde de la cama mirándola, su pelo rubio medio revuelto le daba una apariencia dulcemente salvaje –creo que será bastante divertido ver cómo te hundes sola-. Musitó pasándose la lengua por los labios. Joanna parpadeó. -¿A qué te refieres?- -Bueno querida, esto es porque te lo buscaste tú, ¿será que tiene un final?-, sus ojos se ensombrecieron –me encantará ver como este teatrito se te cae a pedazos-. Sonrió con maldad, Joanna apretó la quijada con ira. -Vete ahora-. Le ordenó conteniendo las ganas de gritarle, no lo haría, no cuando el cuarto del rey estaba sobre el suyo. -Lo haré “Ann”, lo haré, sabes que intento complacerte-, el aura oscura de Griffin se transformó súbitamente, a una aura meramente s****l, de la que Joanna era completamente esclava –es solo que me interesa ver cómo es que estos simples humanos pueden hacer que bajes tanto la guardia, que no te des cuenta que desde que abriste los ojos he estado rondándote, en cierto punto creí que podrías olerme-. Una descarga de electricidad recorrió el cuerpo de la chica, paralizándola de deseo, era demasiado tarde para no sucumbir al poder magnético que Griffin tenía sobre ella, él lo notaba, ambos estaban conectados de una forma perversa y sobrenatural que ni ellos entendían, y solo comprendían que era una rotunda unión de infierno. -Me vuelves loca-. Susurró Joanna mirando como Griffin se sacaba la camisa por la cabeza con un aire erótico, dejando ver su hermoso cuerpo de abultados músculos y perfecta piel tersa, no pudo resistir apretar las piernas cuando su compañero se arrodilló frente a ella con el rostro más hermoso que otras veces. Su corazón golpeo en su pecho, incontenible, de nuevo volvía el ardor, el inconmensurable deseo del que era adicta, no podía ser racional, no cuando tenía a Griffin pasándole la lengua por el interior de sus muslos, no pudo evitar lanzar un leve gemido al sentir como tocaba sus piernas con deseo, una dolorosa mordida la hizo abrir los ojos provocando un respingo en su entrepierna, el calor subió instalándose en todo su cuerpo, Griffin la miró arrodillado, con increíbles ojos brillantes, se mordió los labios mientras lo miraba comer trozos de su ingle con la sangre escurriéndole por la barbilla manchándole el pecho, para caer en el blanco piso marmolado. Su hambre se volvió incontrolable, ansiaba con todas sus fuerzas poder arrancarle pedazos de carne, lo tomó por el pelo con una mano tirando de su rubio cabello hacia atrás, ansiosa se inclinó para meter la lengua en la boca ensangrentada de su compañero que le regresó el beso con intensidad, de un momento para otro ella se irguió trayéndolo consigo sin despegarse de aquel beso caliente y caníbal. Griffin recorrió el cuerpo de Joanna con las manos en deseo, y vuelto loco le sacó el vestido con desespero, la tomó por la cintura alzándola unos centímetros del suelo para llevarla a la cama que clamaba por ambos, la dejó caer sobre el colchón provocando un ruido seco, se sacó los pantalones mientras se relamía los labios cubiertos en oscura sangre demoniaca. Joanna estaba consiente que no podía hacer algo así, mucho menos en ese lugar, si se descuidaba podía ser descubierta y todo lo que había construido en aquel día se desmoronaría así de la nada, pero entre ella y aquel demonio había algo difícil de describir, era cósmico lo que ambos tenían, podían intentar matarse todo el tiempo, pero no podían vivir uno sin el otro, no si eso implicaba no volver a estar tan unidos en un increíble acto s****l que era completamente fuera de ese mundo. -Te daré tanto como te gusta, que te verás obligada a gritar de placer-. Le susurró él mientras se deslizaba entre sus piernas con una poderosa embestida que la hizo gemir, dejándose llevar por aquel torrente de sensaciones placenteras, que no podía dejar de tener mientras Griffin salía una y otra vez de su interior en un interminable contoneo de caderas y gemidos sordos. No fue hasta que empezó el festín en ambos que la verdadera explosión de delicioso placer les ponía los ojos tras la cabeza, tanto que ella tenía que cubrir sus poderosos gemidos con sus manos con el fin de evitar que alguien se diera cuenta de la carnicería que estaba pasando en aquella habitación tan blanca. Estaban tan hambrientos que la sangre que brotaba de las heridas era inmediatamente devorada por el otro en una habilidad casi mágica, tanto que solo unas cuantas manchas lograron pintar las pulcras sábanas de la cama, mientras en esta misma el degenere depravado de sus deseos los consumía, el ruido de la carne masticándose, la sangre brotando, el choque de las pieles y los gemidos eran un huracán de erótico sadismo que continuó hasta bien entrada la madrugada. No fue hasta cuando ambos explotaron en otro increíble orgasmo inhumano que acabó con todo rastro de energía que podido conseguir uno del otro. Joanna se desplomó sobre el colchón, agotada por lo que tanto amaba, una larga sesión de sexo violento, aun sintiendo los espasmos del clímax sintió como Griffin cayó sobre su espalda entre jadeos y un potente olor a sangre. -En verdad te odio muchísimo “G”-. Joanna se apartó a su ex compañero de encima a duras penas, el hermoso muchacho cayó sobre su costado derecho mientras ella reposaba boca abajo sobre el colchón pintado de sangre. -Lo sé-. Dijo acomodándose de espaldas en el colchón. La fresca brisa helada enfriaba los restos de fuego que había quedado entre los dos, mientras la noche refulgía más oscura que nunca. -Esta por amanecer, ya vete-. La pelirroja se movió saliendo del lecho amatorio para sentarse sobre un hermoso sofá de terciopelo rosado. Griffin sonrío con aquella perfecta sonrisa que a ella le encantaba, y salió de la cama para acomodarse los pantalones, a diferencia de su amante, las heridas que pintaban su piel comenzaron a sanar mucho más rápido de como ella estaba curándose. -Ah, ahora entiendo porque tenías tanta energía mientras yo ya no lo soportaba-. Dijo Joanna con los ojos entrecerrados y con algunos tajos de carne faltante aun sangrando. Griffin soltó unas carcajadillas que puso de mal humor a su compañera, pero lo vio caminar hasta el ropero donde había salido y lo esperó hasta que el chico salió con algo enredado en un pedazo de tela roída. Joanna tenía tanta hambre que sus sentidos estaban tan alterados que desde allí logro oler el fantástico olor de la carne fresca, se puso de pie de un brinco mirando el largo pedazo de carne que la instaba a saltarle encima para quitárselo, sin embargo no tuvo necesidad, él se lo arrojó de un movimiento habilidoso, ella lo tomó en el aire, de inmediato supo que parte del cuerpo se trataba, babeando arrancó la tela de su comida, en unos cortos segundos miró como un fresco brazo completo se contoneaba en un mar de olores, todos apetitosos, no esperó más, de inmediato se puso a comer como un animal mientras Griffin la miraba con los brazos cruzados en el pecho. -Creíste que te dejaría morir de hambre, ¿no es así?- Dijo poniéndose de regreso la camisa. Sin embargo ella no contestó, no podía, estaba muerta de hambre, y eso sería suficiente para regenerar su cuerpo lo suficiente para darle energía por un día, en cierto momento el olor de Griffin desapareció de sus fosas nasales, sabía que se había marchado, fue allí que dejó de masticar y fijó su vista en el balcón, soltó aire por la nariz sentándose sobre el sofá, ahora si se sentía con todo el peso del mundo sobre los hombros, el brazo se le resbaló de las manos, fue allí que las lágrimas brotaron de sus ojos incontenibles por primera vez después de 8 años. Creía en ese punto que haber regresado, había sido un grave error.
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