CAPÍTULO 11 IMPULSOS

3524 Palabras
Soñaba. Muy profundamente en la inconciencia de su mente, vívidas imágenes de una vida a la que había renunciado, se proyectaban en lo profundo de su cerebro causándole un estremecimiento que se apoderaba de ella sin control. Se remolinó mirando entre sueños como los recuerdos pasaban como una película a tal punto que pareciese como si fueran completamente reales, inclusive podía sentir las sensaciones que había vivido en aquel tiempo. La proyección en su mente se detuvo en una noche en particular, en el recuerdo era muy tarde por la noche, estaba envuelta en un hermoso vestido de terciopelo color vino, de corte sirena, ojal en los hombros y una larga cola que se extendía unos metros en el suelo pulcro de porcelanato n***o, que brillaba con el contraste de la luz blanca del majestuoso salón, adornado con largas cortinas negras que ondeaban en el techo junto a amplios candelabros antiguos de enormes cristales negros con forma de gota. Todavía podía recordar entre los sueños la armoniosa música instrumental, el acorde de los violines y el sonido fino del piano… en aquel lugar donde había muchas criaturas de infierno, podía mirar unos enormes ojos bicolores que le regresaban la mirada desde el otro extremo del salón, la tensión se apoderaba de ellos en aquellos días, tanto que no pudieron soportar la distancia que los separaba… Los taconeos de sus zapatos dorados repiqueteaban en el suelo mientras los pequeños diamantes de su elegante collar de cascada dorado se contoneaban con cada movimiento de sus abundantes pechos que se asomaban de su escote. Habían tenido que acercarse para volver a estar bajo el contacto de sus pieles; ya hacía unos 6 años de aquella fiesta salida de las entrañas del tártaro, y podía soñarlo tal y como había pasado esa noche, incluso el olor de las velas todavía se instalaba en lo más profundo de su memoria mientras soñaba… Aquel encuentro entre ambos exploto en un beso caliente que borró a los demonios que bailaban a su alrededor, esa noche se devoraron los labios con el hambre creciendo como un torrente en sus estómagos sobrenaturales, un estremecimiento se apoderó de su piel en el sueño y en la realidad solo de recordar las sensaciones que él le provocaba. Fue allí que una mano intrusa apartó a la pareja de su festín de besos caníbales que ya les pintaban los labios de sangre, los ojos oscuros de una criatura de exuberante rostro y hermosa piel canela los miraba con carnosa boca pintada de rojo, llamada “Ginebra”, Griffin estiró los labios en una sonrisa de dientes blancos, no había necesidad que se usaran palabras para entender que era lo que venía a continuación. En ese momento la música tronó más fuerte al tiempo en que la comida entraba al salón con miradas entorpecidas y con ligeras ropas de lino semi transparente, que dejaba poco a la imaginación, que dejaban ver partes de su cuerpo que por lo general estarían ocultas a la vista, dándoles esa apariencia de pinturas griegas que tanto les hacía agua la boca; la noche apenas empezaba y estaba por mejorar, los ojos de las criaturas se aplastaron en las masas de carne que se movían en silencio al centro de la pista, Joanna y su compañero se miraron con un gesto de excitación, tan incontenible que no veían la hora para poder clavar los dientes sobre la carne blanda y jugosa que tanto los volvía completamente locos, solo allí fue que la música dejó un constante tamboreo, tensando más el pesado ambiente que erizaba la piel de una manera totalmente desagradable, mientras el olor de la comida se les metía por la nariz activándoles el primitivo instinto que los dominaba. Sus cuerpos respondieron a la repentina hambre que se apoderó de todos, sus pieles erizadas los preparaban para saltar sobre la comida que había llegado por su propio pie, para ser devorados por infernales criaturas que solo vivían para comer carne humana. El cerebro y sus instintos se activaban y ya no había marcha atrás, las piernas flexionadas se preparaban, un remolineo en la realidad de Joanna casi la tira de donde dormía, mientras que en su sueño, el remolineo era por el impulso de saltar sobre una bella muchacha humana de rostro de mármol que le había regresado la mirada, cuando clavó sus fieros ojos bermellón, las ganas de la sangre le picaban mientras el cosquilleo del deseo se instalaba en su entrepierna descontrolándola, terminando de su festín disfrutaría de la carne de su sádico amante; el constante ritmo de los tambores marcaba el tiempo en el que podrían arrojarse sobre su comida, tan rápidos y poderosos como el ritmo de sus corazones mientras esperaban que el tambor dejara de sonar. Fue en el peor momento de su instinto cuando el tambor se detuvo, allí las bestias miraron fijamente al numeroso grupo de personas que esperaban su muerte inminente, la adrenalina se escurrió por sus venas, allí en la explosión de la sangre bañándolos y el sonido estridente de los gritos, fue que salió de la inconciencia del sueño de un abrupto saltó que la tiró al suelo del cuarto; Joanna abrió los ojos de golpe con las rodillas y las manos en el frio mármol del piso, su respiración agitada la hizo entender que todo había sido un recuerdo proyectado en sueños, la pelirroja se relamió los labios entendiendo donde estaba, comprendió que estaba sobre una enorme mancha de sangre semi seca, desnuda entre el sillón y su cama, los rayos del sol de la mañana se colaban de su ventana abierta calentando la habitación. Apretó las manos en puño mientras intentaba ponerse de pie con las energías llenas debido al pedazo de carne que Griffin le había regalado, tomando aire se puso de pie mirando el desastre que tenía como cuarto, un estremecimiento le recorrió la espalda, además del suelo, sobre las sábanas blancas reposaban un grupo de manchas de sangre que le traían gratos recuerdos de la noche anterior, además de los roídos huesos que se apilaban junto el sillón donde se había quedado dormida, tenía que lidiar con las almohadas arañadas y el colchón manchado. Levantó la mirada para comprobar la hora, las 7 de la mañana era una hora adecuada para ponerse a arreglar el desastre que había provocado, así que poniéndose en marcha se apuró en limpiar lo mejor que pudo, tomando toallas del baño y mucha agua, limpió lo que pudo además de que tapó la cama arreglándola para que no pareciera una escena del crimen, lo que no le causó problema, estaba acostumbrada, no era la primera vez que estaba en una situación como esa, por ende sabía cómo hacer que todo pareciese de lo más normal. Exactamente una hora le tomó poder ordenar la habitación, pero no fue suficiente como para evitar que unos pasos se escucharan en el pasillo dirigiéndose hacia su habitación. Joanna abrió los ojos tan grandes como su cara en el momento en que una inyección de adrenalina le recorría las venas, todavía no estaba lista, todavía su cuerpo pintaban motas de sangre seca por toda su piel, no podía dejar que alguien la mirara de esa manera, así que moviendo los ojos como una loca busco su bata, la que encontró acomodada sobre el respaldo de su silla en su tocador, casi volando se enredó en ella mientras peinaba la sangre seca de su pelo, a tiempo para que unos ligeros golpecitos en su puerta la llamaran con insistencia; tragando saliva con dificultad miró como la puerta se abrió sin permiso de la que asomó el rostro fresco de Enith, con una enorme sonrisa de labios rosados, ella pestañeó cuando la miró de pie frente a la puerta como una retrasada. -Joanna-. La llamó entrando completa al cuarto, la pelirroja se cruzó de brazos mirándola con un toque de nerviosismo. -Enith, ¡Buenos días!- La saludó. La atractiva chica de abundante pelo n***o le regresó la mirada con los ojos entrecerrados. -Es una sorpresa mirarte despierta tan temprano…- habló Enith caminando a su alrededor, como si la estuviese acechando, muy propio de ella –pero claro-, hizo un gesto con la mano quitándole importancia a lo que dijo en un principio –debes haber cambiado después de este tiempo, querida amiga-. La miró a los ojos. Joanna parpadeó dibujando una tenue sonrisa. -Es gracioso que recuerdes ese dato mío tan irresponsable-. La pelirroja se sentó sobre su cama soltando aire por la nariz. Ambas soltaron unas carcajadillas sonoras. -Bueno amiga, solo eso puedo recordar, además es todo lo que puedo hablar contigo-. Soltó con un toque de veneno, volviendo a herirla, ella en cualquier oportunidad aprovecharía para recordarle su ausencia por tanto tiempo, como si fuera su culpa el haberse ido así sin más, y es que ella no lo sabía, pero no podía hablar de algo como eso. Tragó saliva con mucha dificultad. -Supongo que has venido para irnos a tomar el desayuno-. Musitó Joanna cruzándose de brazos. Enith sonrió mirándola con ojos brillantes. -En realidad quiero que estés conmigo en mi sesión de fotos-. Dijo poniéndose de pie de la silla, estiró el brazo para alcanzarla con la emoción desbordándosele del pecho. -¿Sesión de fotos?- La chica sobrenatural frunció el ceño, pero tuvo otro nuevo recuerdo de hacía tanto tiempo, Enith siempre repetía que algún día se convertiría en una reconocida modelo, y al fin lo había conseguido. -Así es Joanna-. Dijo dando una vuelta sobre su propio eje como si se tratase de una niña pequeña. -Me alegro Enith-. Musitó con sinceridad. -Ponte algo lindo y vámonos-. Le ordenó con un toque de diversión –En 15 min inicia mi sesión.- Asintió con la cabeza poniéndose de pie de pronto, y con recelo se metió dentro de su enorme ropero que estaba atascado de elegante ropa preciosa que le debía quedar a la perfección, a Joanna no le interesaba la ropa que tuviera puesta, así que tomó lo primero que alcanzó y se lo acomodó de inmediato solo con el cuidado de limpiar las manchas de sangre seca, para que no se miraran ante los ojos de nadie, ya más tarde se tomaría una larga ducha que además de limpiar su cuerpo, la revitalizaría. Enith hizo una mueca reprobatoria cuando la miró salir del armario con lo primero que había encontrado, sin embargo, su ex amiga de adolescencia no le dijo nada sobre su mala combinación de ropa, y volviendo a largarle el brazo la alcanzó tomándola de la mano con sutileza. Las dos salieron de la habitación con una Enith brillando por sí sola, mientras le decía que terminando de su sesión tendrían un apetitoso desayuno de ensueño junto a Chariose, para Joanna aquella letanía la tenía sin cuidado, por su mente no hacía más que recordar los acontecimientos de la noche anterior, se preguntaba sobre cómo podría lidiar con Griffin ahora que sabía que estaba en el castillo, él había dicho que ahora que ella estaba frente a Chariose solo se limitaría a mirar, sin embargo, lo que además la alteraba era saber cómo Griffin se pondría a mirarla, no quería saber cómo él estaría presente, solamente tendría por ahora que pensar en las posibles situaciones en las que tendría que resolverlo. -¡Oh, preciosa Enith!- La tomó por sorpresa la estridente voz chillona de un hombre de mediana edad, Joanna parpadeó mirando a su alrededor, sin darse cuenta se percató que estaban en medio de un hermoso jardín de frondosos árboles y bellas fuentes de agua cristalina. -Pierre-. Respondió ella corriendo a abrazar al amanerado hombre calvo que le devolvía el abrazo con un par de besos en las mejillas al soltarse. -¡Tan sexy como siempre!- Comentó Pierre mirándola de arriba abajo con aire coqueto. Enith sonrió cubriéndose los labios con fingida inocencia. -Oh, pero mi querido-, Enith se giró para mirar a Joanna quien se encontraba unos pasos tras ella, los ojos del hombre se fijaron en ella, él la miró de arriba abajo con un gesto reprobatorio al comprobar la mala combinación de ropa que llevaba puesta –ella es de quien siempre estoy hablándote, ella es la comidilla de todo el reino en estos momentos, “mi mejor amiga Joanna”-. La presentó aún con la sonrisa en el rostro. Pierre forzó una sonrisa mirando a Enith y luego a Joanna como si no pudiese creer que fuera ella de quien todo el pueblo hablaba, no creía que Joanna fuera a quien el atractivo soberano casi perdía la cabeza buscándola. -Tienes un look soberbio querida-. Respondió Pierre haciendo un gesto de ironía en el rostro. Para Joanna aquellos gestos no hacían más que divertirla, y no era que le molestara que aquel hombre la mirara con desprecio, no por su carente sentido de la moda sino por la envidia que le provocaba por ser quien casi provoca que el rey se volviera loco, sino porque era irónico darse cuenta que por muchos años fue envuelta en las más finas y raras telas exóticas a manos de los más antiguos e icónicos artistas de otros tiempos, que no hacían más que transformarla en su musa. Joanna le regaló una sonrisa divertida mientras el hombre se giraba para tomar toda su atención sobre una Enith que hablaba con su fotógrafo, quien le indicaba algunas ideas de poses para la hora de modelar, Joanna se sentó sobre una silla cerca para mirar como terminaban de acoplar el escenario, vio como un grupo de técnicos y un par de fotógrafos se atareaban en acomodar los últimos detalles, mientras en una pequeña cabina Enith era vestida y preparada de la mano de Pierre. Muy para su fortuna aquella sesión terminó a tiempo para tomar el desayuno, vio como completamente emocionada se despedía de todo su equipo para dirigirse a una Joanna fastidiada y aburrida, y no es que además de que tendría que lidiar de nuevo con Chariose y Bowie, tenía que luchar por no vomitar toda la comida que les servirían como desayuno. Muy para su sorpresa, Enith le pidió a Pierre que la pusiera guapa, ella se vio obligada a dejar que el hombre la vistiera muy de mala gana. Lo que no se esperaban fue que al terminar de peinarla, vestirla y maquillarla se dieran cuenta que la belleza natural de Joanna se realzaba con los accesorios que llevaba puestos, Pierre no tuvo más que verse obligado a aceptar que la chica de grandes ojos color bermellón era tremendamente hermosa, una de las cejas de Enith se movió en un gesto de perturbación cuando miró a su “amiga” enredada en un bello vestido de cóctel color verde oscuro que resaltaba su piel lechosa y su intenso pelo rojo. -No creo que pueda acostumbrarme a toda esta faramalla-. Habló la atractiva pelirroja mirando el entallado vestido que le realzaba las curvas. -Si lo creo-. Respondió más para sí misma Enith que la miraba de arriba abajo, con un toque de celos en la mirada. Joanna parpadeó mientras ambas salían del pequeño espacio donde las arreglaron para emprender el camino de regreso al comedor, donde Joanna no quería estar, así que torciendo el gesto dejó que Enith se la llevara de la mano, sin embargo a medio camino de su destino, una idea totalmente descabellada asomó en la mente de la pelirroja como un rayo, estiró los labios en una sonrisa juguetona y se detuvo en seco, frenando de pronto a una Enith que frunció el ceño cuando le regresó la mirada. -¿Qué haces? ¿Debemos ir con el rey?- El pelo n***o de Enith se meció con la brisa que se colaba de las largas ventanas abiertas del pasillo. Joanna la tomó con ambas manos con el picor de la travesura atravesándole todo el cuerpo. -¿Qué te parece si nos escapamos por unas horas del castillo?- Confesó la hermosa chica con los labios estirados en una sonrisa de media luna. La que fue su mejor amiga por mucho tiempo parpadeó de pronto sorprendida por las palabras de ella, mientras está última regresaba sobre sus pasos con cautela, Enith avanzó unos cuantos pasos, pero terminó soltándose del agarré de la muchacha con aire asustado. -¿Por qué haríamos eso?- Dijo, pero Joanna no se sorprendió de la reacción de su compañera, sabía que Enith era demasiado estricta con sus convicciones, sin embargo aún pensaba que tenía aquel espíritu aventurero del cual miles de historias tenían que contar cuando eran más jóvenes. -¿No te parece aburrida todo esa etiqueta?- Se encogió de hombro estirando un brazo para tomar el de Enith, pero ella, se alejó un paso de Joanna. -Debes estar loca, no podemos hacer eso-. Se cruzó de brazos mirando con recelo a su alrededor, como si de pronto Joanna fuera una completa desconocida que le proponía irse con ella quien sabe a dónde. La pelirroja parpadeó con fastidio. -Saldré por unas horas Enith, está bien si no quieres venir-. La pelirroja se dio la vuelta comenzando a caminar con dirección a la salida, Enith abrió los labios en un gesto de sorpresa, su antigua compañera de pelo rojo le estaba por colmar la paciencia, sin embargo, Enith no la detuvo. -El rey se volverá loco, ¡no sabes lo que estás haciendo Joanna!- Le gritó de pie en el pasillo clavada en el suelo como una estatua. Joanna le hizo un gesto de desinterés con la mano sin voltear la mirada a sus espaldas, lo que más deseaba era salir de allí lo más pronto posible, estaba por asfixiarse y ya no lo soportaba más, salió a las puertas del castillo casi corriendo, confiada en sí misma, atravesó la entrada sin mirar a los guardias que le regresaron la mirada quietos como estacas, por un momento creyó que alguien la detendría, pero muy para su fortuna no fue así… Completamente emocionada miró al frente, donde la ciudad se expandía frente a sus ojos, de nuevo estaba en libertad, el viento le mecía el cabello y sus piernas picaban por salir corriendo, ansiaba sentir la hierba fresca bajo sus pies y la lluvia fría contra su cara, así que satisfecha caminó a las entrañas de la ciudad, sabía dónde debía ir, conocía perfectamente la zona como para no perderse. Con los ojos mirando como una loca contempló como las personas se preparaban para el vistoso carnaval que tomaría 3 días de sus vidas, los últimos detalles estaban afinándose y quienes ya estaban listos, dejaban ver su mercancía en un mercadillo vistoso que llamaba la atención para quienes no conocían de aquella singular tradición, un recuerdo le movió el corazón, sus padres acostumbraban traerla al carnaval para colmarla de dulces y juegos, de los que terminaba tremendamente colmada, sonrió con melancolía mirando un puesto de esponjosos algodones de azúcar de mil colores, apenas era de mañana y las personas ya estaban celebrando, una emoción le llenó de adrenalina el cuerpo, la noche sería mucho mejor, se recordó a ella disfrutando de los carnavales donde se divertía a lo grande, a lo largo de su travesía había tenido la oportunidad de conocer diversas celebraciones en cada ciudad o pueblo que llegaban, y como siempre, no desperdiciaban la oportunidad para dejar que sus instintos se desbordaran como una tormenta eléctrica. Su piel se erizó cuando los recuerdos se apoderaron de ella mientras se adentraba en el mercadillo mirando todo a su alrededor como si estuviese en una juguetería. No podía evitar que las personas la voltearan a ver, en realidad aunque no lo quisiese, siempre llamaba la atención por donde quiera que se presentaba, sin embargo no dejó que algo como aquello le quitara todo el espíritu de aventura que la dominaba, lamentablemente no tenía dinero para terminar de darse el gusto, así que tuvo que reprimir sus ganas de hacerse de alguna chuchería que le gustaba. Sonrió volviendo a percibir el olor de Griffin, el que apareció de pronto caminando al lado suyo, todavía no podía descifrar como era que él podía hacer algo como eso, pero era algo que le encantaba, era como mágico, aquella conexión se sintió tan abrazadora como siempre. Ambos se miraron a los ojos caminando en silencio por unos cortos momentos. -¿Esto no te trae…?- -Recuerdos-, lo interrumpió Joanna asintiendo con la cabeza –claro que sí-. Comunicó reviviendo sus recuerdos. Griffin se metió las manos a los bolsillos, hasta ese punto, estaba completamente recuperado, y ahora que lo volvía a ver, lucía increíblemente apuesto. -Espero que tu aventura valga la pena al final-. Griffin le sonrió mirándola fijamente. -Siempre valdrá la pena-. Respondió la pelirroja, en aquel momento la conexión que ambos poseían los hizo entender que era lo que harían a continuación, y es que ya tenían tanto tiempo divirtiéndose así desde siempre, que no necesitaban las palabras para entenderse el uno al otro. Ambos comenzaron la diversión, como en los viejos tiempos, la ronda de sangre, violencia y sexo se estaban por desatar en el reino de Chariose.
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