CAPÍTULO 18 NOCHES DE ENCANTO I

3422 Palabras
De pronto el pánico le recorría todo el cuerpo sin poder hacer nada, mientras unos ojos dorados se posaban iracundos en el agarre donde Griffin la tenía bien sujeta, y sobre todo, sobre su ex compañero de caza, quien muy para su pesar era el último que deseaba que Chariose viera. Un escalofrió le recorrió la espalda. Ella se zafó del agarre del rubio con disimulo sin poder decir una palabra, pues se encontraba envuelta en terror, las palabras se atoraban en su garganta. -Oh, su majestad-, irrumpió Griffin cambiando su actitud sombría de pronto, Joanna parpadeó mirando como su compañero refulgía una cara de jovialidad –nos ha interrumpido en medio de un reencuentro-. Griffin se acercó al rey haciendo una leve reverencia. Chariose frunció el ceño, mientras el corazón de ella se estaba saliendo de su pecho, completamente paralizada en el frio suelo de piedra. -¿Reencuentro?- Masculló el soberano con voz de trueno. -Así es su alteza-, Griffin miró a Joanna con ojos brillantes –la hermosa Joanna y yo convivimos por un tiempo como buenos amigos, antes de que ella desgraciadamente tuviera ese ataque con el misil… - -¡Que!- Lo interrumpió Chariose abriendo los ojos tan grandes como su cara, de pronto el rostro del rey se contorno en una mueca irritada. Joanna tuvo un mini infarto, todavía sin saber que decir ante las semejantes proezas que estaba diciendo Griffin. -Desgraciadamente su magnificencia-, Griffin hizo un fingido gesto de tristeza –me acabo de enterar por propia voz de ella que había olvidado mucha de su vida antes del “accidente”-. Dijo, el corazón de Joanna latió con fuerza consiente de el plan que estaba desarrollando el retorcido Gul. -¿Joanna?-, Chariose posó los ojos sobre el rostro de ella -¿Es verdad lo que dice?-En aquel momento la presencia de Bowie rompió con la incómoda tensión que se había formado desde que el rey había aparecido. -Aaa, yo… este, si, recordé que lo conocía cuando vi su rostro, cuando salí a tomar aire-. Se cruzó de brazos apartando la mirada de la del rey, simplemente no podía verlo fijamente. -¿Joanna donde conociste a Dorian de Yolum?-. Preguntó el incrédulo general, evidenciando que era completamente imposible que Joanna pudiera interactuar con un descendiente de un antiguo rey del desierto. La pelirroja sintió un poderoso latido al comprender que Griffin había jugado sucio, apretó las manos en puño mirando a “Dorian” con cara de pocos amigos. Él la miró con la sonrisa todavía pintada en los labios. Mientras el gesto completamente dudoso del rey era tan evidente que pareciera que no le creía de nada. -Aún tengo ciertas cosas borrosas, pero, si, recuerdo a Dorian, él y yo nos conocimos en Yolum…- -Ella estaba bailando en una fiesta cerca de la mansión de mi familia-, “Dorian” actuó bien su emoción de melancolía, como si en verdad sintiera aquella escena claramente inventada. -¿Qué hacías hasta allá?- Chariose no podía lograr quitar su cara de incredulidad. -No lo recuerdo-, quitó sus ojos de los de él –todavía-. -Entonces en verdad escapaste-. Intervino Chariose de pronto herido, entendiendo lo que sus palabras aquella noche habían provocado, el corazón del rey se estremeció, pero no dejo que su debilidad se evidenciara. En cambio su expresión se tornó severa. El poderoso rey sol, en aquel momento despegó sus labios para hablar, pero fue interrumpido por un molesto rubio quien alargó una mano en dirección a una muy consternada pelirroja que apartó los ojos de Chariose para mirar muy para su pesar al promiscuo noble. -Perdónenos mi rey-, la voz de “Dorian” sonó jovial mientras tomaba de la mano a Joanna que lo miraba con efectivo conocimiento de él, Chariose apretó las manos en puño con disimulo mientras Bowie todavía sin podérselo creer se remolinaba incomodo, al estar consciente de lo que podía provocar en el poderoso rey sol –pero Joanna y yo estábamos por irnos a bailar-, Griffin le sonrió al rey con evidente sonrisa malvada –perdone, pero, estábamos tan emocionados por encontrarnos de nuevo que quisimos volver a retomar los recuerdos-, el descarado rubio le guiñó un ojo –además dicen que esa fiesta suya en el ala oeste del castillo es de las mejores-. Finalizó haciéndole una reverencia sin soltar de la mano a Joanna, quien completamente apañada, imitó a Griffin, y sin mirar a los ojos a un rey oscurecido se disculpó comenzando a caminar de la mano de su compañero sin regresar la mirada, ni al rey ni a su general. Con el corazón galopando en su pecho, se obligó a mantenerse silenciosa mientras entraban al elegante salón de fiestas que no tenían ni un toque de perturbación, forzó a sus piernas a caminar mientras sentía las miradas de toda la fiesta clavada en su espalda, pero, no como la del propio rey, quien se incrustaba en ella como una poderosa daga venenosa, no fue hasta que salieron al pasillo que relajó los hombros y apartó la mano de Griffin, quien le sonrió cuando quedaron solos en el pasillo. -Tengo tantas ganas de matarte ahora que no me puedo contener maldito hijo de puta-. Lo insultó ella mirándolo con ojos corrosivos, él se cruzó de brazos con diversión. -Te acabo de salvar el trasero y así me pagas preciosa-. Se cruzó de brazos mientras ambos caminaban por el pasillo. Joanna se silenció, tenía razón, Griffin la había sacado de la sentencia de muerte justo a tiempo en que se había quedado completamente helada ante la inesperada aparición del rey. Sin embargo, también estaba la otra situación, Griffin se había presentado ante el rey sin que ella lo pudiera evitar, se había además, colado en la fiesta deliberadamente para ponerla en jaque; sonrió con ironía, Griffin siempre había sido listo a la hora de joderle la vida, y ella una completa estúpida por creer que él no haría nada que la pusiera en una situación incómoda, ¡como si no lo conociera!, y es que se excusaba con la idea de que estaba completamente distraída con sus propios problemas que no previo que Griffin hiciera de las suyas, y ahora, no solo había mentido más a Chariose, sino que Griffin con la farsa de su descendiente “Dorian” podía tenerlo más cerca del rey. Joanna no sabía que más podía hacer para que su compañero no siguiera causando problemas. -¿Qué hiciste con el verdadero Dorian? ¿Es tu descendiente no es así?- Preguntó ella con el fin de que la rabia se le escapara por los poros. Griffin se puso las manos en los bolsillos mientras se encontraban con un grupo de jóvenes quienes lo más seguro era que se dirigieran a aquella fiesta, la cual ya comenzaba a escucharse a lo lejos. -Me lo encontré por casualidad en ese burdel de la otra noche-, la miró sonriendo –estaba haciendo honor a su fama de libertino-, se carcajeo, Joanna puso los ojos en blanco, luego Griffin puso la mirada seria –pero, para serte sincero, tenía mucho que no miraba a un descendiente de la que fue mi familia hacía ya milenios-, la mirada del chico de ojos de colores se nubló por unos momentos, por mucho que Joanna hubiera disfrutado verlo sufriendo, con aquel tema no podía ser tan cruel, pues, lo entendía, para cualquiera de los Gules, hablar sobre el tema de sus orígenes eran temas delicados, extremadamente doloroso –al último de ellos a quien vi cuando era apenas una infante, fue a su abuela-. Confesó soltando aire por la nariz, Joanna se relamió los labios. -¿Lo mataste?- Preguntó ella bajando la voz, de pronto la fiesta estaba ya sobre ellos, solo faltaba traspasar unos amplios pasillos hacia otro nuevo salón. Griffin le devolvió la mirada soltando unas carcajadas. -Dorian parecía estarse divirtiendo demasiado en esa orgía que le organicé-, se encogió de hombros, las puertas donde la fiesta se desarrollaba apareció frente a ellos –así que le propuse cambiarse de lugar-, Joanna se cruzó de brazos –de inmediato aceptó, y acordamos que lo suplantaría en lo que durara su estadía en Radu-. -Tienes el cabello rubio, los rasgos propios de su linaje, no abra quien note la diferencia-. Joanna y él se plantaron frente a las puertas colosales, las cuales se abrieron de par en par para dejar ver una exuberante fiesta con música que se desarrollaba para los jóvenes nobles del reino. Griffin silencioso tomo del brazo a Joanna, y la arrastró hacia la pista de baile sin que ambos dijeran algo más, la cólera en el cuerpo de ella se terminaba de desaparecer, el amor y odio que tenían ambos era algo habitual en ellos, además su problema estaba resuelto, por el momento. La fiesta no era nada como las que estaban acostumbrados, sin embargo, era suficiente para que se divirtieran lo necesario, así que olvidando por un momento los acontecimientos de hacia un rato, comenzó a bailar junto a Griffin, completamente absorta en la sonora música moderna, Joanna cerró los ojos pegándose al cuerpo caliente de Griffin, quien de inmediato la estrechó a él en un baile completamente erótico, que no tardó en llamar la atención de quienes los rodeaban entre bailes, esto no pareció importarles, pues continuaron mientras los ojos de todos se pegaban en ellos entre cuchicheos y risillas, las personas observaban admirados por aquellos movimientos de caderas de ambos, la música no era con la que bailaban en sus fiestas de degenere, también quedaba con aquellos movimientos que calentaron a los presentes de tal manera que no podían dejar de verlos. Aquel baile, le sentó bien a ella, tenía tanto que no se divertía de esa manera que lo recibió completamente gustosa. Sintió las manos del rubio recorriendo su cuerpo una y otra vez, hasta que sus caricias fueron más allá, se aventuró a apretar sus pechos y nalgas a libertad sin importarle que continuaran mirándolos, Joanna abrió los ojos, consiente que él estaba siendo descarado, parpadeó apartando las manos del muchacho. -Eres un sinvergüenza de lo peor-. Mascullo, pero Griffin en vez de detenerse, la tomó de las caderas para girarla y acoplarla con la espalda de ella contra el pecho del rubio con fuerza, para así rosar su entrepierna contra el abundante trasero de ella, Joanna apretó los labios, de pronto incomoda, pero cuando quiso apartarse del rubio, él se lo impidió aplastándola en su atractivo cuerpo. -No pareces ser Joanna ahora-. Él le susurró al oído, erizándola. -No seas idiota G, esta no es una fiesta como las de los arrabales de la ciudad y mucho menos, es una fiesta de la de cualquier Gul-. Se excusó. -Ah mí querida, en verdad te desconozco, como si eso te hubiera importado en el pasado-, volvió a pasar las manos por su cuerpo –te recuerdo que en una fiesta parecida a esta, te hice mía-, le pasó la lengua por el largo de la oreja, causándole un estremecimiento -¿Oh, acaso ya olvidaste como me deslicé dentro de ti en medio de la música y los cuerpos retorciéndose?- Mordió por donde había pasado su lengua hacia unos segundos, Joanna abrió los labios en un tenue gemido ahogado por la música. -Es suficiente-. Exclamó ella más en un imploro que otra cosa. La mano curiosa del muchacho se deslizó por su muslo con camino a su entrepierna, fue allí que Joanna abrió los ojos y logró apartarse del cuerpo del chico muy para su pesar, ella resopló luchando con el ardor poderoso que siempre la dominaba cada vez que tenía cerca a Griffin, el muchacho la miró con intensos ojos de colores con el calor encendiéndole la cara. -¿Me has rechazado?- Se quejó él, evidentemente sorprendido. Joanna se relamió los labios a unos pasos lejos del rubio quien la miraba con los ojos bien abiertos. Fue en aquel momento en que ambos se miraban con intensidad, cuando Joanna escucho una voz femenina que reconoció al instante, asustada, miró en dirección de la voz para sorprender a una Enith que la miraba a ella y a su compañero, su ex mejor amiga de adolescencia reparó en el hermoso Griffin, mirándolo con adoración, como si a quien mirase fuese a una bella divinidad imposible. -¿Joanna?- Volvió a llamarla acercándose, mientras los nervios de la pelirroja se apoderaban de ella, en el fondo rezaba que Enith no hubiera visto el toqueteo que había tenido con su compañero, así que dudosa, la miró acercarse regresando la mirada a Joanna –Te he estado buscando desde hace rato-. Confesó acoplándose junto a la pelirroja, y con aires joviales enrolló el brazo en el de Joanna. -Oh, Enith…- -¿No vas a presentarnos?- La interrumpió mirando con aires coquetos a Griffin, Joanna soltó aire, se cercioraba que al parecer Enith no había visto nada que la comprometiera, sin embargo, también comprobaba que la elegante chica de pelo n***o estaba interesada en el atractivo Griffin. Joanna sonrió, Enith siempre la divertía, la chica resultaba tan predecible y simple. -Querida Enith, él es, Dorian del desierto de Yolum-. Lo presentó la poderosa Gul, Griffin le hizo una reverencia con una encantadora sonrisa en los labios mientras tomaba la mano de Enith para besarla con deseo. La chica no pudo evitar estremecerse. -Encantado Señorita, usted debe ser la famosa Enith ¿no es así?- Griffin la soltó sin despegar su ojo verde y amarillo de ella. Enith parpadeó. -¿Usted sabe quién soy?- -Por supuesto señorita, la hermosa Joanna me habló de usted-. Dijo. Ella parpadeó de nuevo. -Ah, ya entiendo quién es usted joven Dorian-, Enith se cruzó de brazos –escuché por voz del general del rey que usted y nuestra aventurera Joanna se conocen-. Joanna parpadeo mirando a la chica. Griffin sonrió con perversión. -Las noticias vuelan tan rápido como el viento, ¿verdad?- Dijo el rubio. Enith le devolvió la sonrisa mirando de reojo a Joanna. -Es un milagro que Joanna pudiera recordar algo al verlo, en verdad es algo que nos alegra a quienes la queremos-. Habló ella en un gesto amargo. Fue allí que Joanna interrumpió. -En verdad es algo que a mí también me sorprendió-. -Ya me imagino-. Enith apretó los labios en un gesto de fingida felicidad. ¡Perra! -Confieso que no me acostumbro a esta clase de fiestas-. Irrumpió Bowie llegando al grupo mientras miraba a su alrededor con el ceño fruncido. Griffin se mordió los labios al comprobar la incomodidad en el rostro de Joanna. -Si bueno, eres un anciano raquítico-. Se burló Enith tomando dos copas de vino de una charola que un mesero paseaba por la pista, Bowie la miró entrecerrando los ojos. -¿Anciano?- Bowie se acomodó la solapa del traje con molestia –debes estar loca Enith, solo tengo 30 años-. Él se cruzó de brazos, Joanna borró la sonrisa, no porque no quisiera tener a Bowie cerca, sino por el simple hecho de que él y Enith bromeaban por la fuerte amistad que tenían entre los dos, la que habían formado en su ausencia, tragó saliva tratando de ocultar el dolor que le causó algo tan simple como eso, Griffin lo notó. -Pareces un viejo rabo verde, amargado por el ruido-. Enith se carcajeo extendiéndole una copa a Bowie, quien la tomó con una sonrisa en los labios, Joanna se remolinó, de pronto con las ganas de irse de allí, y eso estaba por hacer cuando la fiesta entro en un bullicio, de pronto en la entrada muy para sorpresa de todos, Chariose hacia acto de presencia, peligrosamente dominante y atractivo que miraba muy por encima de todos, trayendo como consecuencia que Joanna respingara, completamente cansada; Griffin se inclinó en el oído de ella con aires seductores, Bowie y Enith lo miraron, pero no escucharon lo que él le dijo; -Eres un imán de problemas “Ann”-. Se burló él, mientras Chariose se encaminaba con toda la fiesta reverenciándolo, al parecer por culpa de Joanna todo se había salido de control, y sin poder hacer nada tanto ella como Griffin se vieron obligados a ir hasta donde el rey se acoplaría, una zona apartada del antro, donde nadie más que el rey y sus invitados podían entrar, caminaron luego de que Chariose se perdió en aquella zona privada. Griffin y Joanna se miraban cuando entraron a aquella zona que por si fuera poco, tenía su propia pista de baile y bar propio, primero Bowie y Enith entraron luego de pasar una puerta donde un par de guardias apostados en los costados los cuidaban, Joanna entornó los ojos mirando el interior, aquel espacio era completamente minimalista, exuberantemente costoso, un grupo de sillones negros estaban apostados en el fondo donde Chariose aguardaba acompañado por un m*****o de su concejo (el más joven), y por el hijo de Sócrates, un joven muchacho que aspiraba al puesto de capitán de la guardia, de rostro infantil resaltaba su inocente belleza pura, Joanna miró al muchacho junto a un flechazo en el que un Gal poderoso, tomaba posesión de un chico parecido al niño, tragó saliva con dificultad recordando como aquella víctima de Gal bramaba a gritos mientras era violado y posteriormente asesinado por una bestia salvaje. El cuerpo de Joanna se estremeció, Griffin no cabía en excitación, un par de chicas bailaban lo más sensual que podían en la pista completamente exhortas en la música y con el único propósito que Chariose las mirara, unos ojos de colores se posaron en ellas con hambre, Joanna sintió como su compañero se exaltaba completamente envuelto en sus instintos, ella lo miró negando con la cabeza, pero Griffin tenía una expresión retorcida. ¡Mierda! ¿Cómo había terminado así? -¡Su majestad!- Gritaron en coro Enith y Bowie volviendo a hacer una reverencia, Griffin y Joanna se vieron obligados a imitarlos, nerviosa plantó los ojos en el rey, y no le extrañó que él la mirara fijamente, la pelirroja se quedó sin aliento al contemplar a Chariose mirándola con intensidad, además lucia delicioso, acomodado en medio del sillón principal con los brazos extendidos en el borde del respaldo del sillón, se había quitado el saco del torso, resaltando su pulcra camisa negra que tenía un par de botones abiertos en el pecho, su cabello blanco lucia rebelde sobre sus ojos mientras las gemas de sus pendientes y anillos tintineaban con los flechazos de las luces neón, su cuerpo reaccionó erizándose, lo deseaba, siempre lo había fantaseado, tanto que no podía soportarlo, su boca se secó pero su entrepierna se humedeció, como Griffin, sus instintos despertaban, descontrolándola. Un mesero interrumpió su enajenación ofreciéndole una copa de costoso coñac, la cual ambos Gules rechazaron, para después tomar asiento junto a Enith y Bowie, quienes ya comenzaban a estar bajo los efectos del alcohol. Chariose, hablaba con sus invitados y también, muy para el dolor de Joanna con Enith y Bowie, mientras todos recordaban anécdotas sobre acontecimientos de fiestas, galas y carnavales pasados, de las cuales solo en ocasiones eran para incluir a Joanna quien disimulaba su incomodidad escuchando en una sonrisa, incluso Chariose también sonreía al recordar acontecimientos divertidos del pasado en los que claramente Joanna no había estado, en cierto punto de la noche, mientras el rey bebía coñac y compartía con sus súbditos como si de un simple mortal se tratara, tanto el joven ministro como el bello hijo de Sócrates animados por el alcohol se aventuraron a bailar con las dos mujeres quienes reían completamente ebrias, al parecer la fiesta comenzaba para ellos mientras Griffin babeaba de hambre con una Joanna sin poderse contener más. -¿Desea bailar conmigo su majestad?- Preguntó una animosa Enith, tomando por sorpresa a Joanna quien se giró para mirar la respuesta del soberano quien reía sutilmente junto a Bowie, esto también pareció tomar por sorpresa al mismo rey quien miró a Enith con ojos abiertos. Joanna tragó saliva con dificultad. -Enith…- Habló Chariose pero fue interrumpido por un “Dorian” exaltado, quien brincó del asiento con una sonrisa en los labios, todos lo miraron con los ojos abiertos, desconcertados por la energía del muchacho quien parecía estar muy ansioso. Incluso tomando por sorpresa a Joanna, este la tomó por el brazo y tiró de ella, sacándola del asiento de un brinco. -Vamos a bailar, me lo debes-. Masculló arrastrándola a la pista de baile.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR