-¿Qué mierda estás haciendo imbécil?- Susurró Joanna al momento en que quedaron plantados en medio de la mini pista de baile junto a las parejas, quienes bailaron con menor intensidad mirándolos con los ojos bien abiertos.
-Rescatándonos-. Se carcajeó mientras le arrojaba su celular a uno de los meseros quien, atrapó el aparato en el aire con rostro de confusión.
-¿Qué?- Parpadeó Joanna mirando como Griffin gritaba por sobre la música al mesero.
-Ey chico, pon está música-. Le ordenó mientras el mesero miraba a su soberano, quien no emitió ninguna queja, puesto que la curiosidad en el rey se hizo palpable, junto con el de los presentes quienes se limitaron a mirar que era lo que tramaba el rubio efervescente.
-No creo…-
-Cállate Joanna por una vez, solo es música-. En aquel momento la música desconocida comenzó a sonar exclusivamente en la zona privada, luego de que el mesero se afanara en cambiar la música.
Joanna tuvo un estremecimiento al reconocer el ritmo de aquella música que bailaban en aquellas pomposas fiestas de degenere que duraban semanas completas, las cuales solo hablaban de frenesí y lujuria que animaban a perder el control.
Muy para sorpresa de todos, la música sensual tronó en el pequeño lugar, Joanna no pudo evitar sonreír.
-Te odio-.
Griffin se relamió los labios, desbordando voracidad.
-¿Recuerdas esa canción? ¿Justamente tenías este vestido puesto?- El exótico muchacho rodeó la cintura de la pelirroja con una mano para estrecharla a su dispuesto cuerpo que no soportaba su instinto salvaje de saciarse de todo lo que pudiera, Joanna sonrió cerrando los ojos, siendo poseída por el ardor del instinto que a todo Gul dominaba, la respiración de Griffin era audible y pudo sentir su aliento cálido en la mejilla derecha, de pronto olvidó donde estaba, y a ritmo de la música comenzaron a bailar en un desenfreno de lesivos movimientos que hacían sudar a cualquiera, la fiesta entre ellos nacía y no lo podían evitar, Joanna bailaba moviendo las caderas, resaltando las curvas de su cuerpo, mientras Griffin le pasaba las manos por las costillas, los muslos y los brazos, hasta cierto punto ambos reían entre carcajadas reviviendo recuerdos de fiestas desenfrenadas.
Griffin era un experto en dirigir el cuerpo de la pelirroja, quien en ciertos momentos quedaba despegada de su compañero para bailar en solitario, entre giros, movimientos de pelvis, y sus manos por su cuerpo en seducción a su compañero que lucía tremendamente sexy entre sus movimientos tan provocadores, para después terminar uno frente al otro, tan cerca que parecía que en cualquier momento, sus labios se unirían en un deseado beso caliente.
Joanna estaba tan absorta en dejarse llevar por sus instintos que cuando Griffin la giró para volver a tenerla de espaldas sobre su pecho que respiraba apresuradamente, no se dio cuenta que su compañero tramaba ponerla en jaque todavía más, sintió el cosquilleo de los labios del rubio rozar su lóbulo junto con la entrepierna endurecida que se restregaba una y otra vez contra su trasero.
-Eres tan grandiosa que no hay quien no te miré-. Susurró Griffin al momento en que ella abría los ojos, se frenó en seco mirando como todos los veían en la habitación, con los ojos fijos y las bocas abiertas, paso sus ojos bermellón sobre sus espectadores, la pareja que en un inicio estaba bailando, los miraban de pie todavía en la pista de baile con expresiones pícaramente avergonzadas, mientras que un Bowie y una Enith evidentemente envidiosa y sorprendida los veían con la boca abierta y una copa de coñac paralizada en sus manos.
Joanna se giró mirando fijamente a Griffin, Chariose no la miraba con la misma expresión que los demás, sin embargo, su aura era tan intensa que la sentía calar sus huesos como dagas.
-Deberías compensarlo-. Griffin soltó unas sonoras carcajadas al momento en que le pasaba un caliente brazo por los hombros a una pelirroja que no parecía ser la causante de incontables muertes atroces, ella endureció el cuerpo pero Griffin logró acercarla a un rey de poderosa mirada dorada.
-Su majestad debería intentar bailar como lo hacemos en Yolum-. Sugirió él ofreciéndole la mano temblorosa de Joanna, quien tenía el corazón detenido ante la respuesta de Chariose.
Hubo un silencio completamente incómodo.
Enith apretó los labios, convencida que no dejaría que Joanna bailara de aquella manera tan s****l con el rey, pero cuando se aventuró a hablar, fue silenciada por Griffin quien se sentó junto a Enith para hablar.
Fue allí que Chariose dibujo una sutil sonrisa que puso más de los nervios a Joanna, y sin esperarlo tomó la mano de ella con delicadeza, cortándole la respiración, de reojo miró a Griffin, lo mataría, en verdad lo haría, Chariose se puso de pie, para sorpresa de todos quienes cuchichearon entre ellos, incrédulos que el propio rey del mundo aceptara bailar con ella, Joanna se sacó de la mano suave de Chariose mientras caminaban hasta la pista de baile que pareció estrecharse todavía más, cuando ambos se plantaron en el medio ella se giró para mirarlo; los ojos del rey brillaron tan amarillos como dos luceros dorados mientras la miraba muy por encima de ella, su cabello alborotado y blanco se le apelmazaba en un lado de la cara, dándole ese aire rebelde e irresistible que la descontrolaba.
Chariose miró a los ojos a Griffin quien sonreía con malicia con el brazo sobre una Enith expectante.
Justamente en ese momento una canción descaradamente s****l y lasciva comenzó a escucharse poniendo de nervios a una pelirroja que se plantaba frente al rey.
-Su-su majestad-, tartamudeo ella desconociéndose –usted debe darme sus-, trago saliva con dificultad –manos-. Dijo sin mirarlo a los ojos.
-No sé qué debo hacer-. Confesó Chariose sin un toque de perturbación en la voz.
-No se preocupe alteza, Joanna se encargará de guiarlo-. Volvió a gritar Griffin, Chariose parpadeó frunciendo el ceño, mirando como Joanna lo tomaba de las manos, una descarga de electricidad se apoderó de ella cuando volvió a tomarlo de las manos, la garganta se le secó mientras su cuerpo despertaba de tal manera en que su corazón martilló en su pecho, tan fuerte que podía escucharlo palpitando en sus oídos.
Se tuvo que obligar a levantar la cara para mirarlo, él continuaba viéndola con aquella intensidad que la comía, no podría hacerlo si quedaban de frente, por lo que tuvo que girarse para así no estar al contacto de sus ojos, tomando fuerzas se aventuró a mover las manos del rey hacia el contorno de su cintura temblorosa, cerró los ojos, podía hacerlo, lo deseaba, mucho, por lo que sintiendo el ritmo de la música sensual, pasó las manos del soberano por su vientre con lentitud, sintió como Chariose se tensó al rosar la tela del vestido con los dedos, luego vendría lo que ansiaba, bajó las manos de él hasta sus caderas para comenzar a moverlas en un ligero movimiento lento, para que él sintiera como su cuerpo se movía bajo sus manos, mientras poco a poco se acercaba hacia su pelvis ansiada, dejó que mirara su trasero contonearse en un anuncio para lo que estaba por sentir, y no fue hasta que ella se estrechó contra él que resopló calentándose, de inmediato, sintió su pelvis contra su trasero, ella vibró, se mordería los labios, tuvo que resistir, la canción continuaba sexualmente poderosa mientras Joanna hacia su trabajo, dio lo mejor de sí, quería torturarlo con sus mejores movimientos, de pronto el mundo volvía a desaparecer a su alrededor, se excitaba, mucho, no podía evitarlo, desde siempre había fantaseado con tenerlo de esa manera y mucho más, que no podía controlarlo, Chariose se dejaba llevar, perfectamente moldeado con ella, en una comunicación que fluía perfectamente, que calentaría a quien los mirara de aquella manera, y sin resistirlo Joanna se giró para mirarlo, la vergüenza desaparecía, su lado más salvaje se apoderaba de ella, para su sorpresa, Chariose parecía estarlo disfrutando soberanamente, a juzgar por su expresión tremendamente sexy, él lo gozaba, Joanna levantó una pierna rodeando su cadera perfecta, hizo un atrevido movimiento pélvico que sabía le volaba la cabeza a cualquier hombre, pues sabía que de esa manera podía sentirla restregándose en su entrepierna tanto que podían adivinar como era la entrepierna de cada uno solo con ese rose que sonrojaría a cualquiera, Chariose entre abrió los labios exhalando.
Joanna en aquel momento quería más que un simple baile, había sentido la virilidad del soberano a propósito y había respingado en pulsaciones que la hacían humedecerse tanto que sabía que en cualquier momento tendría que ir a cambiarse de ropa interior.
Sin embargo, todo debía llegar a su fin, y así ocurrió, los acordes de la canción finalizaron, dejando a ambos respirando con velocidad y el cuerpo tremendamente excitado.
Como había pasado con Griffin, todos los miraban, pero mucho más sorprendidos que antes, incluso pudo ver una erección que luchaba por cubrir el joven hijo de Sócrates, la temperatura había subido tanto que, la piel de los presentes estaba cubierta por una fina capa de sudor, Joanna sintió como el color coloreo su cara por primera vez después de 8 años, Griffin fue quien de nuevo la salvó, él se puso de pie aplaudiendo, él como los demás ardían en excitación, sin embargo, nada como el calor que Joanna y Griffin eran esclavos, fue allí que en realidad tenía que salir de allí lo más pronto posible, avergonzada le hizo una inclinación a su rey y salió como un rayo de allí, escapando lo más rápido que podía de aquella bochornosa situación.