Habían pasado casi dos meses desde aquel fatídico día. El tiempo en el hospital había transcurrido en una especie de limbo, donde cada amanecer traía consigo una mezcla de esperanza y desesperación. Glen había sido trasladado a un prestigioso hospital en Los Ángeles poco después de su rescate, en busca de los mejores especialistas que pudieran ayudarlo a despertar del coma. Aunque su estado era estable, los médicos aún no podían predecir cuándo, o si, volviera abrir los ojos. La familia y amigos de Glen habían permanecido a su lado durante todo el proceso, tomando turnos para estar en la habitación, esperando cualquier señal de que su ser querido estaba regresando a ellos. Michael Y Ryan se habían vuelto los pilares de fuerza, sosteniendo a los demás con palabras de aliento, aunque en su

