La tormenta finalmente cedió totalmente al amanecer, dejando un mar agitado y un cielo gris. Isabella, exhausta y al borde del colapso, apenas se mantenía consciente. Cuando escuchó el distante sonido de un motor, levantó la vista y vio un barco pesquero acercándose. La guardia costera tenía conocimiento que algunos navegantes habían sido sorprendidos por la tormenta, así apenas todo había vuelto a su cauce, salieron en la búsqueda de aquellos que habían enviado pedido de ayuda. Apenas vieron a Isabella, fueron en su rescate. Ella permanecía semiconsciente, balbuceando algunas incoherencias quejándose, parecía estar en estado shock, temblando no solo de frío sino por el terror de lo que había pasado. Su temperatura corporal había descendido considerablemente, pero aparte de algunos golpe

