Capítulo 50 La calma que antecede a la tormenta

1299 Palabras

Esa mañana el cielo estaba despejado, el sol acariciaba las aguas turquesas mientras el yate navegaba suavemente por el mar de Exuma. Glen e Isabella estaban solos en su pequeño paraíso, disfrutando de la libertad que solo las vastas aguas podían ofrecer. _ Podría acostumbrarme a una vida como esta _ dijo ella abrazándolo por detrás a Glen quien sostenía el timón _ este lugar es hermoso y me da tanta paz… quisiera quedarme así por siempre, pero ya extraño mucho a los niños. Él se dio vuelta levemente para mirarla. _ ¿Extrañas solo a los niños? _ dijo frunciendo el ceño. Isabella suspiró hondo. Andrew era un tema de nunca acabar cuando se trataba de Glen y sus celos, ella no veía la hora de que el hombre entendiera de una buena vez que sólo lo amaba a él y que Andrew no representaba

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