Isabella trató de simular durante la cena las emociones que inundaban su alma. La conversación con Layla la habían dejado inquieta y con una gran emoción, con solo pensar que Glen estaba en la misma ciudad, la hacía sentir que lo tenía a su lado, tan cerca de ella que hasta le parecía sentir el aroma embriagador de su perfume. Al irse a la cama, hizo algo que nunca hacía: llevarse la computadora a la habitación, quería de alguna manera ganar tiempo para no tener sexo con Andrew, no podía ni quería estar con él. En ese momento solo tenía en su cabeza a Glen; y ahí lo supo con certeza: hiciera lo que hiciera, no podía arrancárselo de su corazón; estaba perdidamente enamorada de ese hombre. “Mañana mismo iré a verlo, ya no puedo seguir así, me muero por verlo, besarlo, tocarlo. Sé que hay

