Apenas pudo, Glen tomó la mano de Isabella y se escaparon de allí sin ser vistos. Isabella sintió una mezcla de indignación y atracción ante la actitud avasalladora de aquel hombre, su mente luchaba contra su corazón. _ ¿Adónde me llevas, Glen? _ protestó, tratando de zafarse _ Estás loco. No puedo hacer esto. Él la tomó en sus brazos y la apretó contra la pared, pasó lentamente su nariz sobre la piel desnuda y luego el cuello de la mujer. _ Te dije que teníamos que terminar la charla del otro día, ¡pero tú sigues sin oírme! _ Le dijo él dándole un beso marcado en el hombro _ Ven, aquí nadie nos va a encontrar. Isabella se estremeció ante el contacto, pero se obligó a recordar por qué no debía dejarse llevar. _ Glen, esto no está bien _ insistió, empujándolo suavemente _ Tengo un

