Mientras Glen la besaba y la acariciaba no podía evitar compararlo con Andrew. ¡Eran tan distintos! Aunque su esposo le había demostrado que podía ser un hombre apasionado, distaba mucho de ser como Glen. Este era tan arrasador, ardiente, tan posesivo. Glen estaba sobre ella, la tomó de la cintura y la giró para que se quedara sobre él, la miró un instante, le tomó el cabello y lo tiró sobre la espalda. _ Quiero que me beses tú _ le dijo con voz ronca y deseosa _ necesito sentir tus hermosos labios sobre mí. Ella se sentía tan embriagada tanto como él que ni siquiera lo pensó. Tantos años viviendo a la sombra de un hombre que no le había brindado más que indiferencia y soledad, la estaban llevando a desatar toda su sensualidad sobre el hermoso cuerpo de Glen por quien sentía una atra

