CAPÍTULO 70 La elegante mansión se alzaba imponente en medio de la lluvia esa noche, con sus altas torres y ventanas oscuras que parecían observar inquietantemente desde lo alto. El frío viento azotaba los árboles sin hojas que rodeaban la mansión, haciendo que las ramas crujieran. Las hojas caídas formaban una alfombra húmeda y resbaladiza en el suelo, añadiendo un toque de melancolía al ambiente. El automóvil del guarda que trabajaba para Vladimir, mismo que le entregó sus llaves a Tatianna. Se estacionó frente a esa mansión. Bastó una llamada a uno de sus contactos para Tatianna dar con otro de los de Yulian Miranova y organizar una rápida reunión con ese hombre. Sabía que Vladimir no estaría de acuerdo pero aún así. Ella no podía quedarse sin hacer nada a la espera de las indica

