Unas cuantas horas más tarde, el médico de la familia ya se había retirado y mi herida se encontraba perfectamente cerrada con unos limpios puntos. Son cerca de las 3 de la mañana y nos encontramos Terrence y yo, uno junto al otro en el mueble de su sala. Nadie ha mencionado una sola palabra desde que el médico comenzó a limpiar, sobre todo porque extrajo un trozo de cristal que se encontraba encarnado en mi pierna. No supe que decir, por con consiguiente el ruido de nuestras voces se ha mermado, dejando como resultado un silencio agudo. Espero que se mantenga así. -¿Ahora si me piensas decir como te hiciste eso? Yo que no me iba a salir con la mía. -Ya te respondí, me caí por las escaleras. -¿De tu casa? -Sí. -Dominic, en tu casa no hay escaleras. Mierda. -Fue en casa de una

