Preparé dos tazas de café junto con algunas medias lunas. Me dirigí hacia él, quien ya se estaba despertando. “Te dejé dormir una hora más", le dije. “Ya es tarde, hoy es sábado", comenté con una sonrisa y él suspiró. “Gracias", respondió. “Espero que te gusten. Por cierto, no sé a qué te dedicas", comenté un poco avergonzada, y él se rió. “Soy abogado", dijo, sorprendiéndome. “¿Qué?", pregunté, y él rió. “¿No tengo pinta de abogado?" preguntó. “En realidad no. Yo pensé que eras... no sé, un artista", admití. Yo, cuestioné, y él se rió. “No sé dibujar nada. Si me pides que dibuje una persona, te haré unos palitos", bromeó. “Pues, supongo que las apariencias engañan", comenté, encogiéndome de hombros. “Oye, no me veo tan mal", dijo Genaro, y ambos nos reímos. “Dices que soy prol

