“Sí, contigo y papá", murmuré un poco confundida. “Cariño, ¿es una broma? No es de buen gusto". “¿Puedo ir?" pregunté. “Claro, cariño. Sabes que en esta casa eres bienvenida. Sé que te separaste de Diego y no has querido hablar conmigo, pero yo siempre te apoyo en todo lo que te propongas, y lo sabes, amor". “Iré ahora, mamá". Carla llegó enseguida una vez que le envié un mensaje, y comenzamos a ordenar las maletas. “¿Estás segura?", preguntó una vez que empezó a guardar algunos pantalones míos en una maleta de color rojo. “Lo estoy", comenté, dándome la vuelta y buscando ropa para dejarla en mi regazo mientras la guardaba. “Le puedo decir que se vaya a Genaro…” “No hace falta de verdad. Solamente es que quiero estar con mi madre y nada más. Ni siquiera recordaba que mi padre nos

