Regina Llegamos a un lugar maravilloso, la hostess nos lleva a un privado y quedo aún más asombrada, hay velas, la luz está a medio alumbrar. Suena de fondo Adagio de Il Divo, haciendo aun más romántico el momento, como todo un caballero retira la silla para que yo tome asiento. — Espero disfrutes la cena. – ¿No nos darán menú? – No. – Sonríe. – Elegí algo especial, que espero que te guste. Entran los meseros y ponen sobre la mesa dos platos tapados, al descubrirlos se puede ver una crema de poro, y si, efectivamente, al probarla es eso. En verdad está deliciosa, mientras tenemos una amena plática, me cuenta sobre sus negocios, sus gustos, sus pasiones, que tiene una pequeña colección de autos. Pero a pesar de todo le gusta la vida simple, por eso vive en un apartamento alejado de

