Narra Richard Solo pude escuchar a mi padre, no estaba en condiciones de ir en contra de su voluntad. Tenía el corazón lastimado, molesto por su decisión, pero siendo un imbécil, solo entré a mi habitación y me lancé sobre mi cama. Actué como un niño pequeño cuando no le permitían comer el postre después de la cena. Tenía un nudo en el pecho, no quería tomar mi móvil y decirle a Céline que era mejor alejarnos, hasta en eso fui un cobarde de mierd*. Dentro de mí me reprochaba a mí mismo, porque tenía que decirle “no papá, no haré lo que me pides” quería seguir con ella, estaba perdidamente enamorado, pero no pudo más el amor y desde ese momento me resigné. Creí que mi condena sería extrañarla, que solo debía esperar o ser paciente para que el tiempo nos juntara, pero no pasó ni una cos

