Capítulo 2: Ecos en el viento

591 Palabras
"A veces, lo que creemos odiar es solo miedo disfrazado." El sol comenzaba a descender en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos dorados y malvas, mientras la Academia de Luminaria se preparaba para la última clase del día. Los pasillos, que por la mañana se habían llenado de energía y risas, ahora mostraban un aire más tranquilo y expectante. Aria Windrider caminaba con paso decidido hacia el Jardín Flotante, un espacio suspendido en el aire donde los estudiantes practicaban hechizos en un entorno controlado. Ese día, el profesor les había asignado un ejercicio inusual: trabajar en parejas para combinar magias diferentes y crear nuevos efectos. La sorpresa —y disgusto— de Aria fue mayúscula cuando vio quién era su compañero asignado: Kael Nightshade. Sus miradas se cruzaron, cargadas de una mezcla de resentimiento y desafío. Ninguno habló mientras se dirigían al centro del jardín, rodeados por flores luminosas y pequeñas corrientes de viento que hacían bailar las hojas. —No entiendo por qué tenemos que hacer esto juntos —murmuró Aria sin mirarlo—. Seguro solo quieres demostrar que eres mejor que yo. Kael arqueó una ceja, con una sonrisa irónica. —No necesito demostrar nada a nadie. Pero sí puedo asegurarte que si no colaboramos, este ejercicio será un desastre para ambos. Aria quiso replicar, pero en el fondo sabía que tenía razón. Con cierto fastidio, comenzó a preparar su zona de práctica, invocando una ligera brisa que agitó su cabello plateado. Kael, a su lado, invocó sombras sutiles que parecían absorber la luz alrededor. El primer intento fue un fracaso. Los hechizos no se sincronizaban; el viento dispersaba las sombras y estas apagaban la energía del aire. Se lanzaron miradas frustradas y acusatorias, pero ninguno quiso ceder. —Deja que te enseñe —propuso Kael finalmente, con voz baja—. Tu viento es fuerte, pero impredecible. Si controlas mejor la dirección, puedo moldear las sombras para que lo acompañen. Aria dudó, pero asintió. Cerró los ojos un momento, concentrándose en sentir el flujo del aire, calmando su temperamento impulsivo. Kael se acercó, ajustando la intensidad de su magia con delicadeza. Juntos, lograron un efecto nuevo: sombras que ondulaban suavemente en la corriente, creando un espectáculo de luz y oscuridad. Por primera vez en semanas, Aria sintió que el muro entre ellos se debilitaba, aunque no se atrevió a admitirlo ni a sí misma. Kael, con una sonrisa que no mostró a nadie más, notó un destello de admiración en sus ojos. Terminada la práctica, el grupo se dispersó. Aria y Kael se quedaron unos momentos más, observando las sombras y el viento mezclarse en perfecta armonía. —No eres tan insoportable cuando no estás tratando de molestarme —dijo Aria en voz baja, con una leve sonrisa. Kael ladeó la cabeza, divertido. —Y tú no eres tan difícil cuando escuchas un poco. Ambos sabían que aquel momento era una excepción en su relación, una pausa en la batalla constante que mantenían. Pero también era una semilla plantada en tierra fértil, lista para crecer si se les daba la oportunidad. Mientras se alejaban, Aria no pudo evitar preguntarse qué habría detrás de esa fachada fría y distante que Kael mostraba al mundo. Y Kael, a su vez, sintió que quizás la princesa del aire no era tan solo una molestia, sino alguien capaz de desafiar todo lo que él creía saber. Aquella noche, el viento susurraba secretos en los pasillos de Luminaria, y el destino comenzaba a tejer hilos invisibles entre dos corazones en guerra.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR