Desperté sobresaltada. Sudaba y jadeaba y sentía miedo. No podía recordar el sueño, pero sabía que no había sido bueno. Me incorporé con cuidado y me quité la sudadera. Busqué mi teléfono, pero no podía ver mucho. La luz estaba apagada y solo entraba un poco de luz que venía de afuera. Escuchaba voces, pero no podía reconocer o distinguir lo que decían. Me acerqué a mi maleta buscando una playera fresca y me la puse. Solté y amarré de nuevo mi cabello mientras salía de la habitación. En la mesa conversando y tomando un poco de vino estaban Roy y Joel. Al verme, Roy me extendió los brazos y fui hasta él sentándome en sus piernas y abrazándome a él. —¿Cómo estás, bella durmiente? —Estaba teniendo un mal sueño —Respondí. —Pero ya se ha esfumado y solo fue eso, un mal sueño. Me acurruqué

