Cuando terminamos Joel salió a imprimirlo todo nuevamente y regreso a dejármelo para una última revisión. Lo noté nervioso, así que imaginé que sería por la tarde con sus abuelos. —¿A qué hora te vas? —Pregunté. —A las dos, nos veremos cerca de aquí y me llevarán de paseo. —Excelente —¿Quieres venir? —No creo soportar ningún paseo, la verdad, quizá vaya a la alberca a relajarme un poco, el doc dijo que me ayudaría. —¡Claro! Tu nuevo admirador que se preocupa mucho por ti. Le di un codazo. —¡Ouch! —Se quejó —No es mi culpa que todos caigan a tus pies. —Y se alejó a tiempo del siguiente codazo. —Pues no todos, para tu información —Y puse cara de berrinche. —Ja, ja, ja. Así que ya te topaste con la horma de tus zapatos ¿no? —Rio más fuerte al ver mi cara. —Bueno, de todas formas, qu

