NARRA MELISA Los nervios me estaban ganando la partida y más cuando escuché el coche de Noah acercarse. Me miré por última vez en el espejo y traté de relajarme, más por mis respiraciones erráticas. Apagó el coche y salí a la entrada para recibirlo. Lo que me tomó por sorpresa fue cuando abrió sus ojos de par en par, no sé si de sorpresa o de burla. Espero que por lo primero. —Estás demasiado guapa. Perdón, hermosa, quiero decir —me sonrojé. No me lo esperaba— también tus zapatos. —Sus ojos me miraban de arriba hacia abajo tratando de escudriñarme hasta el último detalle. —T-tú también —dije tartamudeando. Al ver sus hermosos ojos, era imposible no quedarse viéndolo fijamente. —Gracias —me sonrió—. Me parece que este vestido lo he visto en alguna parte —y era así, porque este vestido

