Amelie. Devuelvo el almuerzo que Blake había hecho en el inodoro, él quería entrar conmigo al baño, pero le cerré la puerta con seguro para que no me viera así. Jalo la cisterna, me acerco al lavabo, cepillo mis dientes y mojo un poco mi rostro, esto ya no me está agradando nada. Estaba a punto de salir del baño, pero debo recostarme sobre los azulejos fríos porque me invade un fuerte mareo. —¿Estás bien, Amelie? —Blake golpea la puerta—. Amelie —noto desesperación en su tono de voz—. ¡Amelie! —vuelve a golpear con más fuerza y me sobresalto. —Aquí estoy... —mascullo y abro la puerta, mas no me muevo del rincón en el cual me encuentro. Ingresa al baño y coloca su mano sobre mi frente, midiendo mi temperatura. —No tienes fiebre ya —analiza mi rostro—. Estás más blanca que los azulejos

