Capítulo III

4182 Palabras
Lo único capaz de consolar a un hombre por las estupideces que hace, es el orgullo que le proporciona hacerlas. —Oscar Wilde. — ¡Lo sabía! —fueron las palabras que Blanca soltó cuando Bella decidió contarle todo lo que había hablado con Kyrian Areleous. La sonrisa de su hermana fue casi épica y ella se sintió más estúpida de lo que ya se sentía. Alexander era su hijo ¡¿Cómo es que ella no lo había sabido?! Blanca nada más al verlo se lo había dicho pero ella no le había creído por más que se sintiera extraña cuando tuvo cargado al pequeño bultito por primera vez entre sus brazos. El niño no tenía absolutamente nada de Elena y por no pensar demasiado en el asunto ella misma se dijo que Alex podría parecerse a su padre, pero los indicios de su parecido con ella debieron delatarlo, su cabello rubio y el lunar blanco en su brazo que poseían todos en su familia. Ella misma se había cegado a propósito, quizás por miedo pero de lo que sí estaba segura era de Alex era también hijo biológico de Kyrian, el niño era una mini copia del griego, salvo por el color de su cabello, sin embargo su cara era idéntica al igual que el color de sus ojos al hombre que había cambiado su vida solo unas horas atrás. Lo que la aterraba realmente es que Kyrian le había dicho que iba a pelear por la custodia del niño si era preciso no obstante podían llegar a un acuerdo, pero esa palabra casi había hecho que ella se echara a temblar. —No entiendes Blanca, él tratará de quitármelo, Kyrian hará todo lo posible por arrancarlo de mis brazos y tengo miedo, ni un día desde su nacimiento he estado lejos de Alex, voy a morirme si no puedo verlo… ¡Oh Dios! —gimió afligida dejándose caer en el sofá. Blanca enseguida quitó su cara de satisfacción y abrazó a su hermana buscando su consuelo. Entendía a Bella, ella misma sentiría que le arrancarían un pedazo de su corazón si lograban quitarle a ese pequeño revoltoso que las llenaba de alegrías día tras día. Desde que había visto a Alex en los brazos de su hermana por primera vez había sabido que ese niño era suyo y el lunar familiar se lo había confirmado, sin embargo, Bella no quería creerlo, Blanca conocía bien el miedo en sus ojos, ese miedo de poder encariñarse con el pequeño y que se lo arrebataran de prisa sin poder protestar siquiera. Más tarde había llegado la supuesta madre feliz quien había mirado a Alex con interés pero que ni siquiera lo cargó entre sus brazos más de un minuto, lo siguiente que dijo fue: — ¿Está sano? A lo que Bella respondió con entusiasmo y orgullo que sí entonces Elena asintió para luego avisar que volvería pronto para llevárselo. Bella en ese momento tenía la misma expresión de ahora, la expresión que tienen las madres al saber que estarán lejos de sus hijos. Pero ella no iba a permitir que le quitaran a su niño y regresando a la actualidad murmuró tratando de sosegar a su hermana: —Tranquila, vamos a buscar a un abogado, nadie nos va a quitar a nuestro Alex. Bella hizo una mueca antes de hablar otra vez. —El padre de Alex al parecer tiene mucho dinero Blanca, puede quitármelo, y si lo hace yo no sé que voy a hacer ¡Sabes cómo amo a Alex aún antes de saber todo esto! Se mordió el labio tratando de no llorar, el miedo estaba apoderándose de ella cruelmente, su corazón latía feroz en su pecho. —No va a quitártelo, tengo un amigo abogado, le pediré su ayuda, además tu eres su madre y has visto por él desde que nació, tenemos eso a tu favor —trató de animarla sin embargo Bella solo asintió con la cabeza poco convencida. —Eso espero, Alex es mi corazón entero —susurró sintiendo que nada volvería a ser igual para ellos. * Kyrian ladeó una sonrisa al ver todas las fotos que tenía su investigador de Avery Roberts y su hijo. Aún no podía creer cuanto había cambiado su vida en un par de días, la emoción lo embargaba nada más al pensar tener a un hijo entre sus brazos junto como Avery como su mujer, esa preciosa rubia que no lograba sacar de su cabeza por más que quisiera, lo tenía rendido a sus pies aunque ella no lo supiera. Y ver la foto de su hijo lo llenaba de una alegría que hacía mucho no sentía, era casi idéntico a él salvo por el color de su cabello, quería conocer todo sobre él, su voz, su sonrisa, sus sueños aunque estos cambiaran fugazmente, el solo pensar en compartir su tiempo con él hacía que su pecho se hinchara de orgullo. —Alexander —sonrió mostrándole las fotos a su primo quien las miraba incrédulo. — ¿Quién iba a decir que tu única sería la madre de tu hijo? —Ni siquiera yo puedo creerlo, definitivamente la suerte está a mi favor. Aeron le sonrió asintiendo. — ¿Y qué piensas hacer? Kyrian arqueó una ceja mirándolo con sorna. — ¿No es obvio? moveré cielo, mar y tierra pero ambos estarán conmigo de una forma u otra, son míos Aeron, lo juro por los dioses —dijo con una posesividad innata en él. Su primo lo miró sin creer demasiado en ello pero divertido por la posesividad que mostraba Kyrian. —Avery no parece ser una mujer que da su brazo a torcer. —No lo es —aseguró sonriendo—, pero ama a Alexander y por él hará cualquier cosa. Aeron lo miró con asombro esta vez antes de poder articular palabra. — ¿Piensas usar a tu propio hijo para tenerla? —Nunca he necesitado ayuda con alguna mujer, Avery es difícil como ya lo dijiste sin embargo sé que siente una fuerte atracción hacia mí como yo con ella y estoy dispuesto a todo por ella. Su primo sonrió incrédulo encogiéndose en hombros. ¿Cómo es que Kyrian podía estar actuando de esa forma? Alguien tan orgulloso y engreído como él. En definitiva había caído bajo las garras del amor. * Bella se frotó las sienes adolorida, la cabeza estaba a punto de estallarle sin embargo no tenía tiempo para quejas entonces se irguió como si nada pasara y siguió limpiando el suelo de la oficina de Camila Vryzas, trató de acelerar el paso porque si la mujer entraba en su oficina y la encontraba allí comenzaría a molestarla de nuevo. La abogada estaba empeñada en hacerle la vida imposible desde que empezó a trabajar en la empresa y ni siquiera entendía el por qué. Ella nunca había hecho nada en contra de la mujer, a penas y la veía pero eso no aplacaba el odio de Camila hacia ella. — ¡Vaya, pero si aquí está cenicienta! —soltó de golpe haciendo sobresaltar a Bella. Bella cerró los ojos y exhaló. Hablando de la bruja y ella hace su aparición. Dios, ¿Por qué me odias? —Camila —la reprendió un hombre guapísimo a su lado. Bella lo había un par de veces en la oficina sin embargo lo conocía más por Nani quien no paraba de hablar sobre él aunque a penas y recordaba su nombre, Damien. —Es tarde para que aún sigas aquí —continuó ella haciendo caso omiso al pelinegro y a su abrazadora mirada ámbar que hacían que Bella los encontrara familiares—. Voy a llamar a tu jefe directo, estás llegando tarde de nuevo. Aquello la alertó de inmediato dispuesta a suplicar, necesitaba cada dólar que ganaba, y si no tenía el trabajo de la empresa no podría pagar la universidad de Blanca. En secreto había estado pagando la universidad ya que un día una carta llegó para su hermana de la universidad, la curiosidad había abordado a Bella quien terminó de abrir el sobre que decía que la beca había sido retirada. Ella que sabía cuánto se estaba esforzando su hermana y lo mucho que le gustaba lo que estudiaba casi pudo sentir la decepción de Blanca al leer la carta. Entonces decidida a que el sueño de Blanca se hiciera realidad se dijo que necesitaba otro trabajo y sin que su hermana lo supiera pagaría cada mes. —Venga ya Camila —su mirada entonces se dirigió a ella y un intento de sonrisa bordeó sus labios—, puedes irte, ella no hará tal cosa —dijo antes de que ella perdiera su dignidad y tuviese que humillarse para que no la despidieran. Lista para salir corriendo de allí Camila volvió a hablar. —Antes de que te vayas cenicienta —dijo con malicia por no poder llevar a cabo su amenaza—. Limpia la oficina del jefe, vendrá dentro de poco. —Si —dijo con voz ronca aunque no tenía ni idea cual de tantas oficinas sería, desde que trabajaba allí no había conocido al dichoso jefe. Salió de la oficina y caminó hasta la recepción en busca de Melanie. —Melanie sálvame la vida —dijo divertida a la chica de piel de ébano—, me podrías decir ¿Cuál es la oficina del jefe? Debo limpiarla de inmediato y no estoy segura si ya lo hice. —Tú siempre la limpias ¿Cómo es que no sabes cuál es? —preguntó la mujer con el ceño fruncido. —Ya, yo limpio todas las oficinas de este piso pero no sé con exactitud cuál es la del jefe y debo limpiar de inmediato, Regina George ha dicho que viene. Melanie enseguida se rió por el mote a Camila y señaló por fin la oficina del jefe. —Gracias Mel. —Tu tranquila, es raro que venga, por lo general está en Grecia. Bella se encogió en hombros restándole importancia y se encaminó a la oficina. El lugar estaba frío y silencioso, Bella comenzó a limpiar sin evitar perderse en sus pensamientos. Todo iba a complicarse mucho más, no sabía que se podía esperar de Kyrian Areleous sin embargo no tenía miedo. Estaba dispuesta a todo por su Alex. Tan absorta estaba que ni siquiera notó que el jefe había irrumpido en la oficina y no había dejado de mirarla ni un segundo y cuando sus ojos se encontraron con los de él inevitablemente Bella dejó escapar un grito asustada haciéndolo cambiar su expresión a una divertida ante su impresión. Él había tomado asiento en los sillones que estaban frente a ella y la miraba fijamente como si tratara de descifrar alguno de sus secretos, comenzaba a sentirse nerviosa así que aclaró su garganta y le habló. —Así que… ¿Eres el jefe? Kyrian se levantó enseguida para acercarse a paso lento a Bella, ella mordió su labio inferior con nerviosismo al sentirlo tan cerca, pero aquella extraña cercanía que sentía por su presencia se intensificaba aún más al tenerlo más próximo a ella. —Se podría decir —susurró cerca de su rostro. — ¿Qué quieres decir con…? Pero la pregunta murió en sus labios cuando Kyrian bajó la cabeza a la curva de su cuello, mordiendo su labio para no gemir trató de apartarse no obstante él la detuvo aferrándose a sus caderas y un estremecimiento la azotó. ¿Cómo podía hacer que sintiera tantas cosas con solo tocarla? Aunque también se derretía con que solo la mirara. Kyrian poseía un extraño poder sobre ella. —Yo… debo irme. — ¿Trabajas también aquí, belleza? —preguntó ignorando lo que ella había dicho con anterioridad. Por un momento se sintió perdida en la ambarina mirada y no supo identificar el tumulto de sensaciones que le causaba esa potente mirada entonces carraspeó con timidez. —Sí, hago la limpieza —respondió con incomodidad. No por su trabajo, ella estaba orgullosa del mismo, de ganarse la vida trabajando duro. Estaba incomoda por lo interesado que parecían Kyrian con ella. Está buscando mi punto débil para poder quitarme a Alex con facilidad. No digas nada que te comprometa Bella. — ¿Desde cuándo…? —Aquí desde hace dos años, en serio debo irme. Sus brazos sin embargo no la dejaron escapar una vez más a lo que Bella enseguida frunció el ceño. —Necesito verte de nuevo —hizo una pausa antes de continuar como si se diera cuenta de su error—. Tengo que verte de nuevo… debemos hablar sobre el niño. Bella lo miró con irritación y Kyrian tuvo que reprimir una sonrisa divertida. —Alexander —le corrigió—, y no puedo hoy, tengo trabajo. Ni siquiera supo cómo se soltó de su agarré y dio un paso atrás. —Sería en el almuerzo —se apresuró a decir él—, no interrumpiría ni este ni tu otro trabajo. Ella pudo sentir la incomodidad en sus palabras pero no le importó, ella era lo que era y daba igual lo que pensaran los demás incluido Kyrian Areleous. —No lo entiendes, no puedo… —Puedes y lo harás. Su tono déspota la hizo enojar enseguida y tuvo que refrenar su lengua para no soltar veneno. En definitiva ese hombre y ella nunca se llevarían bien. —Te espero en… — ¡No! —gruñó deteniéndolo—. Dejemos las cosas claras, que sea el padre de mi hijo no quiere decir que tenga derecho sobre mi señor Areleous, usted no me manda, si yo digo no puedo es porque no puedo, no soy una mentirosa y sobre todo no dejaré mi trabajo por acatar su infantil orden. Así que dejándolo perplejo en medio de la oficina se dio la vuelta hirviendo de furia y salió sin presenciar la sonrisa de Kyrian quien estaba encantado por el fiero carácter de la que ya consideraba su mujer. —Si la montaña no va a Mahoma… * ¿Quién se creía como para hablarle así? Ella no tenía que soportarlo, no merecía ser humillada por su clase social y no iba a permitirlo aunque ese hombre fuera su jefe en la oficina. Si tenía que buscar otro trabajo iba a hacerlo. Para cuando hubo terminado se dio cuenta de lo tarde que era tomó sus cosas y salió corriendo de la empresa, su corazón se agitó mientras trataba de llegar a la estación de trenes, si tardaba un poco más perdería el tren y Tracey ya le había advertido que si volvía a llegar tarde estaría despedida. Desafortunadamente las propinas que ganaba en Little Cupcake la ayudaban demasiado como para perder ese trabajo y sabía que Tracey no mentía respecto a despedirla. La mujer la detestaba y buscaba siempre el mínimo error para echarla. —Sí, creo que no tengo mucha suerte con mis jefes. Un minuto para que el tren partiera y aún faltaban dos manzanas para llegar. Estaba tan agitada que estaba a punto de tener un ataque de asma pero no le dio importancia y siguió corriendo. Finalmente había llegado pero las personas ya habían terminado de abordar y el tren se puso en marcha dejándola atrás mientras que Bella corría como loca rogando absurdamente que parara. Las lágrimas se acumularon en sus ojos pero se negó a soltarlas. No iba a darle a Tracey un motivo para que la despidiera, así que casi ahogándose detuvo un taxi y dentro usó su inhalador para el asma. El taxi era muchísimo más caro que el tren pero llegaría a tiempo. Efectivamente había llegado un minuto antes entonces respiró tranquila con las mejillas sonrojadas por el esfuerzo. De inmediato se encontró con la fulminante mirada de Tracey quien segundos antes había estado tomando el tiempo, Bella lo notó por su brazo con reloj aún flexionado. La castaña apretó la mandíbula antes de poder hablar. —A tiempo, muévete, los clientes están por llegar —gruñó la mujer. Enseguida Bella fue por su delantal, su lápiz y libreta para después cambiar su cola de cabello por una trenza que caía dos manos más debajo de sus hombros. El día transcurrió normal hasta que de un momento a otro se sintió extrañamente observada y enseguida el vello de su piel se erizó como si quisiera advertirle de alguien o algo. —No vas a creerlo… La encrespada voz de su compañera de trabajo Letizia la hizo dar un brinquito por la sorpresa y antes de que Bella siquiera pudiera censurar su comportamiento la muchacha volvió a hablar otra vez. — ¡Me han rechazado! ¡A mí! —gritó histérica llegando al lado de la rubia. Bella frunció el ceño ante su declaración, difícilmente podía creer que un hombre rechazara a Letizia, la italiana era sumamente hermosa además de que era encantadora y divertida. Escuchó un carraspeo detrás de ella encontrando a Athan tratando de ocultar una burlona sonrisita pero cuando Letizia siguió con su interminable queja no pudo evitar entornar los ojos entonces ella misma soltó una pequeña carcajada y tan pronto como lo hizo los aceitunados ojos de la morena la fulminaron. — ¡No te rías de mi desgracia Isabella, el hombre más guapo que he visto en mi vida me ha rechazado y todo es tu culpa! — ¡¿Y por qué por mí?! —preguntó tratando de no reír nuevamente ante las locuras de la chica. —Yo creí que era el hombre más guapo que habías visto en tu vida —bufó Athan ofendido haciéndose notar a Letizia. Una vez que los ojos de ella estuvieron posados en él su ceño fruncido cambió dándole paso a una coqueta sonrisa. — Tu eres el amor de mi vida y en definitiva el chico más guapo que he visto en mi vida pero tú no me quieres y no puedo estar suspirando por ti todo el tiempo Athan. Al mirar otra vez a Bella añadió. —Ve, no estaba bromeando cuando dije que ese hombre sexy pedía por ti, mesa 13, aunque yo creo que sin el número sabrías llegar, después de todo no hay muchos hombres como él en la ciudad. Fue el turno de Bella de entornar los ojos entonces caminó en busca de la mesa 13 donde se quedó sin aliento frente al nuevo cliente quien amenazaba con atormentarla por el resto de su vida. Sin embargo tuvo que coincidir con Letizia, ese era el hombre más guapo que una mujer pudiera ver, con ese cabello oscuro como la noche, una contextura envidiable y absolutamente deseable, labios hechos para el pecado, sonrisa seductora. A través del traje podía ver sus músculos tensarse, era grande en todos lados y Bella se encogió levemente cuando sus pícaros pensamientos se desviaron a qué otra parte de su cuerpo podría ser grande. Por fin pudo ver sus ojos como el sol cuando se quitó sus lentes oscuros no sin antes sonreír mostrando un par de hoyuelos que ella estaba segura quería morder. — ¿Qué haces aquí? —fue todo lo que preguntó. Sin cortesía ni disimulo. Era claro que él no iría a ese lugar a pasar el rato. Little cupcake era más del estilo de los adolescentes en definitiva no estaba hecho para un hombre como Kyrian Areleous. Él arqueó una ceja divertido. — Bueno, dijiste que tenías trabajo así que ¡Aquí estoy! Por cierto belleza, no creo que debas tratar así a los clientes. — No voy a hablar con usted en mi trabajo acosador —gruñó casi que para que él no pudiera oírla—, así que váyase, no tengo tiempo para esto. Pero la verdad era que se sentía absolutamente nerviosa por su presencia y no era solo porque lo veía como una amenaza para quitarle a su bebé, era algo más, algo... ¡No! Se negaba a pensar estupideces. Por fin que se dio la vuelta para ir a atender otras mesas sin embargo la voz burlona detrás de ella volvió a llamar su atención. — ¡Disculpe señorita! Estoy listo para ordenar. Acto seguido Bella cerró los ojos y soltó el aire que estaba conteniendo. Si lo matas entonces irás presa Bells, mantén la calma. Se dijo a si misma tratando de no perder la cabeza. Sonriendo con evidente falsedad se giró y volvió a caminar hasta estar frente a él. — ¿Qué puedo ofrecerle? —Quizás a ti en mi cama desnuda gimiendo de placer. — ¡¿Estás jodiendome?! —chilló ella llamando la atención de todos. —No, pero eso me gustaría mucho. Kyrian adoró ver el rubor cubrir sus mejillas y rápidamente supo que ella no estaba tan molesta por su atrevimiento como quería hacerle ver. Casi podía decir que él le gustaba pero para que no armara más escándalo en el lugar se limitó a sonreír y a guiñarle el ojo derecho. —Era una broma, relájate belleza, no deberías ponerte tan histérica. Eres preciosa y estoy seguro que más de una vez te han hecho propuestas algo parecidas —dijo el tratando de parecer relajada pero la verdad era que odiaba pensar en otro hombre diciéndole aquello a ella. Bella lo fulminó con la mirada. — ¿Vas a ordenar o...? —Solo tráeme una botella de agua. Enseguida ella asintió yendo por su pedido. — ¡Lo conoces! —Afirmó Letizia una vez que estuvo a su lado—. Por eso pidió que lo atendieras tú, ahora tiene sentido, estoy aliviada. —Y yo ofendida, así que consigue agua para señor-yo-mando-tu-obedece, llévasela, es todo tuyo, no se enojará porque lo hagas tú. Letizia sonrió como si se hubiera ganado un premio gordo y fue a por el agua. Bella en su lugar miró a su alrededor ignorando a Kyrian y pudo ver que no había demasiada gente. Quizás pudiera salir temprano y ver por más tiempo a Alexander. — ¿Señor-yo-mando-tu-obedece? Le queda a la perfección —dijo Athan detrás de ella haciéndola sobresaltar. — ¿Lo conoces? —le preguntó extrañada. —Quizás demasiado, yo... —Quiero que lo traiga ella. Se escuchó el gruñido del hombre que no podía sacarse de la cabeza desde que lo vio. Cuando Bella giró vio en cámara lenta a Tracey caminando hacia Kyrian y un sudor frío corrió por su espalda. —Mierda, estoy despedida. —No creo que... Pero las palabras de Athan quedaron en el aire cuando Bella caminó hacia dónde había dejado su bolso. Rápidamente tomó sus cosas y cuando comenzó a caminar hacia la salida sus ojos se llenaron de lágrimas, Tracey se interpuso en su camino con una sonrisa adornando su frívolo rostro. —No me quitarás el momento de despedirte como mereces, ni siquiera sé cómo es que te dieron trabajo aquí, eres una vergüenza además de una prostituta, tu... Una sonora cachetada la calló enseguida dejándola muda con su semblante atontado miró a la rubia que la observaba con fastidio. —Dios sabe que me lo debías. Se dio la vuelta para finalmente irse con Athan y Kyrian siguiéndole los pasos. — ¡No puede despedirte Bells! ¡Vuelve aquí! —insistió por quinta vez Athan con preocupación. Él sabía más que nadie que ella necesitaba el trabajo. Kyrian lo miró para hacerle una seña para que volviera adentro. —Yo me encargaré de ella. Dudoso Athan asintió. Cuando estuvieron solos Kyrian tomó su brazo y la hizo chocar contra su pecho. — ¡Suéltame, lo has arruinado! ¡Eres un inmaduro, aléjate de mí, te odio! Repetidamente golpeó su pecho sin embargo él no la soltó pero si se sintió angustiado por sus lágrimas, no le gustaba verla de ese modo y ser él el causante lo hizo sentir mucho peor. —Ella no puede despedirte belleza —habló él suavemente—, Little cupcake es de mi prima, de hecho, no vine aquí para acosarte, Alissa está de viaje y me había pedido venir aquí y vigilar a su gerente, ya le habían llegado quejas de su incompetencia así que te aseguro que mañana todo estará bien, aún mejor sin esa bruja rondando. — ¿Hablas en serio? —preguntó con un poco de esperanza en su voz quitando el resto que sus lágrimas habían dejado. —Si, por ahora volverás a casa temprano, voy a llevarte. — ¡¿Qué?! ¡No! De inmediato Kyrian sonrió como acostumbraba, dándole esa mirada de control absoluto que no admitía una negativa de su parte. —Prometo mantener las manos donde puedas verlas, solo voy a llevarte a casa. —No conocerás a Alex aún, debo prepararlo. Él asintió, aunque su sonrisa decayó un poco. —Bien, espero que seas un hombre de palabra. —Lo soy belleza, puedes estar segura. Lo ronco de su voz la hizo estremecer y para no sentirse al descubierto entró en su auto sin decir palabra alguna.
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