Capítulo IV

2324 Palabras
Tendré que soportar dos o tres orugas si quiero conocer a las mariposas. —Antoine de Saint-Exupéry. Durante el trayecto en el auto ambos estaban sumidos en un silencio afable, Bella miraba por la ventana el sublime atardecer, aunque una que otra mirada de reojo era dedicada a él. Increíblemente en lo que iba de día ella no se había preocupado demasiado en Blanca o Alex, quienes eran los que ocupaban su cabeza en todo momento, ahora solo estaba aquel pelinegro de cabello rizado y ojos dorados que la hacía sentir de una manera extraña. Es que con solo posar su vida en él los pensamientos impuros la azotaban con fuerza, se lo imaginaba sonriéndole con la picardía brillando en sus ojos mientras que la esperaba desnudo en su cama, con los codos apoyados en la cama y con sus músculos flexionados a la espera de ella. Obviamente era un sueño, porque un hombre como Kyrian no posaría sus ojos en ella, él era un perfecto modelo de belleza masculina, aunque no era solo ello sino también el poder que poseía todo él, su masculinidad... ¡Oh señor! Casi lo imaginaba acariciándola con esas grandes manos rústicas y fuertes mientras que su lengua tomaba posesión absoluta de uno de sus pezones, entonces podría sentir su suave pelo rizado tocando su clavícula. — Hemos llegado. Aquello la sacó de sus desvaríos y se dio cuenta que sus ojos no se habían despegado de él sin embargo no había estado viéndolo realmente. Avergonzada con las mejillas rojas trató de soltar el cinturón y salir del auto. Antes de cerrar la puerta le sonrió a penas para agradecer. — Te acompañaré a la puerta —dijo él saliendo del auto antes de que ella pudiera hablar siquiera. — Gracias por traerte a casa, al menos tendré unas horas libres. — Trabajas demasiado. Enseguida Bella hizo una mueca. Ella más que nadie lo sabía, sin embargo nada podía hacer. — Debo hacerlo... — No Avery, es por eso que yo... La puerta se abrió de repente y un pequeño de bucles de oro se aferró a las piernas de Bella sonriendo. El aire escapó de los pulmones de Kyrian y de inmediato toda su atención era ahora para el niño más precioso que hubiera visto en su vida. Bella lo tomó en brazos dejando sonoros besos en sus mejillas regordetas fue en ese momento cuando recordó la presencia de Kyrian detrás de ella y su cara se volvió un poema. Los ojos de él mostraron un anhelo arrebatador que casi la hizo jadear pero no pudo observarlo demasiado pues su cuello fue rodeado por unos pequeños brazos que demandaban toda su atención. — Mami. — Hola mi amor. — Bella, has llegado tempra... Blanca detuvo sus palabras con sorpresa clara al ver el rostro del hombre que no apartaba los ojos de Alex. No tuvo que pensar demasiado para darse cuenta de quién era él entonces un jadeo involuntario escapó de su boca. ¿Debería preocuparse de que ese hombre estuviera en su casa? Pero negó con la cabeza cuando sospechosamente la mirada de su hermana y la del hombre parado al umbral de la puerta se encontraron. Fácilmente pudo ver algo entre ellos y la chispa de esperanza la golpeó. — Oh, hola, soy Blanca, hermana de Bella. Por fin los ojos de él se posarán en ella y contra su voluntad Blanca sonrió, su sobrino era la copia de ese hombre incluso sus ojos eran idénticos. — Soy Kyrian. — ¿Es tu amigo mami? —preguntó un curioso Alex mirándolo con fijeza consiguiendo que todos lo observaran nerviosos. — ¿Por qué no pasas? Hice galletas y estoy por hacer la cena. Bella se apresuró a hablar por él y Kyrian tuvo que reprimir su diversión. — No creo que él quiera... — Acepto, es un placer conocerte Blanca. Le guiñó el ojo en señal de complicidad antes de pasar por un lado de Bella sin darle oportunidad alguna de que lo sacara de su casa mientras que la rubia se dedicaba a enviar miradas envenenadas a su hermana menor quien la ignoró por completo siguiendo al moreno. — Siéntate donde quieras, ¿Quieres un poco de agua o un refresco? Kyrian se limitó a sentarse sin dejar de ver a Bella que aún sostenía a su hijo en brazos a la vez que este le llenaba la cara de besos. Por un momento se sintió tan angustiado, como si él no perteneciera allí y por primera vez en la vida tan solitario, como si necesitara algo para volver a sentirse de nuevo el poderoso Kyrian Areleous. Cerró los ojos tratando de recomponerse, pero al volver la mirada a la hermana de bella sabía que ella lo estaba analizando con suma atención. Casi podía oír sus pensamientos y si bien no parecía molestarle su presencia tampoco podía estar seguro de lo que ella estuviera planeando, pero al ver una sonrisa tirando de sus labios rápidamente supo que no sería nada bueno. — Alex ¿Has hecho la tarea? —preguntó la melodiosa voz de Bella sacándolo de sus pensamientos. Otra vez sus ojos se detuvieron en ese rostro tan parecido al de él mismo. Kyrian no entendía cómo es que solo al mirarlo sentía aquellas irrefrenables ganas de abrazarlo y escucharlo decirle papá. De protegerlo. Definitivamente sabía que daría todo por su pequeño hijo. — No, iba a terminar la cena para que nos pusiéramos en eso ¿No es así compañero? —respondió Blanca por él. Enseguida Alex asintió sonriendo cómplice a su tía y sin poder evitarlo Kyrian sonrió también. — ¿Y qué era más importante que hacer la tarea? —siseó molesta Bella mirando a Blanca quien se encogió en hombros con una sonrisa sin embargo su hijo no pudo resistirse demasiado y terminó por soltar la verdad. — Darek me prestó la consola. Acto seguido sus pequeñas manitos cubrieron su boca sofocando una exclamación avergonzada mientras miraba a su tía quien solo suspiró negando con la cabeza y Kyrian no podía estar más encantado con la pequeña escena familiar. — Cariño, era un secreto. — ¡No debes mentirle a mami Alex! —gruñó Bella fulminando a su hermana algo que parecía ser muy típico—. ¿Lo sabes verdad, amor? Obedientemente Alex asintió. — ¡Pero no estaba mintiendo! Solo era un secreto entre ambos —soltó Blanca y Kyrian no pudo contener una risita divertida por la situación y dio gracias a los dioses por no ser escuchado por la rubia. — ¿No tienes una consola propia Alex? — Mami está ahorrando para comprarme una. En ese momento Kyrian deseó haber encontrado a Bella mucho antes, él quería darles todo lo que su hijo y ella desearan, absolutamente todo sin reservas, pero lo que más deseaba era dar y recibir amor. — Ya, ¿Y qué juegos te gustan? Los ojos de Alex brillaron mientras comenzaban a hablar de diversos videojuegos que él conocía por sus primos y Alex no pudo estar más encantado. Cada segundo que pasaba con el niño le hacía ver que por nada del mundo quería separase de él, Alex lo llevaba de instinto posesivo, así como su madre también lo hacía. — Bueno esa fue una charla muy larga, pero voy a enojarme si no haces tú tarea, ve por tus cuadernos. Alex asintió antes de ir en busca de sus cuadernos y Blanca desapareció por la puerta de la cocina. — Gracias Avery. Bella quedó estupefacta no solo por el agradecimiento sino también por lo vulnerable que había sonado su voz, tanto que ni siquiera le importó que lo llamara por su nombre de pila. — ¿Por qué...? Pero sus palabras murieron cuando Kyrian tomó su mano y depositó un suave beso en su palma que la puso a temblar. Había sido un gesto tan íntimo y sorpresivo que tuvo que tragar grueso para no soltar un gemido que la delatara. — Por darme al niño más maravilloso del mundo, te prometo que siempre voy a protegerlos a ambos. La convicción en sus ojos hizo que no dudara en lo absoluto de sus palabras e inevitablemente sus ojos se pusieron vidriosos, con rapidez se apartó de Kyrian y agradeció a Dios que Alex ya hubiera llegado con sus útiles. —Déjame ayudarle ¿Si? Aquello la desconcertó de cierta manera, esa misma mañana casi la había obligado a comer con él poniéndose todo exigente y gruñón entonces ahora le preguntaba si podía ayudar a su hijo. Bella sonrió levemente y asintió. — ¿Qué es lo que tienes que hacer Alex? A Kyrian le costaba demasiado tener que llamar Alex al pequeño rubio cuando moría por llamarlo hijo. —Un dibujo de mi familia. — ¿Ah sí? ¿Y a quienes dibujarás? —preguntó él masoquista pese a que de sobra sabía la respuesta, él no figuraba en ningún lado, pero se encargaría de que eso no fuera así en lo absoluto. —A mami, a mi tía Blanca y a Lance. Kyrian frunció el ceño por dos cosas, la primera porque su círculo familiar estuviera reducido, si su pequeño Alex conociera a su familia paterna no cabría en la página toda su familia y en segundo lugar, pero más importante y frustrante, la mención de un hombre. De inmediato los chispeantes ojos de él buscaron a la madre de su hijo para encontrarse que su bella mujer estaba completamente roja. Kyrian contuvo las ganas de maldecir delante de su hijo. ¡¿Quién era ese maldito bastardo y porque Avery estaba tan sonrojada?! — ¿Quién es Lance Alex? —preguntó al niño no obstante sus ojos no se despegaban de ella. — El novio de mi tía Blanca. Soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo aliviado. Bueno, no voy a tener que matar a nadie por estar con mi mujer. La pregunta era ¿Por qué Avery se había sonrojado tanto cuando Alex lo había mencionado? Seguía sin fiarse, no le gustaba nada ese Lance entonces sin importarle si Bella se enojaba por su intromisión le preguntó lo que tanto quería saber mediante un susurro que su hijo no pudo escuchar. —Blanca ha terminado con Lance y no sabemos cómo decirle a Alex, lo quiere mucho, es al único hombre al que ha visto cercano a nosotros. Kyrian asintió entendiendo sin embargo los celos de padre seguían allí. Cuando Alex terminó su tarea Blanca los llamó a comer, al hacer la oración Kyrian volvió a alzar la mirada y se quedó embelesado por un momento, tener a Avery y a Alex tan cerca era lo que más había querido, pero sabía que aún no los tenía por completo, aunque aquello no era un impedimento, pronto los tendría en su casa donde pertenecían y estaría al fin con su familia. Una vez que la cena terminó Blanca se despidió de él para volver a la cocina mientras que Bella y Alex lo acompañaron a la puerta. — ¿Vendrás otra vez mañana? —preguntó un entusiasmado Alex. El corazón de Kyrian dio un salto y él se acuclilló para ponerse a su altura y sonreírle cuando se moría por estrecharlo en sus brazos. —Te lo prometo. Alex le sonrió para después mirar a su madre e irse con su tía a la cocina dejándolos solos. —Que niño más listo que tenemos, ha dejado a sus padres solos para que puedan despedirse como Dios manda —dijo él con voz ronca ocasionando que Bella se sonrojara por su picardía. —Él no hizo eso, tiene cuatro años —replicó ella enseguida. —Por eso digo que es muy listo. Antes que ella pudiera protestar por la mente retorcida de Kyrian este la besó sin previo aviso dejándola sin aliento por el conglomerado de emociones que la hizo sentir aquello, ¿Qué tenía Kyrian que la hacía sentir de esa manera? Esa era la pregunta que más se hacía después de conocerlo. Tan plena. Tan suya. Sin vacilar ella le echó los brazos al cuello y lo besó con alevosía infinita, aunque tratara de negárselo, quería a ese hombre, lo deseaba como nunca había deseado a otro. La cordura la golpeó otra vez. Estaba besando a un hombre en la puerta de su casa a expensas de que su hijo la viera. Horrorizada dio un paso atrás abandonando su magnífica boca. No es cualquier hombre, es el padre de mi hijo. Y lo sabía, pero... Cuando Kyrian abrió los ojos Bella pudo ver el febril deseo en ellos y estuvo a punto de ceder pero se negó a ello. —Debes irte —se apresuró a decir. —Debemos hablar sobre Alex, esta noche. Nuevamente volvía a ser el cabrón mandón que no soportaba. A punto de gritarle que recordara que tenía que trabajar Kyrian se metió en su auto y no esperó respuesta alguna. Entonces gruñó y se adentró a su casa otra vez. — ¡Oh Dios, ese hombre es más caliente que el infierno mismo Avery! —No me digas así. — ¡Y está loco por ti, se nota! ¡Qué suerte! —siguió ella como si Bella no hubiera dicho nada. Bella se giró a verla como si se hubiera vuelto loca. — ¡¿Perdiste la cabeza?! Quiere engatusarme para quitarme a Alex. —No, esa mirada no se finge, está muerto por ti —canturreó divertida. —Definitivamente perdiste la cabeza. Se fue a su habitación, tenía que bañarse y regresar a la realidad. Su vida no era un cuento de hadas donde había príncipes que la salvaran de las cuotas, aunque si existieran las brujas malvadas que querían acabar con sus trabajos, pensó en Tracey y Camila ¿Qué demonios hacía pensando en ese montón de tonterías? Ahí supo que su hermana estaba contagiándole la locura.
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