El amanecer llegó demasiado pronto y no lo suficientemente rápido. Alejandro se despertó antes de que el primer rayo de sol tocara el horizonte, arrancado del sueño por una urgencia que no podía nombrar pero que sentía en cada fibra de su ser. A su lado, June todavía dormía, su respiración suave y regular, su cabello plateado esparcido sobre la almohada como hilos de luz de luna atrapados en tela. Se permitió un momento para observarla. Solo un momento. Para memorizar la forma en que sus pestañas descansaban contra sus mejillas, la curva de sus labios ligeramente entreabiertos, la paz que suavizaba las líneas de preocupación que habían marcado su rostro durante semanas. Porque después de hoy, nada volvería a ser igual. El espíritu del dragón se agitó en su interior, consciente de sus p

