En camino a Merio.

1248 Palabras
Al llegar a la central de autobuses, Felicia ya dormía en los brazos de Sophie. Revisó cuánto dinero tenía y sólo le alcanzaba para el boleto y una cena para una persona, su cara de angustia se notaba. En su bello rostro se notaba las ligeras marcas moradas de las bofetadas que recibió antes, miraba con atención las salidas de los autobuses y decidió comprar el más lejano. —Un boleto para Merio, por favor. —¿Ida y vuelta? —Solo ida. —A nombre de quién. Sin dudarlo dijo el nombre de la única persona que la había cuidado toda su vida, su abuela materna. —Paulin Bert. La pequeña Felicia despertaba, balbuceaba con sus palabras cortas y poco entendibles. —Mamá, comer. —Vamos a comprarte algo. Tenía una hora antes de que el autobús partiera. Llegó a un pequeño local y compró una tarta y un poco de leche. La mujer que atendía era joven apenas pasaba de los treinta, vió el rostro de Sophie y suponía que estaba escapando de su agresor. —¿Tu comerás algo? —¡No tengo hambre, gracias! Sonrió y se alejó, quince minutos después regresó con una bandeja, sándwich, café, pan y un poco de fruta. —¡Come! —¡No, no tengo..! —Descuida, come. Sophie comió hasta terminar todo, sabía que el poco dinero que le quedaba se quedaría en ese lugar para pagar la cena. Al regresar a la cocina la mujer pidió le prepararán comida para llevar, sandwich, fruta, jugos y fruta. —¿Cuánto es? —Nada, y toma ésto. Que tengan buen viaje. —¿¡Pero!? —Sin peros, ve o te dejará el autobús a Merio. —¿Cómo sabes? —Una vez, yo hice lo mismo, tomar el autobús al lugar más lejano A Sophie se le llenaron los ojos de lágrimas, en esta ocasión de agradecimiento, tomó la bolsa de papel y le dió un abrazo a la mujer. —¡Gracias! Sophie y Felicia salieron del local en camino a abordar el autobús, desde la puerta del pequeño local la mujer sonreía con los ojos iluminados. —Ahora tu tendrás que pagar toda esa comida. —No importa, sabes lo que hubiera dado porque alguien me ayudara cuando yo escapé. —¿Cómo sabes que escapa? —Esos golpes en el rostro y su mirada triste y sin esperanza, fueron la mía hace diez años. Sophie abordó el autobús casi vacío, muy pocas personas viajaban a Merio en autobús, eran más de 20 horas en carretera, un viaje bastante cansado. *—Al menos iremos cómodas Felicia, sólo somos siete personas en el autobús. Una vez sentada en su lugar y el autobús se puso en marcha, con un suspiro tomó su teléfono y comenzó a escribir un correo al bufete de abogados Benson. Explicó que daba terminada la realización de prácticas, no quería afectar moralmente a las personas que habían confiado en ella. Envió un mensaje a Eleazar para despedirse, a Charles para agradecer que la mantuvo empleada, al ver todos los mensajes y llamadas perdidas de Peter decidió enviar un mensaje para despedirse de él. *Eleazar, gracias por todo lo que hiciste por Felicia, la bebé y conmigo. Fuiste un excelente amigo pero creo ya es momento de no darte más problemas, no quiero que estés involucrado y salgas perjudicado. Te quiero mucho, se feliz. Algún día me pondré en contacto contigo. *Charles, hoy pasé a tu restaurante para despedirme, mi madre realizó una campaña de desprestigio y funcionó, no me puedo quedarme y dañar a tu negocio. Gracias por el tiempo que me diste empleo, gracias por ser un buen amigo. Con cariño, Sophie. *¡Hola Peter! Gracias por toda la ayuda que me brindaste, es momento de despedirnos, siempre te recordaré. Al enviar los mensajes sacó la tarjeta de su teléfono y la guardó en su bolsillo, llegando a la primera zona de descanso la arrojaría al basurero. *—¡Hasta aquí llegó mi vida! Ahora comenzaré una nueva contigo Felicia. Acariciaba el cabello de la pequeña mientras ella dormía recostada en el sillón. Peter recibió el mensaje, abrió los ojos con sorpresa y al intentar responder fue imposible. *—¡Señorita, responda! No huya. El señor debe saberlo, no importa si me despide. Nervioso pero decidido, Peter, entró a la oficina de Alexander. —¡Señor! —¿Que sucede, Peter? —La señorita Cleiton, no puedo localizarla y... —No vuelvas a hablarme de ella. —Señor, no sé que pasó entre ustedes, pero la señorita es inocente de cualquier acusación, mientras yo cuide de ella jamás se comportó de una manera cuestionable. —Peter, haz trabajado conmigo por varios años, eres mi asistente a quien le confiaría hasta mi vida, pero en esta ocasión te pediré que no te entrometas. —¡Lo entiendo! No volveré a mencionar a la señorita, sólo espero no se arrepienta de como la trató. Peter salió de la oficina cerrando los puños, algo estaba mal y quería descubrir que era, pero Alexander le ponía las cosas difíciles. Comenzó a infiltrarse en las cámaras de seguridad de la universidad, encontró los videos de como fue intimidada ese día, sintió pesar por la indefensa chica. *—Sabía que alguien estaba detrás de todo, esa mujer es nefasta. Peter estaba guardando los videos pero hubo un fallo, la pantalla se oscureció sin más. Los videos habían sido eliminados de la base de datos. *—¡Mierda! ¿Ahora como compruebo ante el Duque? Kassandra Antón es la causante y no tengo dudas. Alexander caminaba por la oficina pensando en las palabras de Peter, con la mirada perdida y sus manos en los bolsillos peleaba con sus voces internas. *—¿Que está pasando realmente? ¡Sophie! ¿Eres culpable o inocente? —Vamos a casa Peter. Peter conducía, su rostro era serio, no mostraba ninguna reacción sólo se dedicaba a conducir. —Iremos a la universidad. —Entendido, señor. Al llegar a la universidad, se detuvieron fuera del edificio estudiantil, Alexander veía por la ventanilla dudando si bajar o no. —Vamos a casa Peter, no tenemos nada que hacer aquí. Peter asintió y encendió el vehículo, estaba apunto de arrancar cuando Eleazar salió del edificio con el teléfono en la mano totalmente desesperado. Alexander abrió la puerta y bajó tan rápido como pudo seguido por Peter, quien sintió que algo no andaba bien. —¿Que haces aquí? Eleazar le gritó furioso a Alexander, se acercó y lo empujó sin más. —Vienes a ver si Sophie ya se fue, pues te tengo noticias, lo lograste Sophie no está, desapareció y todo es tu culpa. —¿Qué? —Eres un miserable Alexander Norvig, no me importa que seas un Duque. Después de terminar esas palabras, Eleazar soltó un fuerte puñetazo en el hermoso rostro de Alexander, Peter sonrió al verlo tropezar con sus propios pies. —¡Tu...! Tu eres la causa de las tragedias de Sophie. Se abalanzó sobre él y continuó golpeándolo sin piedad, repitiendo una y otra vez que era un desgraciado, Peter sonrió y después de un par de golpes sostuvo a Eleazar, después de todo su trabajo era proteger al Duque. —¡Basta! Trate de comportarse señor. —El lo merece, merece cada golpe. —¿Que tiene Sophie? —Ve a verlo por ti mismo, yo no tengo porque decirlo.
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