«Cuando llegamos al hotel había solo una habitación reservada, me tocó compartirla con él, a pesar de que no éramos un matrimonio real yo estaba nerviosa, pues era mi primera noche fuera del país y sobre todo con un hombre que hace poco había conocido. Caray, que no podía creer que me había casado, y eso era algo que estaba descartado de mis pensamientos, pues yo tenía grandes sueños como era convertirme en una gran doctora como lo fue mi madre, y para lograr aquello debía dejar de comprometer al corazón. —Si quieres puedo solicitar otra habitación. —No, no es necesario. Podemos compartirla, además, no quiero quedarme sola. —Ok, entonces la compartimos. Ingresé yo primero al baño, encontré un jacuzzi lleno de rosas con un aroma a canela, rápidamente me deshice de la ropa y me metí en

