«No quería que la noche terminara, no quería que esto que estábamos viviendo solo quedara en aquella noche, tenía miedo de despertar al día siguiente y que él ya no fuera dulce y protector como lo estaba siendo ahora. Nunca en mi vida me había sentido tan protegida, ni siquiera de mi propio padre, lo que él llamaba proteger para mí era una cárcel. Cada segundo, minuto, hora que pasaba al lado de Emir, más se intensificaba los latidos de mi corazón, sentí temor de las sensaciones que me estaba provocando la dulzura, calidez, ternura con la que me trataba, aquellas eran cosas que ni imaginaba experimentar, pero aquí estaba, enamorándome cada minuto más de mi esposo. No sé en qué hora salimos de la disco y mucho menos como llegamos a casa, solo sé que amanecí en la cama sin mi zapatos pue

