AUTOR. —Estás bajo mi cuidado, niña. Aquí hay reglas y vas a cumplirlas—, la encaró. Ahora que su tío no estaba, menos su padre, él, era el jefe de la familia y quién viviera en su casa debía acatar sus órdenes —Si vas a vivir en mí casa debes obedecerme. —No quiero vivir en tu miserable casa, no quiero ni si quiera casarme contigo. —¿Y tú crees que yo si?, aunque no lo quieras aceptar, soy lo único que te queda y por tal razón vas a obedecerme, o crees que pasear a esta hora de la noche en la ciudad es como hacerlo en tu pueblo, pues no, aquí es muy diferente, y estás bajo mi responsabilidad—, la retó con la mirada —Ve a tú habitación, mañana hablamos—, demandó. Amira subió las gradas replicando en un idioma que Edson conocía perfectamente. Soltó el aire por la boca y se dirigió a su

