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PRIMERA PARTE
El Magnate alemán
Nicole
La noche había caído en Los Ángeles y el club en el que me encontraba ya estaba atestado de gente, inclúso podía apostar lo que fuera a que en la entrada aún había una larga cola de personas impacientes por entrar al lugar tan exclusívo. Para mi suerte contaba con pases especiales así que ese no había sido mi problema.
No podía quedarme mucho tiempo, de hecho, ni siquiera debería haber estado allí en primer lugar, pero era joven y quería divertirme, aún cuando otros me decían que no podía. Que se jodieran ellos, mi vida aún no le pertenecía a nadie. Aunque, en realidad, ni siquiera sabía si alguna vez me había pertenecido a mí misma.
Aunque no pudiera beber porque al día siguiente tenía planeada una sesión fotográfica por mi representante en la ciudad, y más adelante una pasarela, no lo sentía necesario. El ambiente, las personas bailando, disfrutando, y la música del lugar eran suficientes para que aquella energía se me metiera en el cuerpo y me hiciera olvidar por un momento de mi triste realidad. Me sentía una más entre la multitud. Ojalá pudiera perderme así más frecuentemente.
Y no regresar.
¿Saben esa sensación que tienes cuando sabes que alguien te está observando fijamente? Pues yo la estaba teniendo desde hacia varios minutos mientras bailaba, y pude comprobar que no era solo mi imaginación cuando mis ojos dieron con los de otra persona, nuestras miradas conectando, porque él ya me estaba observando, desde lejos, no entre la multitud sino desde uno de los sofás en la zona vip.
El aliento se me cortó de repente, porque aún a esa distancia podía distinguir lo atractivo que era aquél hombre. Cabello oscuro, mandíbula perfilada y algo sensual en su mirada depredadora, algo penetrante que dió justo en mi pecho, intensificando aquellas emociones eufóricas que navegaban por mis venas.
Sentí el suave empujón de una persona seguido de una risita femenina acompañada de un Disculpa, aunque ni siquiera la miré había interrumpido aquella conexión con el desconocido. Aclaré mi garganta, sintiendola repentinamente seca y de pronto el calor de los cuerpos a mi alrededor comenzaron a sofocarme obligandome a atravesar aquél mar de gente para ir en busca del baño.
No fué difícil encontrarlo a pesar de la multitud y la oscuridad que había en aquella zona en específico, siendo alumbrada brevemente por las luces parpadeantes de la pista de baile. El baño estaba desierto cuando ingresé y abrí el grifo, mojandome las manos y llevandolas a mi cuello, mi piel estaba caliente y agradeció internamente la frescura del agua. Cerré el grifo y sequé mis manos. Me dí un último vistazo en el espejo y me dije a mí misma que ya era hora de marcharme. Y eso iba a hacer, cuando al cruzar la puerta mi cuerpo chocó contra un pecho firme, al alzar la mirada me encontré con aquella mirada penetrante.
Las palabras murieron en mi boca y más aún cuando me dí cuenta que su mano estaba en mi cintura, algo me arrasó internamente cuando su mirada descendió a mi boca y relamí mis labios en un acto inconsciente. Y entonces imité su gesto, su boca se veía tan apetecible. Una vocecita en mi mente me decía Es un error, Nicole, largate de una maldita vez. Pero la otra, la voz del deseo que había despertado en mi interior me pedía que no lo dejara ir. Nadie lo sabrá jamás, es un desconocído que no volverás a ver... ya te encuentras aquí, ¿vas a detenerte ahora?
Entonces su mano ascendió directo a mi espalda, pegandome más a él, dejando su tentadora boca a centímetros de la mía en un gesto que fué claro, una invitación a que yo hiciera el próximo movimento... y fué lo necesario para mandarlo todo al carajo.
Nuestras bocas impactaron casi al mismo tiempo, su sabor era delicioso, fresco, y se lengua se movía con seguridad, era demandante y... joder, me fascinó. Avanzó haciendome retroceder y cuando mi espalda empujó la puerta supe que habíamos vuelto a ingresar al baño, entonces escuché el pestillo y supe que él no tenía ningúna intención en detenerse en aquél beso y la expectación solo me puso más ansiosa.
Jadée ante la facilidad con la que me levantó, sentandome sobre el lavado de mármol que se sintió helado en contraste con mi cuerpo caliente. Mis manos dieron con su cinturón y lo sentí sonreír contra mi boca ante aquél gesto.
Desabroché su pantalón y cuando deslicé mi mano dentro de su ropa interior jadée al sentir lo duro que estaba, pude sentir como gruñó ante aquél contacto, demostrandome que estaba igual de listo que yo. Mi vestido se había subido pero aún llevaba las bragas puestas, la tela húmeda por mi excitación.
Él se separó solo lo suficiente mientras sus fuertes manos separaban mis piernas y me acercaban más al borde, haciendo que aferrara mis manos a sus anchos hombros, sus dedos corrieron mis bragas a un lado y mordí mi labio inferior cuando la punta de su m*****o se posó en mi entrada, pero de nada sirvió mi gesto, porque se hundió en mi de una sola estocada, arrebatandome un grito de puro placer. Una sensación de alivio me invadió al sentir como su ancho m*****o me llenaba tan placenteramente, que en todo lo que podía pensar era... más.
Aquello solo fué el inicio del huracán de placer que me arrasó totalmente, núnca me había sentido así antes, o mejor dicho, núnca me habían hecho sentir así. Aunque bueno, solo lo había hecho dos veces en mi adolescencia, antes de que mi destino se sellara y un acto como ese, sobretodo con un extraño, se volviera totalmente prohibido para mí. Supongo que eso lo volvía aún más excitante.
Sus dedos se aferraron con firmeza a mi cadera para sostenerse mientras comenzaba a embestirme con brutalidad, en un ritmo exquisitamente placentero, logrando con cada estocada llegar cada vez más y más profundo, haciendome sentir que podía perder la cabeza en medio de toda esa faena.
Los minutos pasaron y el sudor comenzaba a descender por mi espalda, nuestras respiraciones comenzaron a volverse caóticas ante el esfuerzo, pero estaba cada vez más cerca y nada me importaba más que poder llegar a mi anhelado éxtasis. Ni siquiera que nos encontraramos en un lugar público en el que en cualquier momento alguien quisiera entrar... eso solo me impulsó más a conseguir mi objetivo. No existía forma alguna en el mundo en que yo me detuviera en ese instante.
Y él tampoco.
Su boca reclamó la mía con fiereza y por la forma en que sus movimientos se aceleraron supe que él también estaba tan cerca como yo. Entonces pasó, el orgasmo explotó en mi sexo y en todo mi cuerpo, en mi vientre, en mi pecho hasta la punta de mis pies, arrasó con cada fibra de mi ser, quitandome todas las fuerzas mientras se mantenía con las últimas estocadas duras del desconocído, mientras él se corría en mi interior.
Fueron solo unos segundos los que nos quedamos en silencio, recuperando el aliento, luego él se alejó y me bajé del lavado sintiendo mis piernas débiles, aún me veía atrapada en las secuelas de tal orgasmo mientras, como podía, me acomodaba las bragas hechas un desastre y trataba de alizar mi vestido arrugado, él hacía lo mismo.
Lavé mis manos y al verme en el espejo casi ni me reconocí, mis mejillas estaban ardiendo y mi cabello era un desastre, mi piel estaba cubierta de sudor y mis ojos tenían cierto brillo especial. Pasé mis manos húmedas por mi cuello, sabiendo perfectamente que lo primero que haría sería darme una ducha, inclúso si me quedaba dormida en la tina. Cerré el grifo yendo a secarme las manos, viendo por el rabillo del ojo como él se arremangaba la camisa para hacer lo mismo.
Me sentía tan agotada que apoyé mi cadera en el lavado un minuto, con la mirada perdida en algun punto en el suelo mientras mi mente volaba a lo que acababa de hacer. Entonces me dí cuenta de un error fatal... nos habíamos olvidado del preservativo.
Maldición, pensé. Estaba tomando mis pastillas anticonceptivas pero ese era el menor de mis problemas, yo a ese tipo no lo conocía de nada.
Cerré mis ojos un instante, tomando el valor para sacarme la duda, —¿Tu estás...? —mi voz salió algo débil y aclaré mi garganta, mirándolo—, ¿estás...?
Joder. ¿Por qué eso me resultaba vergonzoso? Si acababa de follarmelo sin siquiera saber su maldito nombre.
—¿Limpio? —terminó por mí con algo de diversión en su rostro al notar mi incomodidad—. Claro, ¿y tu?
En cuanto habló su voz profunda y masculina dejó en evidencia su acento, si no me equivocaba era alemán. No me extrañaba, esa voz era perfecta para ese hombre tan... condenadamente atractivo.
—Por supuesto —respondí yo de inmediato.
Su sonrísa se ensanchó al notar lo ligeramente ofendida que me sentí, pero él no sabía que era el segundo hombre con el que había estado en toda mi vida, —Tú preguntaste primero, yo debería sentirme ofendido.
—Porque yo no hago estas cosas... núnca.
—Hasta ahora —agregó avanzando hacia mí, ubicando sus manos sobre el lavado, a cada lado de mi cadera, inclinandose a mi altura y robandome un beso que no pude evitar responderle.
Cuando nos alejamos aparté la mirada de la suya, rascandome la nuca con algo de nerviosismo, luego de la euforia que me había llevado a follarme al desconocido, esa valentía se había desvanecido y toda su aura masculina y poderosa comenzaba a hacerme sentir pequeña.
—Ya debo irme.
Él no dijo nada, solo se alejó y abrió la puerta dejandome salir a mi primera, ¿qué debía hacer? ¿despedirme? ¿preguntarle su nombre por cortesía? ¿acaso eso cambiaría algo? Dejé de darle vueltas en mi mente mientras me alejaba en la dirección contraria, inclúso me vi tentada a volverme hacia él una última vez, pero era una idea tonta, la ignoré y solo seguí mi camino lejos de aquél hombre que creí no volvería a ver jamás.