12 Megan —Nunca. Rápidamente levanté la vista y vi la oscura mirada penetrante que coincidía con el seco tono de esa palabra. Mi corazón dio un brinco. ¿Nunca se los quitaría? —¿Nunca? Entonces se acercó a mí y acunó suavemente mi rostro en su enorme palma. —¿Por qué querría quitármelos, Megan? Son una señal de que me reclamaste, lo único que muestra a los demás que te pertenezco. Tranquilizan y aseguran a la bestia que mi pareja es real, que está cerca y que es mía. Sin ellos, me siento desnudo y solo. No soy nada. Solo otro soldado adormecido esperando que la muerte me halle en el campo de batalla. Sin ellos, mi bestia se desesperará y se volverá salvaje, salvaje y vacía. La soledad se extenderá dentro de mí como una enfermedad hasta que el fuego de ese dolor sea todo lo que vea y

