—¿Engendrar? No soy un animal. Dorian sonreía y tomó mi mano. Seth hizo un guiño. Sentía su felicidad fluyendo por los collares y me di cuenta de que no iban en serio. Finalmente llegamos a nuestras recámaras y la puerta se cerró tras nosotros, crucé los brazos y zapateé con un pie. Esperando. —Más vale que sea bueno. —Antes habíamos hablado sobre un bebé —inició Seth. Fue hasta el broche de su funda y la abrió—. Diablos, hemos estado tan adentro en tu coño que ya podrías estar embarazada. Mis paredes se hinchaban al pensarlo. Demonios. No había estado pensando en bebés ni nada más las primeras veces en que estuvimos juntos, aunque siempre era una posibilidad. Pero tampoco había pensado que estaría en el espacio, en una operación, arriesgando mi vida nuevamente. Una jinete de escrito

