Epílogo Seth, diecinueve meses después Había sido un largo y cansador día. La misión me había sacado de la cama. Los llamados constantes eran lo que más me enfadaba. Me gustaba tener a Chloe presionada contra mi abdomen, como dos cucharillas en un cajón. Mis brazos se balanceaban hacia ella; mis palmas se posicionaban perfectamente para poder rodear sus pechos. Era la misma posición en que siempre dormíamos, a menos que Dorian la tomara primero. Entonces él estaba de espaldas y prácticamente tenía a Chloe puesta en su lado. Ella podía dormir de cualquier forma; estaba acostumbrada a que sus compañeros necesitaran tocarla y abrazarla constantemente. A menudo la despertaba al deslizar mi polla en ese dulce coño por atrás, follándola lentamente hasta que se despertase con un orgasmo
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