Seguía ahí jugando con su lengua en mi coño, se puso de pie y pensé que había acabado mi tortura, me eché hacía atrás pegando mi cuerpo al espaldar de la cama tapando mi cuerpo como podía con mis manos, sacó algo de su bolsillo lo que creí era un preservativo, destapó la esquina del empaque con su boca y lo puso en la cama, quito su pantalón para luego quitar su ropa interior, todas las alarmas se encendieron en mi y me tiré por u lateral de la cama, como siempre no tuve éxitos. Carlos me agarro por la cintura antes de llegar al baño y volvió a llevarme a la cama.
—Deja de intentar escapar de mi cariño. Lo único que conseguirás es que te haga daño — susurró cerca de mi oído, besaba mi cuello otra ves pero con más intensidad, volvió a descender sus labios hasta mi parte íntima. Tomó el sobre que había dejado anteriormente en una esquina de la cama y tiró el contenido de este cerca de mi parte íntima, con sus dedos regó el líquido por toda mi extremidad, volvió a meter su lengua ahí, pero esta vez introdujo un dedo en mi para luego meter otro.
Metía y sacaba ambos dedos mientras jugaba con su lengua, se sentía más extraño todavía, mi parte íntima estaba suave y lubricada, pero eso no quería decir que me gustaba lo que el estaba haciendo con mi cuerpo.
— Ya basta— repetía una y otra vez. — Basta— mis súplicas eran para nada, el no iba a parar hasta terminar lo que empezó. Carlos dejó de t******r mi v****a, se acercó a mi pasando su lengua por mi mejilla como si estuviera comiendo paleta y tenía ganas de vomitar. Se puso de pie en frente de la cama e Introdujo su m*****o sacando gemidos de dolor de mi parte, mientras el jadeaba de placer, sus movimientos empezaron suave y después fueron subiendo de intensidad.
— Te romperé en dos — decía mientras me penetraba bien fuerte, tanto que me sacaba el aire de mis pulmones.
— Para... para.— pedí y paró por unos microsegundos.
— Esto es para que aprendas a obedecerme— me embistió fuerte y sentí como algo se quebró dentro de mí —Por estar con ese chico— otra embestida — Por no entender que me perteneces — otra embestida mas fuerte y, sentía que me iba a desmayar.— Te voy a enseñar quien soy— volvió a penetrarme con mucha fuerza un y otra vez.
Me volteó boca abajo y subió mi pelvis dejándome de rodillas en la cama. Mi coño estaba bien expuesto a él, lo lamió y lo escupió para lubricarlo y nuevamente meter su m*****o con sus embestidas fuertes y salvajes, una y otra vez , se sostenía de mis caderas y tenía el control total de mí. Duró unos minutos más que para mi fueron una eternidad hasta que llegó al c****x y mi tortura ha terminado.
Nunca dejé de llorar de suplicarle que parara, me quería morir en estos momentos, me dolía mucho mi parte íntima. No quiero esto para mí, no entiendo porque el hace esto conmigo ¿Qué le hice para que me trate como si fuera una cualquiera? ¿Por qué me lastima de tal manera? ¿Por qué abusa de mi tan salvajemente? Eran muchas preguntas sin repuesta alguna.
Desperté sudada con el corazón acelerado por una pesadilla que más bien fue un recuerdo horrible. Miré a mi lado y no estaba, miré la hora en el reloj de mano y marcaba las 6:55 am, me puse de pie y fui hasta el baño para darme una ducha, a noche no lo hice porque de tanto llorar me quede dormida.
Me vestí con mi uniforme de secretaria, peine mi cabello en una media cola y salí sin hacer ningún tipo de ruido. Me debatía entre sí ir a a buscar a rous pero no era buena idea, mi físico no tenía buen aspecto. Salí al estacionamiento y no estaba la jeepeta de Carlos ¿Será que no está arriba?. No iba a averiguar eso así que seguí mi camino hacia el hospital.
— Buenos días — saludé sin ánimos a los pocos pacientes que habían. Entre al consultorio y el doctor ya estaba aquí.
— Buenos dí... ohh, reventón anoche?— preguntó.
— No!! Ya quisiera yo— dije con una sonrisa apagada.
—¿Estás bien? ¿Te sientes enferma?— negué a u última pregunta y salí a hacer mi trabajo. Mi aspecto mejoró un poco con el pasar del día, ya no me veía tan demacrada. Salí del trabajo y compré un teléfono nuevo, llegué a mi casa a descansar un poco antes de irme a la prepa y no había rastro de el gracias a Dios. Me acosté y puse una alarma que sonaba en hora y media.
El timbre de la casa sonaba una y otra vez, lo escuchaba lejos, estaba en un sueño tan profundo que me debatía entre sí despertar o no. Seguí escuchando el timbre hasta que desperté y efectivamente no era un sueño, con pereza me puse de pie y fui a ver quien interrumpía mi sueño.
— Abby!— gritó haciendo que me doliera la cabeza.
— Maldición Rous! Por qué gritas?— pregunté aun soñolienta.
— Mira la hora que es— puso la pantalla de su teléfono literalmente en mi cara y el reloj marcaba las 5:45. Abrí mis ojos sorprendida y ahí fue cundo desperté.
—Maldición!! Pero si puse una alarma a las 5 en punto— dije caminando hasta mi habitación.
— Abby tú sabes que no eres buena escuchando alarmas — rió y es cierto, tengo que poner 3 alarmas repetidas para poder escucharlas. Me lave la cara ya que no me dará tiempo a bañarme y puse mi uniforme escolar que consistía en un jeans, unos tenis y el suéter de la prepa, tomé un abrigo y lo entré en mi mochila. Tomamos el auto bus y llegamos justo a tiempo.
— Abby— me llamó mi amiga mientras íbamos caminando. Me tomo del brazo y freno nuestra caminata — Te pasa algo?— mire a Rous y sabía que tenía que contarle pero no tenía valor.
— No— mentí.
— ¿Por qué me mientes? Se que algo te pasa, se que estuviste llorando porque tus ojos están medios hinchados y tú corte de cabello repentino no es algo normal, además, venías toda distraída en el camino y tú no eres así. Dime qué te pasa— dijo y ya estaba con los ojos cristalizados. La pendeja me conocía muy bien.
— Ahora no puedo decirte. Rous no te lo tomes a mal, yo... — no pude contenerme y abracé a mi amiga, lloré disimuladamente para que los demás al rededor no vean el espectáculo.
— Abby soy tú amiga, que amiga... soy tu hermana. Sea lo que sea buscaremos una solución— negué separándome de ella.
— Mi problema no tiene solución, al menos no por ahora, no se que hacer Rous— nos sentamos en una banca lejos de personas que puedan escucharnos. Me tome de valor, suspire unas 10 veces y —Me violaron— dije.
—!¿Qué?!— le tomó solo unos segundos para que ella empezara a llorar también. — Pero ¿Quién? ¿Cuándo Abby?— preguntó más que preocupada.
—Rous no puedes decir nada, de ti dependería mi vida — dije yo también preocupada y algo desesperada, quería y no quería decirle nada, no quería involucrarla en esto.
— ¿Te tienen amenazada?— asentí
—Abby cariño — mi amiga me abrazó unos segundos buscando consolarme.
— Fue horrible Rous, yo no se como lidiar con esto. No se como seguir con mi vida normal, quiero morirme — las lágrimas no dejaban de caer mientras hablaba.
— ¿Quién?— preguntó. Sabía que se refería a quien abusó de mi pero no podía darle un nombre.
— No puedo... lo siento pero no puedo decirte. No quiero poner tu vida en riesgo, no se a lo que me estoy afrontando como para meterte en esto— ella me miraba con lástima, preocupación emanaba en su mirada.
— Está bien... pero Abby tienes que buscar ayuda — negué rotundamente.
— La policía trabaja para esta persona, no puedo mencionar su nombre — ella lleva una mano a su boca sin poder creer todo lo que acabo de decir.
— ¡Dios mío!— estaba pasmada con la noticia.
—Abby, Rous — limpie las lágrimas rápidamente al ver a Óscar. —Están bien?— preguntó al notar que ambas estábamos llorando.
—Si! Solo nos pusimos sentimental por recordar viejos tiempos— dijo Rous salvándonos de las preguntas. Óscar lo creyó y sonrió tierno.
— ¿Entramos? ¿O quieren seguir recordando sus viejos tiempos?— reímos al unísono. Y entramos a clases.
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Abrí la puerta de mi casa y me lleve una gran sorpresa mi hermano estaba sentado en el sofá viendo una película, al verme entrar sonrió y yo corrí a abrazarlo.
— Estás aquí — dije llorando de felicidad.
— Yo también te extrañé — se burló de mi lloriqueo de niña pequeña.
— Promete que no me dejarás sola otra vez— pedí mirándolo y asintió.
— Oye y este nuevo look? Te pareces a mamá — dijo acariciando mi cabello. — Abby, dejaré la vida que llevaba, no quiero estar en problemas otra vez, no quiero dejarte sola, tampoco puedo decirte lo que pasó ni donde estaba y voy a buscar un trabajo decente— sonreí, al escuchar eso me dio un alivio de paz increíble.
— No sabes lo que me alegra escuchar eso Dani, dejemos el pasado atrás, lo importante es que empezaras una nueva vida— asintió sonriendo, al menso algo bueno está pasando.