Capitulo 5. Sufrimiento

1799 Palabras
Subió mi vestido hasta mis caderas y rompió mi ropa interior en un va y ven, ni siquiera me dio tiempo a detenerlo. — Carlos suéltame— pedí llorando. Sabía las intenciones de él por lo que debía impedirlo. — Te demostraré de lo que soy capaz de hacer— negué una y otra vez, pataleaba y mandaba golpes con mi manos al aire, pero nada de eso funcionó. Carlos tomó mis manos en una de las suyas y con la otra abrió mis muslos dejando mi parte íntima al d*********o totalmente, escuché cuando bajo el cierre de su pantalón y fue como una alarma para mí. — Carlos por favor no, por favor no hagas esto... yo no ... no he estado con nadie por favor—suplicaba desesperada. — Lo se mi amor por eso te trataré bien— negué frenéticamente. Mojó su m*****o con saliva y lo puso en mi parte sobando la punta sobre mi, estaba muy asustada lloraba sin parar y le suplicaba que no lo hiciera. Poco a poco fue entrando su m*****o y dolía como el demonio, agarró mis manos por encima de mi cabeza para tener una mejor posición y fue entrando el resto de su m*****o. Mi espalda se arqueaba del dolor, me retorcía como gusano, pero no podía impedir que metiera su m*****o en mi. —Me duele... por favor... para— mis palabras apenas salían entendible, sentía la garganta seca y no tenía fuerzas para gritar. Siguió haciendo movimiento de entra y saca y cada vez identificó más sus movimientos causándome más daño. Me dolía mucho, cada embestida dolía más que la anterior. Carlos estaba disfrutando lo que hacía, se notaba en su cara y en sus gemidos de placer. Dejo de penetrarme y pensé que había acabado mi tortura, pero no, el me volteo como si nada dejándome boca abajo abrió mis piernas y volvió a penetrarme una y otra y otra vez hasta que llegó al clímax. Me quedé en la misma posición llorando mientras que el se tumbó a mi lado. — Es hora de irnos— dijo después de unos minutos. Me puse de pie y baje el vestido que aun seguía en mis caderas, caminé a lo que supuse era el baño y afectivamente lo era. Lave mi cara, las lágrimas no paraban de salir y al verme en el espejo volví a llorar en silencio, sentía como mi pecho se consumía por contener el llanto. Me senté en el inodoro y mi parte íntima ardió cuando oriné, limpie con papel higiénico y había sangre lo que indica que ya no soy Virgen. — Sal de ahí — me asusté al escuchar los topes en la puerta volví a lavar mi cara y salí del baño, Carlos me estaba esperando en la puerta para irnos. . . . — ¿Tienes hambre?— no contesté y el siguió conduciendo. Llegamos hasta mi casa y subí los escalones como pude, pues me dolía todo. — Abby — Alia mi vecina chismosa estaba saliendo de su apartamento. — Hola Alia— quise disimular lo más que pude mi aspecto de recién violada. —¿Estás bien?— preguntó curiosa. — Si— Carlos abrió la puerta y ambos entramos dejando a mi vecina con dudas. Me miró sin ninguna expresión, quería gritarle y golpearle pero no tenía ganas ni fuerzas para tal acción, baje la mirada y caminé hasta mi habitación, entré al baño a darme una ducha, quería quitar todo rastro de él de mi cuerpo. Estuve duchándome por mas de media hora ya no tenía lágrimas en los ojos y mis dedos estaban como pasas. Salí del baño poniéndome una pijama larga, seque con una toalla mi pelo mojado y Carlos entro a mi habitación sin tocar. — La cena está en la mesa. — dijo. —No tengo hambre — respondí sin mirarlo. — Camina— ordenó y salí detrás de él, en la mesa había sushis y pizza's mi dos comidas favoritas pero no tenía ganas de comer, me senté y serví un poco de sushi, no quería que el se enojase. — Tomate esto— me pasó una pastilla anticonceptiva del día después, la tomé sin decir ni poner pretextos, de hecho se lo agradecía, no quiero salir embarazada de él. — ¿Puedo retirarme?— pregunté luego de comer un poco. — No has comido casi nada, pero está bien, te alcanzo más tarde.— escuchar eso no fue de mi agrado, eso significa que dormirá en mi cama. Me tumbe en la cama y pensaba ¿cómo diablos voy a salir de este problema? ¿Qué tengo que hacer para que Carlos me deje en paz? Y mi hermano? ¿En qué está metido? Tengo algo claro y es que no puedo ir con la policía, ellos trabajan para Carlos y su b***a. A cabo de ser violada y es algo que no le d***o a ninguna mujer. Las lágrimas volvieron a aparecer y las limpiaba mediante salían de mis ojos, sorbía la nariz cada 3 segundos. Sentí la puerta abrirse y me hice la dormida. —Se que no estás durmiendo — dijo acostándose detrás de mí —Desde hoy serás mi mujer Abby, quiero que me obedezcas en todo porque no quiero hacerte daño, puedo perder la paciencia muy rápido y mis reacciones no son para nada buenas— lloré asustada en silencio. No dije nada, pero el sabía que había escuchado su amenaza. . . . Desperté con un horrible dolor de cabeza, casi no dormí en toda la noche. El no está a mi lado, me levanté a tomar agua y algún calmante para calmar el dolor. En la mesa había desayuno servido pero no había rastro de el, me senté y dudosa comí del desayuno que consistía en frutas, y wafles con jugo de naranja natural. Me di una ducha y salí a dar una vuelta por la plaza cerca de la colonia, quería estar sola y pensar claramente que voy a hacer para salir del fango en el que estoy. Me senté en una mesa cerca del ventanal de una biblioteca que tiene cafetería, me tomé un café express, comí comida chatarra, tomé soda y jugo y claro! leí un libro completo. Eran las 4 de la tarde y me sorprendí llevaba aquí unas 7 horas. Me despedí luego de pagar mi cuenta y salí en busca de un taxi. —Abby— miré detrás se mi y estaba Oscar un compañero clases. —Hola Óscar — saludé amable. —¿Vas a tu casa?— asentí —Vamos yo te llevo — acepté su propuesta. Me subí a su coche e instalamos una conversación muy amistosa hasta llegar a mi casa. —Gracias por traerme Óscar — me despedí de mi amigo con un besó y un corto abrazo. Salí del coche y justo delante de mi en la entrada del complejo de apartamentos estaba el observando detalladamente con sumo enojo el coche que se alejaba. —Sube— ordenó, tenía la impresión de que no me iría bien. Entramos y rápidamente me agarró del brazo haciéndome daño. — ¿Quién era él?— preguntó. — Es un compañero de la secundaria— respondí sin mirarle. — Y donde m****a estabas con tu amiguito?— esta vez lo mire algo asustada, presiento que el piensa cosas que no son. — Estaba en la plaza cerca de aquí, estaba por tomar un taxi cuando me lo encontré en la calle y se ofreció a traerme— su mirada me indicaba que no estaba creyendo en mis palabras, me soltó de golpe y se rió algo sarcástico, pasó sus manos por si cabello algo frustrado indicándome que estaba perdiendo la paciencia. — Saliste de aquí bien temprano y mira la hora que es— dijo enojado. — Perdí la noción del tiempo.— susurré asustada. Carlos se acercó a mí tomando mi mentón haciendo que lo mirara. — Y yo he perdido la puta paciencia, tú no eres una mujer libre, no puedes andar por ahí como sin nada, no puedes salir de esta casa sin antes consultarlo conmigo y no puedes hablar, besar ni a abrazar a nadie que yo no conozca.— mientras me iba gritando iba caminando haciendo que yo también caminara de espalda, me sostuve de su mano en mi mandíbula para no caerme. — Carlos — me soltó del mentón para tomar mi corto cabello en su mano derecha y hacerme caminar más rápido hacia mi habitación. —¿Estuviste con el? Te acostaste con él Abigail?— negué. —No! te juro que no estaba con él ni con nadie más — me apresuré a decir. —Carlos puedes ir a la biblioteca en la que estaba a investigar si estuve ahí toda la tarde— ni siquiera se por que me molestó a buscar mi inocencia si el no creerá en mis palabras. — Si! Lo haré. Ahora... quiero que te quites esa maldita ropa— me alarme enseguida y negué con lágrimas en los ojos. Carlos sabía que no iba a hacer tal acción así que, me tiro a la cama inmovilizándome y el mismo se deshizo de mi ropa que consistía en una leggings y un suéter ancho, aún no sé como me quitó la ropa tan rápido y sin dificultad a pesar de todos mis intentos fallidos de intentar que no lo hiciera. Yo Estaba solo en ropa interior, mientras que carlos solo se había quitado su suéter. — Por favor...— pedí en llantos. No quería que abusara de mi otra vez. — Por favor Carlos no lo hagas, no otra vez— volví a insistir en súplicas. — Lo haré las veces que yo quiera porque eres mía Abby — negué con mi cabeza, el aprovecho lo frágil y vulnerable que estaba y despojo mi ropa interior dejándome totalmente desnuda antes sus ojos que brillaban de placer. Beso mi cuello y sus besos fueron descendiendo hasta mis senos, las lágrimas en mis ojos nublaban mi vista y no tenía fuerzas para luchar con el. Lo único que quería era que el terminara con su tortura lo más rápido posible. — No... basta— Sus besos fueron bajando aún más hasta llegar a mi parte íntima, me daba asco de tan solo sentir su boca cerca de mi sexo, con manos temblorosas intenté alejarlo de mi, pero fue imposible. El sostuvo mis manos al lado de mis caderas y lamió mi parte íntima, el asco y la vergüenza que sentía en ese momento era incomparable. —Por...favor... detente— gritaba. El siguió en lo suyo besaba y lamía mi v****a disfrutando de ella mientras a mi me daba más asco su toque.
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