Sigue la fiesta

1755 Palabras
“Es muy extraño como sentimos cosas que nos hacen luchar con nosotros mismos, fatídicamente pareciera al hablar de la locura estuviera hablando de un vals que me llevará a la muerte, pero no, inevitablemente… bueno, no sé, pero… que manera tan grandiosa de morir. Este sentimiento debe ser el verdadero germen de la muerte, no tengo duda de eso, y me encanta...” “¡Beatriz! … ¡¡Beatriz…!!” — ¡Hey… niña! — ¡¿Qué?! ¡¿Qué?! — vuelve Beatriz a la realidad bruscamente. —Preciosa… te quedaste en otro planeta, ¿Qué piensas? —Nada. — sumida en ensoñación por los ojos de Andrés. —Te comentaba que…— La ve perpleja sumida en su sueño. — Bueno, no importa. Se ven a los ojos mutuamente, perdidos por completo, él sabiendo lo mal que estaba impulsar lo que sentía teniendo novia y sin tener la aprobación de su familia, y ella tratando de jugar con el poco equilibrio que le quedaba, sin saberlo tentando realmente a la muerte. — Oye, sabes… tienes unos ojos muy… Beatriz está tan nerviosa que piensa que desmallará, su rostro terso y moreno brillaba a la luz de la luna más hermosa del año. Los músicos tocan un vals muy lento. Andrés sostiene lentamente de las manos a Beatriz, quien de pronto se da cuenta que Andrés tiembla. Aquella noche estrellada tiene la luna más grande y ultima del año. — Estoy muy nerviosa. — yo también. Andrés y Beatriz retoman sus miradas. Beatriz no logra pronunciar una palabra, pero es evidente que lo que necesita gritar de inmediato es “cuanto te extrañé, te amo”. Hasta que por fin logra articular… — Te… am…— Andrés la calla con el beso más suave y sutil tomándola de la forma más delicada que puede de la cintura. Beatriz aplasta los ojos, sorprendida y de inmediato se pierde mágicamente en sus labios cálidos. Trata de no desmallar. Ella está a punto de caer cuando Andrés la sostiene de brazos y la soporta en su pecho. Beatriz ensimismada lo abraza y se le salen las lágrimas. — Con gesto de ternura, pregunta Andrés. — ¿Por qué?... — Casi susurrando. Beatriz lo sostiene más fuerte. En medio del balcón en una luz tenue de casi media noche en juego con la luna y el vals, estaba Emma con una prima que la acompañaba, viéndolos. — La destruiré, ya verás. ¡Él es mío! — Yo no lo veo así. Beatriz y Andrés quedan viéndose con sus pupilas dilatadas, las pupilas más dilatadas que pudieran tener en el mundo alguien. Se ven uno al otro fijamente a los ojos. — Wao… tienes las pupilas tan dilatadas que te llegan al iris. — ¿De verdad? — Si. — Sonriendo. — Te extrañe mucho. — Yo más. Mientras tanto a escondidas y vigilando en la habitación contigua, una vista no muy conveniente para Emma: — Ya sé que haré. — ¡¿Qué harás?! — Toma su bolso. Mira aquí tengo su celular, la muy tonta dejó su cartera tirada. — ¿Qué vas hacer? — Nada… solo mira.— Marca el celular de Beatriz. Llama a la mamá de Beatriz: — Buenas noches, sí. ¿hablo con la mamá de Beatriz?... — Sí. — responde la bocina del celular. — Disculpe, señora. Cumplo el deber de informarle con la lamentable noticia que su hija ha tenido un accidente, muy grave; pues si, muy grave pues resulta que su hija es tan puta que ahora mismo está desvistiéndose en el cuarto con el dueño de la casa— Cuelga el celular. — Ay, si eres mala— Reprocha la amiga de Emma. — Para que aprenda, ahora llévale su bolso. En el balcón de la terraza… — Disculpa, ¿Beatriz? Bueno, creo que estaba sonando tu celular. — le entrega el bolso. — Ay, gracias — Dice Beatriz. Rim… Rim… ¡Rim!!! — Disculpa Andrés, contestaré. — Ok. En el celular: — Mira, niña… ¿Dónde estás tú? Y ¿Qué haces a esta hora en la calle? Está conversación penosa de la madre de Beatriz solo deja ver las ansias que tiene Beatriz de escaparse y no estar cerca de su madre, Andrés escucha pacientemente mientras Beatriz está muy apenada, los gritos de la madre de Beatriz eran tan fuertes que le deja entumecidos los oídos. Mileya queda inconforme. Emma se ríe fuertemente desde lejos. — ¿Hablamos mañana mamá? — Será hoy… ya son las doce. — Dice Andrés. — Shh… — Le reprocha a callando a Andrés. — ¿Quién es él? — Responde Mileya en el teléfono. — ¡Mi amigo!... En esta discusión pasan alrededor de cinco minutos. La mamá de Andrés se acerca hablar con Emma: — No te rías mucho… — Ay… Señora, discúlpeme… — Tratando de ocultar la sonrisa. — Uhm… es mejor que te alejes. Él no te quiere. — Lo sé señora… — Ahora no se ríe. — Deberías ir por tu camino, por respeto a ti misma. Emma se queda pensativa. La noche más hermosa y la última luna del año, parece que tratan de volver el encuentro más encantador que se halla podido esperar. La música cesa, el único sonido que se oye son las pacientes voces enamoradas y risas de Beatriz y Andrés. Un sonido de un pequeño grillo en el jardín recordaba el sonido del silencio como si fuera hora de salir corriendo del lugar, pero no porque fuera tarde sino porque los enamorados debían acomodarse apaciblemente en su destino. — “¡Hay!... Dios, ¿qué voy hacer? Los invitados ya se van ¿Qué voy hacer? ¿Me voy? Y si me pasa algo por allí… Le tengo mucho miedo a la calle a estas horas… ¡no! Yo mejor me quedo… Andrés se ve cansadísimo. Seguro no es problema. Además él es respetuoso. Hay…— Lo ve de lejos— Se ve tan lindo. Sí, le diré que me quedaré, es muy tarde. Además se ve de una buena familia, no me dejarán afuera…” — Piensa Beatriz muy adentro de ella. Mientras Beatriz apenada ve disimuladamente a Andrés, no puede dejar de sentir miedo. Se cuestiona a gritos interiormente mientras Andrés está en la otra esquina: — “¿Por qué me verá tan raro?... ¿Qué será lo que realmente quiere Beatriz de mí?... Es tan linda… Me muero de sueño…”— Piensa internamente Andrés. Ya son las doce AM de la madrugada. Ha sido la fiesta más sobria de todas, los invitados se marchan decepcionados, pareciera una marcha fúnebre donde las ganas de salir corriendo de allí es su mayor consuelo; pero, no por a hora, sino, porque es mejor salir de aquella fiesta tan larga en todo caso. Salen todos los invitados, y cuando terminan de salir los últimos invitados vestidos de n***o: — Que fiesta tan buena…— En un tono de sarcasmos más que de ironía. — ¿Esto iba a durar toda la noche? — ¡Cállate! — Jajaja…! Pero nos divertimos. — Chao. — El treinta y uno tenemos otra fiesta…—Dice Andrés. — ¡No se te olvide invitarme! — ¿No que era una mala fiesta? — Susurrando — ¡Na! Mentira… — Invítanos. — Cuídate mucho hermano. Estaban susurrando cosas la mamá de Andrés, sus hermanos y la esposa del hermano de Andrés. — Disculpe, Señora… — Interrumpe Beatriz. — Si, querida. — Nada, Señora… me preguntaba si podía quedarme. — Claro, está bien… Quería hablarte de algo. — Sí. Llega Andrés precipitadamente y rompe la conversación. — Ven Beatriz… Tengo algo que contarte… La madre de Andrés se retira. Andrés y Beatriz están frente a frente. Beatriz hace un gesto de expectativa pero Andrés solo la ve, entonces Beatriz pregunta: — ¿Qué me ibas a decir? — Ah… que eres muy linda… — Gracias. — Responde Beatriz. La madre de Andrés quien escuchaba de lejos, toma Andrés del brazo y lo arrastra hasta el otro extremo. — ¡¿Qué?!, mamá… estoy muy cansado… — Andrés, ella no me gusta para ti. No vayas a dejar a Laura. — Ay… No sé mamá estoy muy cansado, déjame descansar. — Ok. Andrés, dando tumbos y manteniéndose difícilmente de pie, entra apresuradamente a su cuarto y se arrastra hasta la cama y cae fundido en sueño al apenas tocarla. Beatriz al quedarse en la sala con la familia de Andrés corre rápidamente tras él, pero cierra la puerta y ella queda afuera. Toca la puerta: ¡TAH… TAH… TAH…!! — ¡Andrés… Andrés… Andrés!!! — Al parecer se quedó dormido— Dice la novia del hermano de Andrés. — Ha fallecido, ese no lo levanta nadie. — Bueno, tendrás que dormir en la terraza. — Dice la mamá de Andrés. — ¡¿Qué?! — Se queja preocupada la pobre Beatriz. Beatriz se abalanza con premura a la puerta de Andrés, como queriendo derribarla. Toca lo más fuerte que puede. ¡TAH!!! ¡TAH!!! ¡TAH!!! Andrés abre de un jalón la puerta. Casi cae Beatriz. —ah! — A Beatriz se le ponen los ojos como platos de luna nuevamente. — ¡Pasa! —Le dice gritándole, ya esto era mucho. Beatriz entra llorosa al cuarto. Se percata que la oscuridad es tenue, el rayo de luz que entra desde la ventana dejaba ver en tinieblas sus rostros y la soledad entre ella y Andrés, cosa que a Beatriz le producía mucho miedo. Se ven a los ojos. Andrés está que muere del sueño, toma lentamente las mejillas de Beatriz, sin que ella pueda hacer nada, y le plasma el beso más dulce y suave que pueda existir en la frente. Ambos a punto de desmallar se encuentran frente a las dos camas donde dormirán. — ¿Dónde quieres dormir? — No sé…— algo embobada todavía por el beso, pero impaciente por dormir. — Dime… — ¿Dormir? — Sí, claro — Andrés no entiende su pregunta, así que la agarra bruscamente de las manos de la forma más suave que puede y luego pasa rápidamente sus manos a sus mejillas de nuevo. — Eres la mujer más preciosa que he visto en toda mi vida, me quedaría despierto toda la noche contigo; pero no, no puedo, además estoy muerto de sueño. Así que perdóname. — Se voltea hacia las camas de nuevo. Beatriz se queda perpleja. — Bueno, está bien, duerme allá.
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