El chico de lindos ojos y moral cuestionable

1737 Palabras
–¿Dices que no tengo otra opción sin siquiera explicarme en qué demonios andan metidos que deben entregarme en bandeja de plata al primer hombre rico que pidió mi mano? – gritó Emma completamente enfurecida. –¿Crees que es fácil para nosotros? – le preguntó su padre, también levantando el tono de su voz. –Si no lo es, ¿Por qué lo hacen? – dijo Emma encarándolo. –¡Porque si no lo haces ese joven nos llevara a la quiebra! – gritó su madre, quien ya no soportaba más la presión de la discusión.  –¡Para de hablar! – le exigió su esposo inmediatamente. –¿Por qué dices que ese tal Christian nos llevara a la quiebra si no acepto ser su esposa? – le preguntó Emma a su madre.  –Tu padre y él se metieron en negocios turbios juntos. – respondió Elizabeth. –¡Te dije que pararas de hablar! – le dijo amenazante el señor Collins a su esposa. –Es mejor que lo sepa. – respondió Elizabeth, y continuó diciendo: – Ese joven tiene pruebas suficientes para mandar a tu padre a la cárcel por el resto de su vida.  –Pero, ¿Por qué pidió mi mano? ¿Qué tengo que ver yo con todo esto? – preguntó sorprendida y confundida por todo lo que acababa de descubrir. –No lo sabemos. – le dijo su padre mientras se recostaba. – Lo siento tanto pequeña mía. Soy tu padre, debería protegerte.  –No es tu culpa. – afirmó ella. – Quizás en parte, por hacer negocios ilegales, e implicarte con personas de moral cuestionable, pero, aun así, sé que la idea de incomodarme o de que yo resultaría perjudicada jamás cruzó por tu cabeza. –¿Lo harás? – le preguntó su madre después de unos tensos minutos de silencio.  –Aceptaré el compromiso. – dijo Emma mientras se ponía de pie y recorría la habitación. – Lo aceptaré, pero no me casaré con él. –¿Qué quieres decir? – preguntó el padre mientras se ponía de pie.  –Quiero decir, que aprovechare nuestro acercamiento para encontrar las evidencias que guarda en tu contra. – contestó ella con firmeza. –Christian es un hombre muy inteligente, hija mía. – le advirtió su padre. – Si de verdad piensas hacer esto, debes ser muy cuidadosa.  –Tranquilo, lo seré. – afirmó la chica, y luego caminó rumbo a su habitación, sin decir ninguna palabra más.  Una vez hubo cerrado con llave la puerta de su dormitorio, lloró y lloró hasta que sus ojos se hubiesen secado. Se maldecía a si misma por verse atrapada dentro de este sinsentido causado por sus padres, y luchaba por mantener su cabeza fría con la intensión de idear un plan que la llevara a obtener los resultados esperados. Caminó hasta el baño, y tras desnudarse, se metió a la bañera. Se sumergió en el agua caliente por unos segundos, y, al salir, la expresión en su rostro había cambiado por completo. Bajo el agua había encontrado toda la claridad que necesitaba, quizás, porque respirar le nublaba los sentidos. Con solo limitar la entrada de dioxígeno a sus pulmones, Emma entendió, que algo como esto, era justamente lo que necesitaba en su vida. Finalmente, tenía un propósito, un motivo para levantarse en las mañanas, y, una razón por la que luchar. Al parecer, el señor Christian Thompson, en vez de una molestia a erradicar, se convertiría en un objetivo que cumplir. Con esta nueva idea en la mente, y envuelta en su toalla, bajó corriendo las escaleras para pedirle a sus padres que lo invitaran esa misma noche, y así conocerlo. Pero, enorme fue su sorpresa al descubrir en su salón, sentado junto a su padre, al hombre más atractivo que jamás había visto en su vida.  –¡Emma! – exclamó su padre al verla en esas condiciones. –Lo siento, lo siento. – respondió ella apenada. –¡Tú, cúbrete los ojos! – le ordenó el señor Collins al joven que se encontraba a su lado. El joven, aturdido y sonriente ante la inusual situación, rápidamente obedeció al señor Collins y cubrió su rostro, pero sin parar de sonreír. –¡Volveré en unos segundos! – exclamó la chica mientras corría de vuelta a su habitación.  Al llegar, se encerró nuevamente y se sentó en el suelo, maldiciéndose por actuar de forma tan inoportuna. “–¿Sera el?” – pensó en silencio unos segundos después.  –No, imposible. – dijo en alta voz. – Un hombre como el, jamás exigiría la mano de una mujer en matrimonio, después del todo, puede tener a la chica que desee. Una vez calmada, y debido a la inmensa curiosidad que el visitante de su padre despertaba en ella, decidió vestirse y arreglarse, para bajar a saludar de forma apropiada.  Se puso un vestido n***o, ajustado al cuerpo con unos zapatos de tacón cuadrado no muy altos, ya que buscaba un look casual, pero a la vez elegante, como si necesitara demostrarle al joven en su salón que ella era una mujer de clase. Pintó sus labios de un tono rosado y claro, y se puso la colonia Daisies, pues, tenía la intención de que el chico siempre recordara su aroma. –Hola, otra vez. – dijo al regresar. – Me disculpo por mi comportamiento de hace unos segundos, aunque creí que no había nadie más en casa a excepción de mis padres, nunca debí salir en esas condiciones.  –Empecemos de nuevo. – dijo el chico mientras se ponía de pie y estiraba su mano derecha para saludarla. –Soy Emma, Emma Collins. – dijo la chica aceptando cordialmente el saludo del chico. –Encantado de conocerte finalmente Emma, tus padres me han hablado muchísimo de ti. – dijo el chico justo antes de presentarse. – Mi nombre es Christian Thompson, soy socio de tu padre desde hace algunos años. Al escuchar este nombre, Emma retiró su mano del apretón con rapidez. Se sentía perdida y confundida. Definitivamente no tenía frente a sus ojos al futuro esposo por conveniencia que había imaginado.  –Pensé que eras mayor. – dijo para distraerlo de la forma en que le retiró la mano. –Yo pensé que eras más seria. – respondió Christian en tono jocoso. Emma dejó escapar una sonrisa tras el último comentario del chico, pero su rostro cambió en cuanto el agregó: –Ves Erick, y tu dudabas del compromiso.  –Quizás debería dejarlos solos para que se conozcan un poco. – dijo Erick, el padre de Emma mientras se ponía de pie.  –Me parece buena idea. – secundó Christian mientras se ponía de pie para despedir al padre de la chica. Una vez Erick se hubo retirado, Christian la invitó a sentarse a su lado. Ella accedió, pero permaneció en silencio. Se sentía nerviosa, y por más que lo intentaba las palabras no salían de su boca.  –Asi que, negocios. – le dijo Christian. – A mí también me hubiese gustado asistir a la universidad. –¿Por qué no lo hiciste? – preguntó ella casi que tartamudeando.   –Creo que la universidad es para aquellos que están perdidos, o aún no están listos para luchar por lo que quieren, y necesitan detener su futuro. Esperar no es para mí. –Eso es lo más estúpido que he escuchado jamás. – respondió ella en un derroche de sinceridad. –¿Quién tiene su propia compañía y quien se encuentra en medio de un año sabático porque no sabe lo que quiere hacer con su vida? – le preguntó Christian poniendo cara de sabelotodo. Emma se quedó, para variar, sin habla. Christian tenía razón. El atractivo y a la vez odioso hombre de las cavernas que prácticamente la estaba comprando, tenía razón.  –¿Te has quedado sin habla? – le dijo Christian casi que en burla. – Pensé que eras más interesante. –Sin embargo, tú, me has sorprendido. – respondió ella. – Pensaba que un hombre que tuviese que llegar a un acuerdo con su socio para poder contraer matrimonio carecía de ciertas cualidades, que aparentemente desbordas.  –¿Qué tipo de cualidades? – preguntó el, mientras se acercaba un poco a ella. –Físicamente no das asco. – respondió Emma, quien, aunque moría por decirle cuan atractivo era, sucumbió a su orgullo y disfrazó con desprecio lo innegable. –Asi que físicamente no doy asco. – repitió Christian entre risas. – Y, ¿Qué más?  –Pareces alguien inteligente, y centrado. – continuó la chica. – Aunque con la autoestima demasiado alta para mi gusto. –¿Tu gusto? – preguntó el, acercándose un poco más. – ¿Y cuál es tu gusto?  –Definitivamente no un hombre que, aunque físicamente no da asco, posee una alta autoestima y moral cuestionable. – respondió ella. –¿Por qué crees que mi moral es cuestionable? – preguntó Christian cada vez más interesado en ella. –Solo un hombre con esas cualidades sería capaz de forzar a una mujer que no conoce a desposarlo. – contestó finalmente Emma. –Entonces, ¿Por qué aceptaría esa mujer? – preguntó nuevamente el. –Porque su moral es igual de cuestionable. – respondió ella mientras se reclinaba en su asiento al notar el gran dilema en que se había metido.  Tras escuchar su respuesta, Christian se echó a reír, y le dijo: –Dicho lo dicho, y al ver que accedes al casamiento, me gustaría fijar una fecha para formalizar nuestro compromiso. Emma abrió los ojos ante la propuesta de Christian, pero antes de que pudiese decir algo, este continuó: –El próximo sábado me parece fenomenal.  Justo en ese momento el señor Collins regresaba al salón y escuchó la proposición del chico. –Creo que mi hija estaría encantada. – dijo antes de que la chica respondiera, por miedo a que dijese un disparate. –Entonces, nos vemos el sábado en mi casa. – respondió Christian mientras se ponía de pie y estiraba su mano para despedirse del señor Collins. –Asi será. – respondió Erick. –Un gusto conocerte, Emma Collins. – le dijo Christian mientras besaba su mano. –Ojalá pudiese decir lo mismo. – respondió ella, mientras se apoyaba en el hombro de su padre y observaba alejarse de la entrada principal, a su futuro esposo.
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