Las cosas para Lina finalmente habían comenzado a mejorar. Se encontraba a punto de graduarse, y recién había reunido el dinero para comprar una cámara mejor. En tan solo un par de años seria libre, libre de sus trabajos de medio tiempo, libre de Redwood, libre del dolor que le causaba vivir en la misma ciudad de su padre y que este no le prestara atención, y libre, de una vida, que jamás eligió vivir.
Su abuela, la señora Smith, la había criado para ser una mujer de bien. Desde que la recuperó del orfanato, y la sostuvo por primera vez en sus brazos, la colmó de amor, y trabajo incansablemente para que nunca le faltase nada.
Si bien era cierto, que aquel encuentro de Lina, con la que pudiese ser su hermana perdida, había condicionado a su abuela a mudarse de su ciudad natal y a buscar a la chica extraviada incansablemente, la señora Smith jamás permitió que su nieta se sintiera triste o sola debido a la ausencia de sus padres.
–No sé qué sería de mi sin ti. – le dijo una noche Lina mientras se recostaba en su regazo como solía hacer de pequeña.
–No digas bobadas. – respondió la abuela. – Soy yo quien no sabría que sería de mi vida sin ti. Quizás fui yo quien te rescató del orfanato, pero fuiste tú quien me devolvió las ganas de vivir.
–Cada noche, cuando cierro los ojos, justo antes de dormir, me gusta imaginar mi vida perfecta, lo que desearía vivir en el futuro. – le dijo Lina. – Me veo a mi misma viajando, y conociendo el mundo. Viviendo de la fotografía, con mis propios horarios y tomando mis propias decisiones. Pero luego te recuerdo, recuerdo tú has sido mi hogar todos estos años, y comprendo, que nunca, en ningún lugar del mundo, seré tan feliz como lo soy justo ahora, recostada en tu regazo.
Al escuchar las palabras de su nieta, la señora Smith se echó a llorar, lo que no hacía desde el día que supo de la muerte de la madre de la chica. Y, quizás debido a la conversación que recién habían tenido, decidió que era el momento de contarle a Lina, sobre su hermana perdida.
–Ya no soy la misma mujer que te rescató ese día. – le dijo llenándose de valor. – Mucho en mi ha cambiado desde entonces, y sé que lo has notado. No solo mi piel es mi diferente; también mi fuerza de voluntad, y la fuerza de mis manos se han debilitado. No viviré por muchos años más, al menos no los suficientes para verte realizar todos sueños y cumplir tus metas, pero si me gustaría vivir para verte abrazar a tu hermana.
–¿Mi hermana? – preguntó Lina a la par que se ponía de pie. – ¿De qué hablas? ¿Cómo que una hermana?
–No llegue a tiempo al orfanato. – dijo la señora Smith entre lágrimas. – Si hubiese notado antes que algo andaba mal, si me hubiese preocupado antes por tus padres, entonces tu hubieses podido crecer junto a tu hermana, y quizás, también junto a tu madre.
–No puedes castigarte por la muerte de mi madre. – le dijo Lina, arrodillándose frente a ella y tomando sus manos. – Ni siquiera mi padre tiene la culpa de lo que ocurrió.
–Aun así, no puedo evitar culparme por la forma en que todo sucedió. – respondió la abuela.
–¡Mírame! – le pidió Lina mientras le sujetaba el rostro. – Tu eres la mejor madre, padre y abuela que pude tener. Y le agradezco a dios cada día por permitirme disfrutar de ti un poco más.
–Tu hermana, debes buscar a tu hermana. – insistió la abuela.
–Cierto. – afirmó Lina. – Lo había olvidado.
–Cuando llegue al orfanato ese día, ya era demasiado tarde. – le explicó la abuela. – Intenté convencer a las monjas de que me diesen una pista al menos, una señal o indicación respecto a su paradero o algún dato sobre sus padres adoptivos, pero no lo conseguí. Debí intentarlo, pero al ver como tu padre colocar esa enorme barrera entre ustedes, decidí enfocarme solo en ti, en cuidarte y amarte.
–Con cada palabra me demuestras cada vez más, por que eres la persona más importante de mi vida, abuela. Te amo, te amo de mil maneras diferentes, y te prometo que juntas encontraremos a mi hermana.
–Despues de tu encuentro con ella, pensé que si nos mudábamos a Redwood quizás la encontraría. – le dijo la señora Smith, esta vez mas repuesta de su llanto.
–¿Mi encuentro? – repitió Lina desconcertada.
–Aquella vez, en la excursión de la escuela. – le explicó la abuela. – Estoy segura de que era ella.
–No puedo creer que la haya conocido. – dijo Lina mientras una lagrima corría por su mejilla.
–No estoy completamente segura de que fuese ella, pero, ¿quién más podría parecerse tanto a ti? – respondió la señora Smith.
–¿Nunca le dijiste a papa sobre nuestro encuentro? – le preguntó Lina, en tono curioso.
–Varias veces trate de hacerlo. – respondió la abuela. – Pero el simple hecho de habar de ustedes o su madre, lo pone nervioso. Aun no se ha perdonado, y hasta que no lo haga no será capaz de amarte, o de amarla a ella; ni siquiera será capaz de amarse a sí mismo.
–Desearía poder ayudarlo. – respondió Lina comenzando a llorar nuevamente.
La abuela la abrazó, y para consolarla, comenzó a hablarle sobre todo lo que podrían hacer para encontrar a su hermana perdida. Todo esto sin imaginar que la chica, se encontraba más cerca de ellas de lo que jamás hubiesen logrado pensar.
A solo un par de kilómetros de su apartamento, en la calle Hudson, se encontraba, dentro del perímetro de un barrio privado, la mansión de los Collins. Uno de los lugares más hermosos de Redwood, y quizás de todo el país, donde la joven Emma, sin conocer su pasado y a altas horas de la madrugada, se mantenía despierta debido al tormentoso futuro que le aguardaba.
Sin lograr dormir, no hacía más que dar vueltas en la cama, deseando despertarse en otro cuerpo, en otra cama.