–¡Vámonos de aquí! – exclamó Lina después de ver como su hermana insistía mientras su padre continuaba ignorándolas. –No vine hasta aquí para que me cerrara la puerta en la cara. – le grito Emma, y volvió a tocar el timbre. –Fue muy ingenuo de mi parte venir aquí. – le dijo Lina mientras se recostaba a la pared. – Me ha ignorado por 23 años, no sé por qué pensé que hoy cambiaria mágicamente. –Lo siento mucho, Lina. – dijo Emma después de que finalmente se diese por vencida. – Todo esto es mi culpa, estabas bien como estabas hasta ahora, no pensé que fuese a resultar de este modo. –Honestamente, tampoco yo. – respondió Lina. – Cuando supe que venias aquí, pensé que, si te seguía, y llegábamos juntas, él nos aceptaría. Debí decirte que no valía la pena venir a verlo, que nunca había de

